La manzana de Newton

Martes, 30 de septiembre de 2025. A veces damos por ciertas historias que no lo son. ¿Quién no ha oído hablar de la imagen que ilustra este artículo? Creo que no hace falta ni que diga quién es el personaje. ¿Verdad? Pues, siento comunicarte que no ocurrió. Sí, ya sé que choca y mucho, pero no pasó. ¿Y la de otra manzana famosa, la de Adán en la Biblia? Tampoco. Por mucho que busques, no hay ninguna cita explícita de que una manzana fuera el fruto del árbol prohibido.

La máquina del marketing y de la propaganda ha hecho que en nuestro inconsciente colectivo demos por ciertas historias que no lo son. Se repiten tanto, tanto, pero tanto, que al final nos las creemos. Y cuando son historias «bonitas» pase, pero a veces son inventos para manipular a la opinión pública. No olvidemos que los paradigmas no cambian por convencimiento, sino por defunción. Quizá con un ejemplo se vea mejor. Por fortuna la historia está repleta de ellos. Como he empezado con Isaac Newton, seguiré con los físicos famosos para contar una historia sobre Albert Einstein. ¿Habéis oído hablar de su famosa ecuación del amor expresada en una carta apócrifa a su hija Lieserl? Hay hasta novelas premiadas sobre ella. Si pudiera, podría el sonido de una fanfarria negativa. No, Einstein no hizo ninguna ecuación del amor. Quien conoce su biografía sabe que, el genio físico, era todo lo contrario a un romántico, tan poco «amoroso» que realizó un contrato prematrimonial donde dejaba muy claro la conducta que esperaba hacia él de su futura esposa, nada de molestarle cuando estaba trabajando, ni hablarle en ciertos momentos. Sinceramente, leyéndolo te puedes preguntar cómo lo aceptó. Excentricidades de físicos, supongo. Por tanto, si lees alguna novela sobre este hecho, es ciencia ficción, la imaginación del escritor en cuestión, nada más.

Al menos con Einstein no hay una manzana de por medio. Aunque si la historia se va relatando, con el tiempo quizá aparezca. Como con el «teléfono escacharrado» de los niños.

El problema aparece cuando la creación de esta historia tiene intención de enfangar la realidad. Los políticos, sus gabinetes de comunicación y sus «palmeros» son expertos en la materia desde los tiempos del ministro de propaganda Joseph Goebbels. Quizá desde antes, pero el modo experto es del siglo XX, con el gran altavoz de las redes sociales y la democratización de la información. Supuesta democratización, todo sea dicho. Quien sabe, lo mismo si le interesa a la clase política de turno en unos años, los terroristas sean hombres de paz. Tienen una memoria histórica muy selectiva. Pero no quiero entrar en esos temas. Repito, por mucho que repitas 7291 veces una mentira, no será verdad.

Vuelvo a la manzana de Newton, que para eso es el título de este artículo. Ya hemos quedado que no, no le golpeó la cabeza. Puede que se sentara bajo el manzano de Woolsthorpe Manor, a observar y reflexionar. Hasta que se durmiera. Lo que hizo William Stukeley, su biógrafo y amigo, fue tomarse una licencia poética para crear impacto. Porque era mas sencillo hablar de la manzana que tomarla como una representación simbólica de la importancia de la observación y la curiosidad científica. La mente del ser humano retiene mucho mejor los conocimientos cuando te los cuentan con una historia sencilla. Estamos hechos así desde el tiempo en que nos sentábamos junto al fuego y los ancianos de la tribu, o los cazadores, se transmitían el mejor lugar de caza. ¿Por qué? Por las emociones que generan.

La historia de Newton, como la de Einstein, genera en los oyentes una serie de emociones que hace que nos podamos identificar con lo ocurrido casi de forma inconsciente. No digo que a todos nos haya caído una manzana en la cabeza, pero sí que nos han pasado hechos inesperados que han cambiado nuestra percepción. Estás pensando en un problema que no consigues resolver, y de repente, a las tres de la madrugada, se te ocurre la solución. ¿No te ha pasado? Si aceptas un consejo, ten cerca un cuaderno y un boli por si acaso cuando duermes. Puede que tu pareja se mosquee un poco si enciendes la luz, el portátil y te pones a teclear como un loco, como si no hubiera un mañana. Con problemas matemáticos o marrones de oficina no me ha pasado, pero, con bloqueos de historias o con el inicio de un texto, más de una vez. El sentido de la observación nunca duerme. Sí, también hay historias de científicos que han resuelto ecuaciones o han descubierto la fórmula de algún elemento en sueños. No solo los escritores somos raros 😉 .

Leía hace unos días que el 90% de lo que pensamos que puede ocurrir, no sucede. Nuestra mente es una experta en pre-ocuparse. Nos lanza supuestos que nos mantienen en alerta. ¿Por qué? ¿Está enferma? No. Tiene la función de hacernos sobrevivir. Para los escritores es fenomenal porque se monta unas historias que ni el mejor guión de Hollywood. Lo complicado es el dato: el 90% no sucede. Es experta en el por si acaso. Como cuando haces la maleta de las vacaciones y terminas poniéndote una décima parte de la ropa que llevas. Claro, hay que llevarse un casco de construcción por si acaso se me cae una manzana encima mientras paseo por la playa. ¿No? Puede causar risa, pero actuamos muchas veces de esa manera. Las mujeres más que los hombres, lo admito.

