Martes, 14 de abril de 2026. Lo sé, suena incoherente hablar del arte de soltar lastre: cuando la amistad también tiene fecha de caducidad al tiempo que voy subiendo los artículos antiguos del blog, los cuales tenían más de 4000 comentarios, aunque no pueda reproducirlos por diferentes temas, ya sabéis cosas de la protección de datos y nuevas políticas. Sin embargo, es lo contrario. Me explico: estas semanas estoy siendo muy consciente de la importancia y el arte de soltar lastre sobre todo por lo que estoy haciendo. Porque al subirlos al blog, aunque suene contradictorio, estoy soltándolos.
Estrategias para soltar lastre sin romperse por dentro
¿Qué? Sí, entre ellos hay varios artículos que estaban en mi memoria como algo pendiente, bien porque me acordaba de ellos, bien porque me recordaban a personas. Al “republicarlos” (¿existe la palabra?) acepto los momentos pasados, los agradezco y los dejo ir. Así que, sí, estoy soltando para ser más libre. Es una de las experiencias que, en cambio de planes, no fui consciente. Porque este proceso de volcar el pasado al presente es mi forma de cerrar ciclos para que entre aire fresco. Al integrarlo, y puede que me esté repitiendo, lo agradezco y lo suelto. Cada vez que subo uno es como un acto de reconocimiento a la persona que fui, aunque ya no sea la misma. Diría que fue una terapia escribir esos artículos y es un refuerzo a la autoestima devolverlos a la luz, aunque no sean perfectos. Convierto el duelo en liberación.
En la limpieza de primavera, la que todos hacemos por estas fechas, solemos abrir armarios y tirar lo que ya no nos queda bien, o donarlo si aun está presentable para que otras personas lo puedan utilizar. Pero rara vez nos atrevemos a mirar los huecos que dejan las personas que ya no están. Soltar lastre no es un acto de crueldad, sino de supervivencia emocional. A veces, la mayor forma de respeto hacia lo que fue una amistad es, precisamente, dejar que se termine cuando el hilo ya no da más de sí.
El duelo desautorizado: la muerte de una amistad
A diferencia de una ruptura de pareja, no hay rituales para el fin de una amistad. No hay abogados, ni reparto de bienes, ni una explicación socialmente aceptada. Soltar lastre nos crea una herida de abandono. Es una pérdida que no todos los que nos rodean entienden. Es un duelo que se vive hacia adentro.
- La ruptura por erosión: No siempre hay una traición. A veces es el simple paso del tiempo el que oxida los intereses comunes. Las ilusiones y las motivaciones cambian. Según el sociólogo Zygmunt Bauman vivimos en una «modernidad líquida«, donde los vínculos humanos, antes sólidos y duraderos, se han vuelto precarios y fluidos. Aceptar esta fragilidad no es una derrota, sino una forma de entender cómo nos relacionamos hoy. Nada es para siempre 😉
- El duelo de la identidad: Perder a un amigo de la infancia es perder a un testigo de quién fuimos. Duele porque perdemos una parte de nuestro propio relato. Esta parte siempre me recuerda a una sevillana con la que estoy de acuerdo, a medias. La memoria de nuestra alma se resiente de ese duelo, porque nos aferramos cuando deberíamos liberar.
- La culpa de «soltar lastre»: Sentimos que somos «malas personas» por dejar de sentir afinidad. El compromiso de permanencia en la amistad parece ser un contrato vitalicio que nadie firmó pero que todos cargamos. Las relaciones son algo vivo y puede marchitarse, sin culpa de ninguna parte.
Xavier Guix y la ecología de las relaciones
Xavier Guix, un autor al que ya he citado más de una vez, nos recuerda que las relaciones deben ser ecológicas: deben sostenerse sin agotar nuestros recursos internos.
- Relaciones que restan: Cuando el encuentro con el otro ya no es un refugio, sino un trámite que nos deja vacíos. Leí en algún sitio que son «ladrones de tiempo y de energía». Suena fuerte, lo sé, porque al decirlo podemos plantearnos si en algún momento nosotros lo hemos sido con alguien.
- La distancia necesaria: Poner distancia no es odiar; es reconocer que los caminos se han bifurcado. Como dice Guix, se trata de gestionar nuestra energía y saber a quién le damos permiso para habitar nuestro espacio mental. La vida se encarga de poner distancia y no es que te enfades ni nada por el estilo. Una mudanza, un cambio de centro escolar, hay mil posibilidades. Recorremos nuestro camino con otras personas, a veces se quedan unos metros, otras unas etapas. Lo más sano es no aferrarse a ellas y cuando sientas que se alejan, decir un «gracias y que te vaya bonito» sin enfados o reproches.
