Martes, 2 de junio de 2026. Antes de entrar en materia con la primera encíclica del Papa León XIV, Magnifica Humanitas, voy a hacer dos aclaraciones: Lo primero es sobre mi ausencia estas semanas de la web. Lo desarrollaré en futuros artículos, porque me he dado cuenta de la importancia de escribir por decisión, no por obligación, sobre todo porque la escritura es una relación. El tiempo de desconexión me ha venido bien, aunque no he hecho lo que esperaba, ni una línea en escritura manual. La segunda aclaración, y como veis no estoy alargándome mucho, es que no soy teóloga y sí, me estoy leyendo la encíclica Magnifica Humanitas, algo que recomiendo a todos los que tengan la oportunidad. ¿Por qué digo esto? Porque no voy a hacer una reflexión profunda de la encíclica, sino a expresar mi opinión, mi punto de vista sobre la materia que trata. Si alguien quiere un comentario en profundidad seguro que ya lo tiene en diferentes fuentes del magisterio de la Iglesia. Aquí estamos a otra cosa, más a pie de calle.
Magnifica Humanitas
Magnífica humanidad. Ya de primeras impresiona en los tiempos que vivimos. Si el siglo XX se caracterizó por la beligerancia, el siglo XXI no le va a la zaga. Y es curioso porque estamos en una época que debería humanizar más que deshumanizar ¿No? Nuestra tecnología ha expandido la capacidad de llegar a la información de manera nunca vista. Hay más conciencia de las grandes problemáticas, o al menos lo parece. Estamos más concienciados del mundo que nos rodea ¿no?
Soy la primera que cuando recorro las calles de mi ciudad a veces siento que hay mucha gente, demasiada. Parece que vivimos en una constante lucha de poder por ocupar nuestro espacio, por vivir nuestros planes. Nos hacinamos en los atascos, en el transporte público, en los sitios turísticos, en terrazas. Os puedo asegurar que cuando estoy en la cola de un museo, de un evento deportivo o de cualquier otro acto, lo último que me viene a la cabeza es «Magnifica Humanitas», magnífica humanidad.
Un ejemplo. En este tiempo de desconexión he estado en Roma. La última vez que fui era el 2000, el Gran Jubileo. Pues os aseguro que con la gente que había en la Ciudad Eterna en esta ocasión, mi recuerdo se quedó pequeño. Grupos de turistas por doquier con sus respectivos guías con palito extensible que se colaban en el espacio personal y en las fotos sin ningún miramiento. Todos los sitios habituales, llenos de gente. Y del olor a humanidad ya ni os hablo. Ahí tampoco diría «Magnifica Humanitas» salvo si fuera masoca. Pienso más bien en una lata de sardinas o lo genial que sería poder usar el Photoshop en la vida real, si alguien se te cuela, lo eliminas del plano y listo. Pero no, hay botones muy prácticos en las apps que en la vida real no están.
La verdadera Magnifica Humanitas
¿Entonces? ¿A qué creo que se refiere el Papa León XIV? A la verdadera dignidad de la persona. Lo que llaman filósofos y teólogos, la dignidad ontológica que no se adquiere, no debe ganarse ni necesita ser demostrada. Es igual para todos los seres humanos, porque el valor de una persona no depende de lo que realiza o produce. Dicho de otro modo, tu dignidad no la marca tu cargo, ni tu sueldo, ni siquiera tu forma de ser. No depende de tus capacidades, de las riquezas, de tu rol en la sociedad o en tu ambiente, ni siquiera de las decisiones que tomes, sean acertadas o equivocadas.
¿Has leído lo que acabo de poner? Te dejo un tiempo para que lo hagas, porque ahí está el meollo de la encíclica, en la custodia de la persona humana. Sí, ya sé que la gente se ha centrado en la Inteligencia Artificial, en esa frase de que hay que desarmarla y otras que han llamado mucho la atención a las lecturas rápidas, como la de Gandalf ;-), pero si no comprendes lo que significa el párrafo anterior, si no sientes que tiene algo que decirte a ti, entonces te estás perdiendo lo más importante. Porque de lo que va la encíclica Magnífica Humanitas es de la persona humana, de su verdadera dignidad. Volver la mirada a la humanidad, en ser lo que realmente somos.
¿Qué te dice de tu Magnifica Humanitas?
Por el hecho de vivir, tienes dignidad, tu humanidad es magnífica. ¿Lo has pensado? Eres magnífico por ser tú, no por lo que aportas a los que te rodean. Eres valioso, lo creas o no. Se dice fácil, pero ¿te imaginas como suena eso en el oído de una persona deprimida cuando su propia mente le dice que no vale para nada? O ¿en el oído de alguien que lleva años en paro? ¿En la mente del joven que no sabe lo que va a hacer de su vida? ¿al que le acaban de despedir? ¿al que le acaban de diagnosticar una enfermedad incurable?
No sé, piensa en esa problemática que tienes en la cabeza y no te dejar dormir. Puedes tener trabajo, salud, dinero, amor y aun así no ver tu magnífica humanidad, no estar satisfecho, porque te has centrado más en lo que no tienes que en lo que tienes, en lo que falta sin valorar lo que eres. Solo desde ese punto de partida, tu dignidad ontológica podemos observar el tiempo y las consecuencias de la inteligencia artificial. ¿Recuerdas las tres grandes preguntas filosóficas? ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Hacia dónde voy? Magnifica Humanitas te llama la atención de la primera. ¿Tú eres tu enfermedad? ¿Tu eres tu cuerpo? ¿Tú eres tu nombre, tu nacionalidad, tu estado civil o tu edad?