Nuestra imaginación, Surprise Production (nombre inventado, en inglés suena mejor, si no me crees intenta venderles «Josefa la cerda» a los niños… sí, mejor Peppa Pig 😉 ), se activa tanto que ocupa la realidad. Un ejemplo, que no tiene por qué ser real, pero podría: Un hombre sale de trabajar, se encuentra tráfico en la carretera y tarda tres horas en hacer un trayecto de quince minutos. Esos son los hechos. Para el cerebro de un hombre, acabaría ahí. Para el de una mujer, es el inicio de una novela de 1200 páginas, como poco. Porque Surprise Production ha planteado que han llegado los extraterrestres, se lo han llevado a un lugar en el espacio donde el tiempo pasa de forma diferente, tanto que lo que en la tierra es una hora, allí son 10 años… Podéis meterle todos los elementos que queráis. Para bien o para mal. Nos ponemos en lo peor, no pensamos en el tráfico sino que ha pinchado una rueda, al detenerse y poner los triángulos o la baliza v16, ha pasado un trailer y se lo ha llevado por delante, Por lo que, mientras tú hacías una tarta de manzana, tu pareja está en una UVI móvil camino del hospital más cercano, pero con las retenciones, no puede llegar y entra en parada cardiorespiratoria en la misma ambulancia, porque has visto las suficientes series de médicos como para ver con exactitud el interior de la ambulancia…

¿Cómo te sientes? La pareja del hombre tendrá cargo de conciencia por esa tarta mientras se debatía entre la vida y la muerte. Ni que decir tiene que, cuando abra la puerta de casa, se ganará una bronca porque estaba muy preocupada, tanto que, al ver que no llegaba, se ha puesto a barrer la casa, limpiar los cristales y ha tenido bronca con el vecino de abajo que, como es hombre, no sabe nada de sus preocupaciones y su estado emocional. Surprise Production plantea mil escenarios, cada cual más terrorífico que el anterior y da por supuesto que todos los actores saben su lugar, aunque no se comunique.

Repito, el 90% de lo que nuestra mente piensa y nos hace creer que es real, no ocurre. Eso sí, lo sentimos, lo vivimos con una intensidad real. Porque nuestra mente no entiende de pasado, ni de futuro, para ella todo ocurre aquí y ahora. Todo es real. Se lo cree. Lo sentimos. De ahí viene la angustia y la ansiedad que sentimos. Nos adelantamos y hacemos predicciones. Y si fueran agradables, ok, pero en su mayoría nos preparan para algo peor que no ocurre. Todo en nombre de estar preparados. Vas conduciendo tranquilamente, el piloto del depósito se enciende y Surprise Production vuelve a tomar el control por una pregunta muy sencilla: ¿Dónde podré repostar? Lo normal es, si tienes un navegador, buscar la gasolinera más cercana y dirigirte hacia ella. Sin embargo, hay muchas variables en juego. Si estás en Madrid, no pasa nada. La mayoría están abiertas un sábado por la tarde. Si estás por ejemplo en Segovia, ya puedes ir rezando. Y no te digo nada si estás en una carretera comarcal en la llamada España Vaciada. Ahí, el navegador puede decirte que hay una gasolinera, y que te la encuentres sin surtidores, con un socavón donde deberías parar el coche para repostar.

Tengo la siguiente teoría: las historias que nos contaron, que creímos ciertas y que no lo son, pertenecen a las licencias poéticas de Surprise Production. La diferencia es que, algunas de ellas, llevan la intención maquiavélica de sus creativos. Como ocurrió, con la anécdota de Randolph Hearst. y su frase: «Por favor, manténgase allí. Usted proporcione las imágenes y yo proporcionaré la guerra«. ¿Cuántas historias conocemos en que se han manipulado las pruebas en un asesinato, o en un conflicto? En las series de televisión hay capítulos memorables de CSI sobre ello. En la vida real también.

¿Qué es lo que quiero que te lleves de este artículo? Lo resumo en dos frases:

  • Asegúrate de lo que crees como cierto. Verifícalo por si acaso.
  • Observa las opciones antes de actuar, mantén la calma.

Con ello no quiero decir que te instales como Descartes en la duda constante, sino que te acostumbres a verificar la información. Antes, ahora no lo tengo claro, en las clases de Periodismo, te insistían en que verificaras las noticias con al menos dos fuentes antes de publicarlas. Porque las fuentes tienen sus propios intereses y pueden intoxicarte, manipularte, mentirte, usarte como una marioneta. Y si esas fuentes eran gubernamentales, verifícalas todo lo que puedas porque seguro que intentan utilizarte. Lo de observar antes de tomar una decisión es propio de los adultos. Los infantiles son mucho más reactivos, mucho más manipulables, porque tocan a las emociones y no razonan. Ser adulto conlleva un pensamiento crítico que no te enseñan en la escuela, te lo vas formando con el tiempo y cuantas más bases verificadas y reales, más elementos de comparación, mejor. Es preferible buscar gasolineras alternativas en un radio de 50 kms que pensar en todo lo malo que te puede pasar si te quedas tirado en una solitaria carretera.

Claro que puedes quedarte con la historia de la manzana de Newton, o con la ecuación del amor de Einstein. O seguir creyendo en la existencia de Don Juan Matus de Carlos Castaneda (tampoco existió, lo siento si acabas de enterarte). Si el mensaje de esas historias te ayuda, ok. Pero siendo consciente de que pertenecen al mundo de Surprise Production. No solo los escritores viven, pagan facturas, de las historias que cuentan y la credibilidad que les concedes. Sin su magia, la realidad cuesta un poco más de sobrellevar.

Si te resuena y te atreves, te leo y conversamos.

Que pases una fantástica semana y recuerda que el viernes te invito a un relato, puede ser, o no, que basado en hechos reales 😉 .

Cris