¿Recuerdas la elegancia de decir que no? Sí, poner límites es uno de los pasos más importantes, si no es el que más, para la ecología emocional y para aceptar la fecha de caducidad de las relaciones personales, para soltar lastre. ¡Ojo! no se trata de ser bordes o antisociales, aunque a veces se requiera poner en su sitio a alguna persona, sino de tener la capacidad de tomar las riendas de nuestras conexiones vitales. Como escuché hace tiempo: «si no te aporta, te aparta» y sí, se puede aplicar a las personas.
En esta «ecología emocional» es muy importante lo que se conoce como el fantasma digital. ¿A qué me refiero? A una de las complicaciones que han traído a nuestra vida la era digital, sobre todo las redes sociales. Si no haces «limpieza» de amistades, ves la vida del otro sin estar en ella. Porque es lo habitual, y siento decirlo, pero en la primera etapa, eso es de masoquistas. Como en toda ruptura, a veces es brusca y puede que seas una parte que no lo acepta. Pero, aunque una parte de ti crea que no, lo más sano es que al cerrar una etapa, hagas limpieza de amigos y sueltes lastre. También es aplicable a buscar qué es de su vida en Google 😉
Estrategias para soltar sin romperse
¿Has visto alguna vez un globo aerostático elevarse? Cerca de donde vivo es habitual que con el buen tiempo se realicen excursiones en globo. Es impresionante verlos en el aire, tan majestuosos y elegantes. Supongo que debe ser una sensación extraña y no sé si será placentera para los que tienen vértigo. No me desvío. Además de calentar el aire, los que pilotan, tienen que soltar sacos de arena. Sí, sueltan el lastre para que se eleven. Y sí, algunas amistades en nuestra vida son como esos sacos de arena que nos impiden elevarnos y llegar a las cotas a las que somos llamados. ¿Tienes localizadas esas amistades que hoy son tus sacos de arena? Recuerda que el arte de soltar lastre no es una imposición, sino una elección. Tú eres el soberano de tu tiempo.
Te ofrezco tres estrategias para que te lleves de este artículo que como ves, aunque habla de soltar lastre y el duelo que puede implicar, no es negativo, sino sanador (al menos esa era mi intención):
- Aceptar la transitoriedad: Nada ni nadie es para siempre. Los buenos momentos, como los malos, pasan. Puede que te choque, pero sí, las personas tenemos fechas de caducidad en las relaciones con otras. Tranquilo, no es necesario que la busques tatuada en la parte de atrás del cuello. ;-). Se trata de entender que las personas que son «estaciones» y no «destinos». Estuvieron el tiempo necesario para enseñarnos algo o acompañarnos en una etapa. Eso te libera a ti y a ellos.
- El agradecimiento como cierre: En lugar de centrarse en la herida del final o el silencio, honra lo que esa persona aportó en su momento y da gracias. Las cosas malas pueden estar recientes y es un acto de poner en la balanza las cosas buenas también. Esa gratitud hace que puedas seguir sin la tentación de mirar atrás. Aunque cada uno se vaya por su lado, la sensación es mucho más positiva, no habrá cuentas pendientes. Y si requieres escribirlo, sí, es un buen ejercicio para reparar tus grietas. No es necesario que se lo digas al otro, es algo para ti. 😉
- Hacer espacio para lo nuevo: Volvemos a la limpieza de primavera. ¿Te ha pasado que si vacías un cajón, no tarda mucho en volver a llenarse? Parece que es una ley universal, el vacío no se sostiene en el tiempo. Por eso, si no vacías tu mochila, tus manos, de lo que hace daño, no podrás acceder a lo nuevo. Si las manos están llenas de viejos rencores o de vínculos marchitos, no hay hueco para las nuevas afinidades que están por llegar. Y puedo asegurarte que sí, cuando Dios cierra una puerta no lo hace para hacerte la puñeta sino para abrir otras puertas, ventanas o habitaciones completas. Depende de ti. No es una pérdida de lo que fuiste, es una subida de nivel, como con los pokemon, cuando evolucionan 😉
Si el arte de soltar lastre te resuena y te atreves, te leo en comentarios. Que pases una fantástica, a mi me quedan muchos artículos por subir al archivo, pero tranquilidad que sí, el viernes habrá un nuevo relato 😉
Si este texto te ha ayudado a identificar algún lastre que necesitas soltar, suscríbete para recibir más reflexiones cada semana directamente en tu correo.
