El valor del aburrimiento

Martes, 17 de febrero de 2026. Si hace dos semanas hablaba del ruido digital, hoy quiero enfocarme en el valor del aburrimiento. Aunque suspiramos por momentos de calma, evitamos el tedio a toda costa. La sociedad actual nos empuja a un «hacer» constante que coloniza incluso nuestro tiempo libre. Planeamos las vacaciones con tal intensidad que acabamos necesitando un descanso de ellas.

EL valor del aburrimiento y la sociedad del cansancio: la fobia al vacío

Según el filósofo Byung-Chul Han, nos hemos convertido en una «sociedad del cansancio» donde la hiperactividad es una forma de barbarie que anula nuestra capacidad de contemplación. ¿Has visto alguna vez a una vaca aburrida? Solo el ser humano tiene la capacidad de aburrirse, pero hoy tratamos de rellenar cada segundo con estímulos. Permíteme un inciso: una cosa es el aburrimiento superficial, que solucionamos en la actualidad mirando el móvil; es raro que le prestemos atención. El aburrimiento del que hablo es el profundo: donde la mente, al no encontrar estímulos fuera que despierten su interés, se ve obligada a mirar hacia dentro. Es ahí donde realmente se activa la RND de forma creativa, ya te lo adelanto.

El aburrimiento es como los espacios en blanco entre palabras, si los eliminas, solo queda una mancha de tinta ilegible. Es una tortura para el cerebro, similar a lo que ocurre tras 72 horas sin dormir. Sin esos huecos de inactividad, es imposible que se active la Red Neuronal por Defecto (RND).

¿Qué es la Red Neuronal por Defecto (RND)?

Este concepto, que el neurólogo Marcus Raichle nombró por primera vez, explica que el silencio mental no es un vacío, sino un proceso de construcción; el equipo de mantenimiento que se encarga de organizar la memoria, procesar las emociones y restaurar la energía necesaria para la creatividad. Es decir, el aburrimiento es fundamental para un cerebro sano.

La fisiología de la calma y la incubación de ideas

La RND es un conjunto de regiones cerebrales que se encienden, por puro instinto, cuando dejas de enfocarte en tareas externas. Es ese estado en el que «soñamos despiertos». Imagínate tumbada en el sofá, sin pantallas y sin la presión de tu planificación semanal. En ese instante, la RND actúa como un interruptor inverso: se apaga cuando respondes correos y se enciende para ser la incubadora de tus mejores ideas.

Como señala la psicóloga Sandi Mann, un cerebro aparentemente «desconectado» es, en realidad, un sistema trabajando a pleno rendimiento en la resolución de problemas complejos.

El laboratorio de la soledad frente al ruido digital

Este estado de «no hacer nada» es el laboratorio de nuestra soledad. Mientras crees que pierdes el tiempo, tu cerebro está consolidando tu memoria y construyendo tu sentido del «yo». Es lo que la neurociencia llama cognición espontánea. Sin embargo, para que este laboratorio funcione, necesita silencio; un espacio que hoy asfixiamos con el ruido digital.

Si nuestros focos de atención están siempre encendidos sobre estímulos externos, el «equipo de mantenimiento» de la RND nunca puede entrar a trabajar. El resultado es un agotamiento estructural y una incapacidad biológica para gestionar el silencio mental. Perdemos la conexión con quien realmente somos para perdernos en una multitud de personajes que reaccionan.

Aburrirse como acto de resistencia creativa

Abrazar el valor del aburrimiento es, como propone Jenny Odell, un acto de resistencia para proteger nuestra arquitectura cognitiva frente al algoritmo. En otras palabras, en un mundo donde el valor se mide por la productividad, «hacer nada» es nuestra forma más importante de resistencia creativa. Por su parte, Josefa Ros Velasco sostiene que el aburrimiento no es el problema, sino un «síntoma» cuya misión es alertarnos de que nuestra relación con el entorno está dañada y necesita reparación.

Gestionar el silencio es permitir que la RND limpie el escenario. Sin ese «momento de blanco», nos convertimos en meros procesadores de datos externos, perdiendo la capacidad de generar una visión del mundo que sea realmente nuestra. De ahí la importancia de reivindicar, hoy más que nunca, el beneficio de aburrirse. No se trata de estar siempre en ese estado, sino de tener momentos a lo largo del día que fomenten la activación de la RND.

Si te resuena y te atreves a parar, te leo en comentarios. Que pases una fantástica semana, te aburras de vez en cuando, y te espero el viernes con un nuevo relato.

Cris

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