Martes, 9 de julio de 2024. A veces se me acaban los temas a tratar. Con tantos artículos a mis espaldas ya no sé si estoy escribiendo de algo nuevo o me repito. Aunque más que repetir, es una actualización porque cada día aprendo algo nuevo y la persona que fui no es la persona que soy ni la que seré.

Vacaciones de verano para ti

Con la llegada del verano, debe ser porque los días son más largos, hay más luz, hace más calor, nos activamos más, tenemos más energía. Y es fantástico. Las terracitas de los bares son geniales, salvo para los vecinos que intentan dormir y no lo consiguen por el griterío, las carcajadas y la música alta. Si tienes un bar cerca, olvídate de abrir la ventana por la noche. No todos estamos de vacaciones, algunos madrugamos y tenemos el vicio de querer dormir. El tráfico es más fluído en las ciudades, salvo en las carreteras de la costa que parece que entrenan para la Semana Santa, y en las zonas de polideportivos donde los campamentos de verano sustituyen las horas punta de los colegios durante el curso escolar. Campamentos que luego recorren las calles camino de la piscina o de la actividad que toca ese día. Hay que entretener a los chavales mientras los adultos teclean bajo el aire acondicionado, ventilador o abanico de turno. ¿Y las playas? Bueno, es divertido ver las carreras a la hora que las abren al público para plantar las sombrillas. Todos los veranos, las televisiones nos ponen esas emotivas imágenes con la familia cargada con sillas para los adultos, las esterillas de tomar el sol, la nevera, las toallas, varias sombrillas y pintan las playas como si fueran legiones romanas en formación tortuga. Por no hablar de los aparcamientos de montaña, que vas a hacer senderismo a una ruta de sierra y descubres que hay más gente que en las rebajas o en el tramo final del camino de Santiago.

¿Tienes más ansiedad en verano?

Es lógico. Cuanto más activos, más energía y cuanto más energía, más agobio, más cosas que pueden escapar de tu control o sacarte de tu zona de confort. Porque tú puedes irte de vacaciones a una playa desierta o a una montaña perdida en medio de una cordillera, y tu mente va contigo. Ojalá pudieras desconectarla de lo que dejas en casa, de preocupaciones y de escenarios imaginarios pero reales. Hay formas de desconectarla. ¿Cómo? Dale otras cosas en las que pensar, que busque soluciones a nuevos dolores o nuevos objetivos. ¿Sabías que el periodo vacacional es cuando las parejas discuten más? Si aumenta la convivencia, aumentan los roces. Y el calor nos produce estar más irascibles, saltamos con más facilidad. Aunque sea por una tontería estilo si los vasos tienen diferentes capacidades o hacia dónde apunta el aire acondicionado.

Entonces ¿nos quedamos sin vacaciones?

¡Claro que no! Se trata de que en tu maleta, mochila, o bolsa de viaje no te olvides, ni la flexibilidad ni la respiración. La flexibilidad o capacidad de adaptación te permitirá no perder los nervios. Si la carretera de la playa es una procesión de coches atascados, recuerda que las mismas ganas que tienes tú de darte un chapuzón, las tienen los demás. No eres el único que ha tenido esa idea de dejar el asfalto y el vidrio atrás. Por mucho que refunfuñes, no vas a llegar antes. La respiración te permitirá estar en el presente, ocuparte de lo que te toca. Llevas muchos días pensando en el atardecer en la montaña, respira y no te aferres al trabajo que te espera en la oficina, a las citas médicas, las facturas pendientes y los gastos futuribles de la vuelta a casa. Suelta el móvil y contempla el atardecer. No te pierdas ese momento porque no vas a volver a vivirlo. La naturaleza nos muestra que lo perfecto según nuestros parámetros, es artificial. ¿Has intentado hacer una fotografía del cielo nocturno? Cuando no hay nubes, hay contaminación lumínica por las fiestas de un pueblo cercano, o la luna está llena y te impide ver estrellas o mas factores que se escapan de tu control. ¿Qué puedes hacer? ¡Respira! Si las cosas no salen como quieres, respira. Si lo haces más lento, las pulsaciones también bajarán, lo que te permitirá tomarte unos momentos de relax. ¿Sirve de algo enfadarse por los atascos o porque en un restaurante te hacen esperar entre plato y plato? Con esto no digo que seas tan bueno que te tomen por tonto. Pon tus propios límites y no te perjudiques a tí mismo por beneficiar a los demás. No negocies con tu valor personal, pero recuerda que vivimos en sociedad, los demás están ocupados con sus propias vidas, su propósito vital no es molestarte. ¿Vas a cargar toda la tarde con un enfado por la pirula de un conductor que se ha cruzado en una salida para llegar antes a quién sabe dónde? Pítale si es oportuno o gesticula, pero no te aferres a ello, déjalo ir, se flexible y respira. Tú tienes que aguantarle un segundo, él se tiene que aguantar toda su vida.

Esto también pasará

Tanto lo malo, como lo bueno. Todo pasa tarde o temprano. Espero que tengas una gran semana y ya sabes, si te resuena y te atreves, te leo.