¡Adelante!

A bocajarro ¿Tienes miedo? ¿La situación actual mundial te asusta? Ya traté el tema del miedo en el post SIN MIEDO. De hecho, estos días he estado revisando el blog antiguo de Ultreia. Eso sí que da miedo. Porque casi no reconozco a la persona que era antes. No significa que reniegue de mi pasado como bloguera. Nada más lejos. Es más bien que estoy descubriendo todo lo que he evolucionado, he aprendido en este tiempo, más de una década desde que lo abrí. Es normal que haya evolucionado. Ya no escribo de ese modo. Las redes han cambiado por completo. Mantengo alguna de las ideas que volqué en aquellas entradas y otras, simplemente ya no van conmigo. Las creí en su momento. No son buenas ni malas, ya no son ni soluciones ni problemas. Fueron herramientas para afrontar situaciones. Sirvieron, fueron útiles en el pasado. Ahora necesito otras cosas para avanzar.

¿Miedo? ¡Adelante!

Acabamos marzo. Han pasado ya tres meses de 2020. Un año convulso, que a más de uno le ha puesto su vida patas arriba. El tiempo de estar quietecitos en nuestra zona de confort ha pasado. Ya no se puede meter la cabeza en el agujero, como los avestruces, o desviar la mirada. Si quieres llegar al mar, tienes que superar un montón de piedras. No hay más opción. Ya no hay después. No puedes dar marcha atrás. La partida no va a más. Es interesante porque tenemos que decidir si seguimos adelante, si lo que ocurre o nos afecta en esencia, o nos dejamos morir. Renovarse o morir, así de simple, así de claro. Pienso en lo que se llamaba cuando yo estudiaba, la crisis de tercero. La mayoría de las carreras universitarias eran de 5 años. Y en tercero, casi todos nos planteábamos si estábamos en la carrera correcta, si era la profesión a la queríamos dedicarnos el resto de nuestra vida. Reconducir nuestra vida era posible en ese año impar, en medio del proyecto. Si superabas tercero, terminabas seguro. Si no era tu carrera, cambiabas y volvías a empezar otra. Sólo habías tardado dos años en darte cuenta. Era un precio razonable. La crisis te daba la oportunidad. ¿Es lo que está ocurriendo en la actualidad? No lo sé, pero sí se puede afrontar así. ¿Por qué el sistema educativo es el que es? Por poner un ejemplo, si tenemos la capacidad de adecuar la educación a los estudiantes, ¿por qué adecuamos a los estudiantes a la educación? En términos de televisión, los contenidos ya no son los que marcan las cadenas, la industria, sino que son los usuarios los que planifican lo que quieren ver a partir de una oferta muchísimo más amplia. Ya no nos acercamos a los medios como en el siglo pasado. ¿Puede ocurrir lo mismo en la educación? Acepto la ley de mínimos en conocimientos, pero, esta crisis que tenemos en la puerta ha puesto de manifiesto que se puede aprender sin presencia física, al ritmo del alumno. ¿Por qué limitarnos a un profesor de nuestro centro de estudios, si podemos disfrutar del método de enseñanza de otro que está, por ejemplo, en la otra punta del mundo? Si Internet ha abierto las fronteras, ¿por qué seguimos con sistemas anacrónicos? Por supuesto que siempre hay quien estudia por su cuenta lo que le apasiona y también es necesario educar en sociedad, en compañía. ¿No podríamos encontrar algo intermedio? Ya no estamos en la economía de la industria, del valor del producto en sí mismo, sino en la de la conexión. Es algo que leí en 2012 y sigue de plena actualidad. El modelo ha cambiado.

