Después de casi dos semanas de deportes, de sonrisas y lágrimas, se acaban unas olimpiadas polémicas, extrañas y que algunos catalogan como las mejores, por ahora. Los intereses económicos han primado sobre todo lo demás y China ha sido la sede sin llegar a cumplir con el espíritu olímpico. Cada vez que veo los juegos en televisión me hago la misma pregunta ¿cómo lo vivirá el pueblo chino? Porque en un régimen comunista, imagino que los deportistas que están compitiendo no son tratados como el resto. Aunque sólo sea por la preparación que tienen que tener, no pueden comer lo mismo, ni trabajar en lo mismo. En un régimen sin propiedad privada, sin ciertas libertades, algunos más que deportistas serán esclavos de los resultados. No me quiero imaginar lo que pasará con aquellos que no han conseguido el objetivo marcado por el Partido. Y todavía queda en mi retina ese deportista pidiendo perdón al pueblo chino por haberse lesionado. ¿Dónde está el espíritu olímpico? No lo sé, esa es la verdad.
Pero los JJ.OO. a mi me hacen dar un pasito más. Parece como si nos dijeran que todo se puede conseguir con esfuerzo y trabajo, con disciplina y fuerza de voluntad. ¿Sí? Yo creo que no y la vida me da la razón. Todos los deportistas que van, buscan alcanzar el sueño de ser campeones olímpicos. Pero no todos lo pueden conseguir. En natación por ejemplo, o te llamabas Phelps o no tienes nada que hacer. Por muchos sacrificios que hicieran los otros, al enfrentarse a semejante rival no podían ir a por el oro. Necesitaban dar lo mejor de ellos mismos y esperar a que él fallase. El deporte es mucho trabajo y suerte. Por mucho que te prepares como tengas un mal día (y se puede tener) puede que se tiren 4 años de trabajo a la basura. O que te topes con unos jueces un tanto caserillos, que también los ha habido, con decisiones incomprensibles.
El espíritu humano en los JJ.OO. a veces peca de prepotente y la vida nos pone en nuestro lugar con mano férrea. No lo podemos controlar todo y para que uno gane, otro tiene que perder. Por no hablar de cuando se compite contra uno mismo y en unas condiciones climatológicas adversas. Puede parecer extraño, pero a mi los JJ.OO. siempre me recuerda un pasaje bíblico: el chapuzón de Pedro. Seguro que lo habéis oído. Los discípulos en la barca de noche, Jesús se acerca andando sobre el agua y Simón Pedro en plan «bocas» le dice que si es él, que le llame para que pueda andar sobre las aguas. Jesús le llama y al principio Pedro lo hace sin problemas, mirando a su maestro. Hasta que se da cuenta de lo que está haciendo y se hunde. estaba luchando contra su lógica, desvió su mirada y se hundió. Yo me imagino a los demás discípulos viéndole haciendo «glu, glu, glu». Alguno preguntándole cómo estaba el agua, si le había sentado bien el chapuzón y cosas así. Y el pobre aguantando las burlas de sus compañeros y la reprimenda de Jesús por haber tenido poca fe. ¿Por qué me lo recuerda? Porque es como las curas de humildad que reciben los atletas que pierden la concentración, que desvían la atención de sus objetivos y que se quedan en sus fuerzas. En la vida real estamos llenitos de ejemplos sobre descuidos, sobre fallos que hacen que te hundas. No conozco a nadie que haya andado sobre el mar. Como mucho puede ser los ejemplos científicos de «el hormiguero» cuando llenaron una piscina de agua con maicena para explicar una ley física y podían cruzarla corriendo sin hundirse. Pero si se quedaban quietos… glu, glu, glu
En mi vida hay una frase que ilustra lo que estoy diciendo: «Trabaja como si todo dependiera de ti y reza como si todo dependiera de Dios». Su versión no creyente será más o menos «haz todo lo que puedas», sabiendo que siempre hay detalles que no dependen de ti.
