Salir de la zona de confort

El sábado 13 tuve una de esas experiencias que hacen saltar por los aires la zona de confort. Dentro de la formación en coaching que estoy cursando, uno de los requisitos para obtener el diploma es facilitar talleres de diferentes temas de crecimiento personal. Fue mi primera vez y creo que hay muchas posibilidades de que repita el taller, tras ver el interés y los resultados en las participantes.

Mostrarse a los demás, ¡casi ná!

Por experiencia personal y formación en comunicación, me he visto en la tesitura de hablar en público más de una vez. No voy a decir que no cuesta, porque sí que lo hace y me pongo nerviosa aunque me lo prepare. Sin embargo, en esas ocasiones eran temas que no afectaban a mi esencia personal. Trataba un tema en una noticia o en una clase y era conocimiento adquirido, teoría, volcar ideas sin importar si llegaban y cómo lo hacían. Al facilitar un tema de crecimiento personal la cosa cambia. Porque si lo haces por hacer, se nota, no va más allá. Y si es un tema que es importante para una misma, aparece el miedo a mostrarse, a qué van a pensar, qué van a decir, exponerse al juicio de los demás. Aparecen las dudas sobre el valor de lo que ofreces y de uno mismo. Y, a veces, esos miedos son tan grandes como el Everest y nos paralizan. Lo interesante es ser capaces de detectar ese miedo e ir más allá, que no nos detenga en nuestro camino de lo que queremos ser.

Puedo volar sola, ¡aquí estoy!

La meditativa que llevo dentro se siente como pez en el agua cuando estoy sola, rodeada de mis libros, en mi santuario de escritora, en mi zona de confort. Tanto es así, que prefiero estar en segundo plano, detrás de los focos. Y así he estado buena parte de mi vida. Soy muy buena colaborando en proyectos de otros, siendo mano derecha. Mi creatividad favorece las metas de los demás, aunque permanecer en la sombra la coarte y no llegue a todo su potencial. Me gusta la seguridad, la protección. Exponerse siempre es correr riesgos, asumir responsabilidades en la toma de decisiones. Durante mucho tiempo de mi vida no me sentía preparada para ello, me he escondido debajo de las alas de otros, era dependiente cuando siempre he querido ser autónoma. Ahora sé que puedo volar sola.

La responsabilidad de los adultos

Agradezco a los que me han acompañado en mi camino su sabiduría y experiencia. Y honro sus enseñanzas con mi autonomía. Juntos sabemos más, llegamos más lejos. Poder hacer algo sola no implica que lo esté. No está reñido ser adulta con reconocer la compañía en el camino, el valor individual con la comunidad. No requiero que me lleves, puedo caminar por mi misma. Es como cuando aprendes a montar en bicicleta, tarde o temprano es necesario quitar los ruedines, soltar seguridades, dejar ir. Por eso ya no permito que me mantengan con los ruedines, que otros tomen las decisiones por mi que me pueden afectar en mi proceso. Camino con otros, por supuesto, pero soy yo la que mueve mis piernas, mi energía, quien marca mis prioridades. Si quieres te acompaño en tu camino, pero a donde llegues es responsabilidad tuya. Volamos juntos, bailamos entre las corrientes, si quieres, pero la responsabilidad de tus decisiones es tuya. Y eso es muy liberador y enriquecedor, porque son los adultos los que asumen la responsabilidad de sus decisiones. Sencillo de decir y apasionante de vivir.

¿Qué te puedo aportar?

Sí, el sábado salí de la mal llamada zona de confort, porque de confort tiene lo mismo que una prisión. Buena forma de comenzar un año más allá de propósitos iniciales que lo presentan como año de transformación y de ir más allá. Y salí por mi misma, acompañando a unas personas que me brindaron la oportunidad de darles a conocer algo importante para mi vida. Se arriesgaron a ver las cosas de otra manera. Superé mis propias creencias limitantes y abrí mi perspectiva de posibilidades. Encontré una pieza más del puzzle de la persona que soy, abrí un poco más mis alas. Si te resuena algo de lo que aquí he escrito puedes contactar conmigo por comentarios o a través del email y te cuento más. Y si esto te resuena, te toca, te llega, te vibra, créeme que no es casualidad.