El verdadero progreso
Lo sé, son muchas preguntas. Y, aunque hablé de ello en 2010, sigo sin tener claro si alguien tiene respuestas para todas las preguntas que nos formulamos a diario. Quizá, lo importante sea dar respuesta, tu respuesta, a una sola pregunta ¿Quién soy? Porque dependiendo de esa respuesta, tu vida será de un modo u otro, la relación con los demás será diferente y el uso de las herramientas a las que tienes acceso también. En eso sí estoy de acuerdo con la corriente actual de que lo hagas todo por ti mismo, que tú eres el creador de tu suerte y demás frases que seguro que te encuentras en tu día a día. En su vertiente negativa, ese empoderamiento que nos venden puede ser demoledor porque no, no puedes hacerlo todo, hay circunstancias externas que no puedes controlar. No, no tienes el control de tu vida, por mucho que creas que sí. Mejor saberlo antes que te pille el iceberg en tu Titanic particular.
¿Para quién es la Magnifica Humanitas?
El Papa se dirige a todos los católicos. Normal, es el líder de la Iglesia. Pero no se queda ahí, habla para todos los cristianos y para todos los seres humanos de bien. En otras palabras: su mensaje nos interpela a todos. Y lo hace desde una visión muy particular. León XIV tiene una formación humanista muy potente, es agustino y licenciado en matemáticas si no recuerdo mal. No habla desde el balcón, desde una posición elevada, sino que transmite a pie de calle, quiere comunicar y sabe hacerlo. Recuerdo que la lectura de otras encíclicas de otros Papas, era compleja, ardua, difícil. Magnifica Humanitas no es así. Claro que hay una formación y una sabiduría, una experiencia, detrás. Pero comunica. No importa tu nivel cultural, vas a entender los principales puntos si le das la oportunidad de leerla sin que te la cuenten o interpreten otros.
Y voy un paso más allá, Magnifica Humanitas es para ti y ahora, en donde estás, en este momento concreto, en lo que haces, en tu trabajo profesional y en tus relaciones con los demás. Porque la mirada de la dignidad ontológica parte de ti y desde ella observas a los demás. Te devuelve tu dignidad y la de los que te rodean. Es una forma de comportarse diferente. Piénsalo, la sociedad ya no es una masa sino una suma de dignidades. ¿Te cambia la mirada? Las calles ya no son una jungla y los otros un infierno, un obstáculo en tus planes o un recurso para alcanzarlos. No tienes que estar a la defensiva, suelta la crispación y recupera tu paz. Cambias la Torre de Babel, por la ciudad del verdadero rostro de la Humanidad.
¿Y la IA?
La Inteligencia Artificial es una herramienta por lo que en sí misma no es ni buena ni mala. Nadie puede negar que la digitalización, la robótica, la IA, han transformado el mundo en que vivimos. Las predicciones de siglos pasados se han quedado muy lejos de la realidad. Porque la técnica que hemos adquirido en estos años en pos de la autonomía y de la libertad nunca se ha visto en la historia de la humanidad. Con las dos caras de la moneda, como en todo lo humano. La tecnología puede liberar y puede esclavizar.
León XIV nos recuerda y nos llama la atención sobre un detalle que puede pasar desapercibido: En el pasado el poder estaba en los Estados, en las superpotencias. Gobiernos que en algunos casos eran democráticos, tenían que responder ante el pueblo, buscando el bien común. Ese paradigma ha cambiado en la actualidad. El poder actual reside en actores privados, en muchos casos transnacionales, las grandes corporaciones. Esto puede sacrificar la dignidad por la eficiencia. Las grandes corporaciones se mueven por interés y no precisamente general.
La tecnología, aunque herramienta, en este panorama no es neutral y podemos correr el riesgo de tratar a las personas como un simple coste de producción, como un recurso más. Por eso es importante recordar la Magnifica Humanitas, el verdadero valor de la persona. Tenerlo como el punto de partida irrenunciable, es la brújula que marca el camino. La ética de trabajo para la tecnología y las decisiones de Estados y corporaciones. Es un complejo equilibrio, pero si no se tiene en cuenta, y por eso León XIV fija la atención en ello, nuestra sociedad en este cambio de era, marcará un antes y un después. Cada uno debe hacer su parte, como en la historia de la reconstrucción de Jerusalén del profeta Nehemías. Si no conoces la historia, está en los primeros capítulos del libro de Nehemías en el Antiguo Testamento. Te pongo el enlace por si no tienes una Biblia a mano. You’re welcome! 😉
Termino ya, porque quiero volver a la lectura de Magnifica Humanitas. En este inicio de Junio, justo en la mitad de este 2026, te propongo que alces la mirada más allá de tu ombligo y reflexiones sobre la dignidad del ser humano. Si te resuena y te atreves, te leo en comentarios. Que pases una fantástica semana, aunque sea pegado al ventilador y sí, esta semana retomo también los relatos de los viernes.
Cris
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