Para cambiar toda una vida sólo hace falta un instante. Hace poco leí una frase de Paulo Coelho (qué raro, yo leyendo a Paulo Coelho ¿verdad?), que decía que cada día tenía un instante en el que nuestra vida podía cambiar, que podíamos pasar de la infelicidad a la felicidad. ¿Existirá de verdad? No lo sé; pero lo cierto es que pensando así afrontas el día de forma distinta. No se trata de trabajar, de hacer las labores cotidianas sino de dejarse sorprender, de estar atentos para descubrir ese momento. Porque como muchas cosas importantes, no sabes cuándo pasará. ¿Conocéis a alguien que sepa perfectamente qué día y a qué hora pasará su media naranja por su vida? Por no saber, no sabemos llegamos al mundo. Sabemos cuando hemos nacido porque nuestros padres nos lo han dicho; pero sin ellos, no lo sabríamos. Ocurre en los países donde hay guerras, desgracias, extrema pobreza… muchos niños no saben su edad porque no hay padres que puedan decírselo, ni documentos para verificarlo. Y si no sabemos cuando llegamos, mucho menos cuando nos vamos. Se tienen que dar muchas coincidencias para que abandonemos este mundo y no somos dueños de ese momento, por mucho que algunos quieran serlo.
Un sólo instante de este día puede hacer que mi vida cambie por completo. ¿Cuál? ¿Será en la próxima conversación que tenga? ¿En el próximo cruce? ¿Hay algo mejor que ese pensamiento para estar alerta en todo el día? ¿Para descubrir que todo lo que tenemos nos es dado? Porque, por nuestros méritos tendríamos muy pocas cosas y muchas menos vivencias. Enfrentarse al día con ese afan de dejarse sorprender, de aprender, de recibirlo todo como un regalo hace que vivamos más intensamente. Porque no se trata tanto de sobrevivir en la jungla, como de vivir la vida que merecemos vivir. Y no hablo de temas materiales, que de eso se puede tener mucho y sin embargo que no vivamos. No hay que dar nada por supuesto, sino de hacer lo que se puede y estar tranquilo precisamente por ello. Si hay algo que aprendes rápidamente en mi trabajo es eso. Haz todo lo que dependa de ti, pero recuerda que el éxito, el conseguir el objetivo depende en un 85 % por lo menos de otras personas. Tú puedes hacer mucho pero si los clientes no quieren o no pueden pagar, no vas a conseguir nada, por mucho que les insistas. Así que el éxito del trabajo no depende de ti. Y es una lección que aprendes a fuego. ¿Te conformas con ello? No, cada día das lo mejor de ti, a pesar de los cambios y de las adversidades para que quede claro que por tí no quede. Porque como en el día, hay un instante en que un cliente está entre pagar y no pagar. Y es importante estar atento para que cuando llegue el momento encauzarlo para conseguir el objetivo.
Un sólo instante. Toda nuestra vida depende de la atención que prestemos en un sólo instante. Ya no está el agobio de comportarse siempre de la mejor manera posible, sino que sólo hay que estar concentrado en un instante, buscar un instante, vivir un instante. Y todos tenemos esos momentos en los que nos damos cuenta de que nos «inunda» la felicidad, y nos gustaría mantener esa sensación lo máximo posible. Quizá ése es el instante de nuestra vida, para lo que estamos hechos.
