El idioma de la piel

—¿Lo ves? —¿El qué? —¡Otra vez! —Pero ¿de qué estás hablando? —De mi rizo del cuello. —No entiendo de lo que me hablas y ahora déjame prestar atención al tráfico —dijo Lucas convencido de que Emma estaba loca. Ella calló…

—¿Lo ves? —¿El qué? —¡Otra vez! —Pero ¿de qué estás hablando? —De mi rizo del cuello. —No entiendo de lo que me hablas y ahora déjame prestar atención al tráfico —dijo Lucas convencido de que Emma estaba loca. Ella calló…

El senior de recursos humanos levantó sus ojos del papel y se la quedó mirando. Su currículum era igual que el de muchos otros candidatos al puesto. Mucha experiencia y títulos. Quizá estaba demasiado preparada para una plaza de auxiliar…

A veces se podía pasar las horas contemplando el humidificador en forma de gota, comprado en oferta. Le flipaba la forma en que el vapor salía y se elevaba, con sus círculos dependientes de las corrientes de aire. . «¿Cuánto…

¡Puto viejo! ¿Quién se ha creído que es? ¿De verdad este tipejo es un chamán? En su cabeza se instaló la canción de Canalla mientras sorteaba las piedras de un camino que solo usaban las cabras. Sí, le pegaba mucho…

No sabía dónde estaba al abrir los ojos. Era una habitación de hotel, seguro. Ese techo no era su buhardilla de Lavapiés. En el tiempo que duró su primer bostezo mañanero descubrió tres cosas: estaba sola en la habitación, eran…

En mitad de la noche escuchó, o al menos creyó escuchar, un timbrazo. Se sobresaltó con el silencio roto por la bocina. Se levantó de la cama, sin hacer ruido y, a tientas, buscó algo de abrigo en la silla…

Aparcó en uno de los sitios autorizados y se adentró por el sendero con una pequeña mochila a su espalda y la mente demasiado alborotada. ¿Qué se cuentan los pájaros al cantar? ¿Acaso hablan de la sombra del gavilán que…

Se levantó temprano. Su cuerpo seguía en modo trabajo. Aunque había desactivado la alarma de las siete, los ojos se abrieron de golpe cuando faltaban cinco minutos. El sueño se deslizó en silencio por la puerta antes que él se…

El balcón de doña Amparo, en el número 102, estaba vacío. Era un día gris de invierno en Madrid. El barrio de las Letras enmudecía ante el sonido constante de la lluvia en el cristal. El asesino recogió un papel:…

No, no había sido la mejor idea. Y eso que parecía estupenda cuando cerró el ordenador de la oficina y decidió que, por una vez, no bajaría en ascensor al garaje. El lugar le daban miedo. Sería por el descansillo…