Inspiración

IMG_6957 (1)Llevo unos días con una idea en la cabeza. Una idea de esas que se mete y que por mucho que intentas desterrarla o aplazarla sigue incrustada en la mente, fija, impidiendo que avances. Se repite como si se tratara de un bucle infinito. Así que hoy le he prestado atención, he querido observarla y dejar que los dedos escriban sobre ese pensamiento, sobre las emociones que lleva aparejada. No sé si llegaré a alguna conclusión, pero, si consigo que deje de perseguirme, ya habré conseguido algo. Porque con ideas tan persistentes, es mejor enfrentarlas y aprender, que huir de ellas. Al fin y al cabo, no podemos huir de nosotros mismos, aunque alguno lo intente.

Personas que inspiran

Una de las frases que leí de Kobe Bryant decía más o menos que quería inspirar a los demás a dar lo mejor de ellos mismos. Y por esa frase empecé a recordar a las personas que me han inspirado a mi a seguir mi camino, a buscarlo con todas las fuerzas más allá de los criterios externos. A él, un profesor le dijo que no había nada para él en el baloncesto, que se dedicara a otra cosa. Desde luego, ese profesor sabría muchas cosas pero era un pésimo adivino. Y doy gracias porque Kobe no le hizo caso y siguió esforzándose. A veces es bueno que alguien nos diga que no podemos hacer tal o cual cosa, para descubrir el verdadero valor de nuestros sueños. Si los abandonamos por lo que nos dicen los demás, quizá no eran tan sueños y más bien pesadillas. No se trata de ir lanzando monedas al aire para descubrirlos. O quizá sí. Porque cuando lanzamos una moneda, en el segundo antes de ver el resultado, nuestro corazón nos muestra realmente lo que queremos. Por eso la moneda no es importante, sino mirar a nuestro corazón. Siempre tendremos a nuestro alrededor a personas que nos animan y que nos desaniman. Los dos grupos. ¿A quién escuchar entonces? A tí mismo, a tu corazón. Lanza la moneda, pero sobre todo escucha tu interior. Los grandes cambios de la humanidad vinieron por gente que se negaron a escuchar más allá de su propio criterio. Si eso ocurrió en los grandes cambios, ¿qué no será en los cotidianos? Porque no nos vamos a cruzar por la calle con un gran inspirador como Einstein o Jobs. Los reconocidos tienen siempre los focos de atención sobre ellos. Pero, y esto es más importante todavía, puedes cruzarte con los que lo son sin que lo sepas. ¿A qué me refiero? A que Steve Jobs era Steve Jobs antes de que el mundo le conociera y escuchara. Puede que a lo largo de tu vida te encuentres con grandes personas que te inspiran con su ejemplo y que sean completos desconocidos para los medios. Puede que no cambien el mundo, pero, pueden cambiar tu mundo. Si estás buscando podrás verlos. Y más aún… tú puedes ser uno de ellos para otros. Piénsalo, sin agobios.

Personas que me inspiran a ser yo

Yo tengo a mis personas que me inspiran. Que hacen que me levante cuando caigo en el desánimo. No son famosas a gran escala. Ni falta que les hace. Para mi tienen nombre y apellidos. No andan por mí, no me ahorran ni un ápice de esfuerzo. Algunos de ellos forman parte de los hermanos de tinta. Otros son mis fénix. Hacen que cada día, cuando me pongo ante el teclado para escribir, me exija lo mejor de mí, a tope, y que no pare hasta que no estoy un poco satisfecha. Pienso en lo que pensaran cuando lo lean y al mismo tiempo si me convence a mi. Porque precisamente hacen que ponga el foco en lo que yo puedo hacer, en lo que me merece la pena, en mi propia verdad más allá de la tengan ellos. Hacen que si algo no me convence, lo borre por completo y empiece de nuevo, aunque sea una borrador que estaba acabado.

Algunos me conocen, con otros no he cruzado ni una palabra en persona. Afortunadamente, en este mundo interconectado no es necesario que sean de mi entorno. Me abren oportunidades. Puede que ellos no lo sepan nunca, pero, su legado está en mi futuro, sobre todo en mi presente. Con sus acciones o con sus ideas me inspiran para textos, para mis viajes o para mi propia vida. Nuestras acciones influyen a los que nos rodean. Quizá sería bueno pensarlo, quitar la cara avinagrada y salir a la calle con una sonrisa más sincera, con esa humanidad compartida que anula la soledad existente. Porque no hay nada peor que sentirse solo bajo la losa de un problema. Una soledad ficticia, porque cuando te atreves a abrirte, descubres que ese dolor que sientes, es cercano a otros, ya no es excusivo tuyo, sino que es una experiencia común al ser humano. Por eso las personas que leen pueden sumergirse e identificarse con una historia. Ocurre igual con el teatro, el cine o la música. Conectamos con la gente porque no somos islas en el mar. Lo mismo que me preocupa a mi, preocupa a los demás, aun con diferentes puntos de vista. En el fondo somos mucho más sencillos, aunque nos guste complicarnos.

El legado del futuro

Nuestra autenticidad es lo que vamos a dejar a las generaciones futuras. Y ser auténticos no es ser perfectos. Me atrevería a decir que es lo contrario a la perfección. Hace poco hablaba con mi hijo de las antiguas fotografias y de las actuales. En las antiguas, tenías un carrete de 24 o de 36, lanzabas una y podías tener suerte y que fuera buena tras el revelado, o que estuviera borrosa. Estaba la incertidumbre de hacer las cosas bien o las cosas mal. No se ocultaba, no se podían retocar. Si habías cerrado los ojos, mala suerte, no se podía repetir. En la actualidad, las fotografías digitales se retocan al instante de apretar el botón. Lanzamos a lo loco y nos quedamos con la mejor, borramos al instante las que no valen. Siento decirlo para quien no lo sepa, pero, valen todas, porque todas nos enseñan cosas. Estamos anulando las oportunidades fallidas. No sé si eso es bueno. Porque en la vida real no hay posibilidad de enmendar errores sin cicatrices. Si lanzas el balón a canasta, puedes encestar o fallar. Si no lanzas, es seguro que fallas. No es traumatizar a los niños o adolescentes decírselo. Es mostrar la realidad. Dejar de sobreprotegerles. Tarde o temprano tendrán que enfrentarse con esa verdad. La vida no tiene photoshop para editar lo que no nos gusta. No tiene esa perfección tan irreal, no hay filtros para eliminar los granos, o las molestas sombras. Nos quedamos con los que triunfan, es algo bueno. Mas la primera posición es eso, una posición temporal y efímera. Lo que cuenta es el proceso, el camino para llegar a la meta. Solo uno mismo sabe lo que le cuesta cada paso que da. No se trata de igualar a todos, eso es de mediocres. Se trata de que cada uno sea la mejor versión de si mismo, sin compararse. Donde lleguemos cada uno será un triunfo. Nos evaluamos a nosotros mismos con nuestros sueños. Y se aprende de las puestas de sol perfectas y de los dias de niebla. Nuestro legado para el futuro es precisamente ese cambio de mirada. Sólo podemos hacerlo nosotros. ¿Lo quieres hacer?

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