No te quedes atrás

Si observamos con curiosidad nuestro panorama, veremos que en marketing el éxito está en generar emociones, conectar personas, crear relaciones de confianza, lealtad. Se trata de conquistar a los clientes, de aportarles valor más allá de la economía. De ser diferente no tanto en producto como en dar algo distinto. Se trata de conectar. El ser humano es algo más que su trabajo. Las cadenas de producción que nos quitan la esencia como personas, ya no funcionan. Nadie quiere ser igual a otro, aunque en muchos casos prefiramos la protección de la globalización. Son antiguas ideas, metidas tan dentro de nuestros cerebros que casi no nos las cuestionamos. Deberíamos hacerlo. Porque cada persona es diferente a la que tiene al lado. En genética, en huellas digitales, en carácter… en todo. Si eso es así en la naturaleza ¿por qué nos comparamos, nos dejamos evaluar por un criterio que no se corresponde a eso? Todos iguales. Es una falacia de mediocridad. Podemos colaborar unos con otros, sin perder nuestra identidad. Porque todos tenemos algo único que aportar. Estamos fuera de la caverna. Tenemos un cosmos por descubrir. ¿Quieres quedarte sentado a la puerta de la cueva? Atrévete a ir hacia delante. Atrévete a indagar en lo que te gusta, tu talento. Eres un artista. Lo que no significa que no tengas que hacer nada. Al contrario. La exigencia es mucho mayor que cuando haces tu parte en una cadena de producción, siempre igual. Tu trabajo, tu forma de realizar tu trabajo es lo que hace que avancemos todos. ¿No te parece emocionante? Lo que marca la diferencia es cómo realizas tu trabajo. Ahí, donde estás, en eso que parece rutinario, puede saltar la conexión de intereses con otras personas. ¿Nunca te has preguntado por qué los ejecutivos tienen tantas reuniones? La mayoría son pérdidas de tiempo, lo reconozcan o no. Sin embargo, a veces surge la conexión, se tiene el valor de expresar una idea distinta, choca, y provoca una reacción, y otra, y otra hasta llegar a una diferencia que supone un antes y un después. Descubres que trabajas de lujo con una persona o con un grupo de personas, que estáis en sintonía, que no compites contra ellos, sino que os complementáis, ampliáis vuestros horizontes, llegáis más lejos. El tiempo está cambiando, te ofrece la oportunidad de volver a tu centro, a lo que te apasiona y fomentarlo.

Depende de tí

El mal llamado Estado del Bienestar se está desmoronando. Porque no está creando personas en plenitud, sino seres dependientes. Nos equipara en una igualdad que es más mediocridad que otra cosa. En vez de ser trampolín, se convierte en muchos casos en cadenas que atrapan. El ir hacia delante depende en exclusiva de ti. No es necesario que otros te saquen de tus problemas. Esa opción no puede ser válida. Quizá en un mundo infantilizado en el mal sentido, pase. Pero si somos adultos, si somos responsables de nuestras vidas, no podemos comportarnos esperando  que otro sea responsable de nosotros. La oportunidad está. Depende de tí aceptarla. Da miedo, porque no conocemos dónde nos va a llevar el proceso de cambio. Creemos que no vamos a ser capaces de salir del problema. Cuando lo más importante es que decidamos salir. Decidirlo es algo que depende sólo de ti. Pero, lo cierto es que no podemos seguir sin cambiar. Es como la mariposa que emerge del capullo hecho por el gusano. Sentimos que hemos cambiado, que estamos aprisionados y queremos salir. No pueden sacarnos. Tenemos que ser capaces de romper el capullo, de romper la cáscara del huevo, de superar las piedras y correr al mar. Puede asustar porque nos han hecho creer que estamos solos. Que no valemos por nosotros mismos. Nada más lejos. No estamos solos. A nuestro alrededor hay mucha gente en su capullo particular, en sus propias luchas internas. Como en estos momentos, cuando se abren las ventanas, sale la gente a los balcones y se aplaude cada uno a lo que cree conveniente. Es una forma de recordarnos a todos que hay que seguir adelante, echarle ganas y potenciarnos ¿Y si no aplaudes? Es una opción igual de válida. Puedes unirte al dolor de los que han perdido seres queridos y no creo que tengan ánimos de aplaudir a nadie. Personalmente me gusta pensarlo como los homenajes en los partidos de baloncesto. Cuando alguien fallece, se guarda un minuto de silencio y después se aplaude como forma de dar las gracias por conocer a esa persona, por todo lo que nos ha aportado su vida. Decidir es tu oportunidad. Permíteme que te adelante que cuando decidas, te decidas, el miedo dará paso a otra emoción que no voy a contarte pero que merece la pena. ¡Ojo! no se trata de ser kamikaze o una cabeza loca. El miedo es bueno para sobrevivir, si no te quedas anclado como un ser dependiente en él. La primera persona que puede hacer algo para cambiar sus propias circunstancias eres tú. Atrévete. Lo llevas dentro.

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