Razones para todo

He encontrado en una de las estanterías, las «Razones» de Jose Luis Martin Descalzo. 5 libros con los artículos publicados en ByN de este curilla metido a periodista. Algunos de ellos están publicados en internet. Y me han traído muchos recuerdos, el releerlos y ver los que tengo marcados en los libros. Hace mucho tiempo pensé que Martin Descalzo bien podía ser el patrono de los comunicadores cristianos, por su manera sencilla de transmitir, por su sencillo optimismo y dejarte siempre con las ganas de profundizar un poco en su alma. Sus libros son, razones para la alegría, para la esperanza, para vivir, para el amor y desde la otra orilla (lo escribo de memoria; pero creo que no me equivoco). Son escritos sencillos, cercanos. Se puede sacar mucho de ellos, independientemente de la condición del lector, sea creyente o no. Recomiendo su lectura, por si alguien que me lea no lo ha hecho. Disfrutará, seguro.

Con Martin Descalzo aprendí que hay razones para todo. Que siempre hay un punto de vista positivo. Eso no significa ver la vida de color de rosa. Veo la TV, las desgracias del mundo y también la manera en que «los malos» parece que siempre ganan a los buenos. Porque lo de que ganen los buenos sólo pasa en las películas. Cambiar el mundo es difícil; pero ¿cambiar mi mundo también lo es?. Eso ya no lo tengo tan claro. Basta con cuidar un poquito los detalles para con los que te rodean.

Me explico: llevo tiempo ya de baja y las dos semanas últimas he estado bastante mal, físicamente y anímicamente. Mi marido para animarme me regaló un ramo de rosas, yo se lo agradecí como pude, porque casi no podía moverme. Él se está ocupando prácticamente de todo: es enfermero, cocinero, limpiador, chófer… siempre pendiente de mí. Tras dos días, encontró margaritas. Son mis flores favoritas, él lo sabe y también que no son tan sencillas de encontrar. Volvió a casa con otro ramo. No me lo esperaba. Sé que me quiere, que me ama; pero esos detalles me dejan casi babeando, dando gracias de tenerle en mi vida. Ahora que yo no estoy cuidándole mucho, él me mima y me anima. Y está cansado, pues lleva muchas cosas encima. Pero como él dice, siempre tiene tiempo para lo importante. Y con sus gestos, con mirarme, consigue sacarme de mi «rutina» y mostrarme una razón para sonreir.

Muchas veces, cuando paseamos, me fijo en las caras de los demás, tan ensimismados en sus pensamientos, en sus cosas. Me pregunto, si ellos también tendrán esa posibilidad, esa mirada de otro que te saca de uno mismo. No lo sé; pero ojalá que sí. Porque se nota y mucho cuando alguien tiene una razón poderosa para vivir, con una sonrisa.

Nunca llueve a gusto de todos, como se puede ver en estos dias en los que la lluvia tan necesaria para que el año que viene no nos tengamos que duchar con cerveza, hace estragos en algunos lugares, tirando por tierra el trabajo de algunos agricultores o mariscadores. Leí hace unos meses en Psychologies casos de personas que un desastre en su vida había sido el punto para hacerles cambiar y conseguir algo que jamás habían pensado. ¿Será este tiempo una oportunidad para alguien de ver algo positivo? Cada uno sabrá.

Ultimamente sólo hay noticias de guerras que no acaban, tregua que no es tal, divisiones nacionales, mentiras y apaños que demuestran que la cultura del pelotazo tiene digna sucesora en la cultura del ladrillazo. Siempre con la separación mediática de buenos y malos, de tener que estar en un bando u en otro. Parece que siempre hay que tomar partido: Alonso o Schumacher, Madrid o Barcelona (y no sólo en fútbol), Rajoy o Zapatero, moros o cristianos. La verdad es que elijas lo que elijas, siempre hay razones para cambiar o para quedarte en tu opción. No seré yo quien diga la que es la correcta, si es que la hay, porque ni unos son tan buenos, ni otros son tan malos. Que de todo hay en esta viña del Señor y siempre he preferido la pedagogía de la Y, como la llamaba Martin Descalzo. Evidentemente, tengo mis opciones y mis razones para tenerlas; pero aqui no vienen a cuento.

Volviendo a mi mundo particular, en mis estanterías hay libros de lo mas variopinto: religión, filosofía, matemáticas, física, novelas, fotografías, arte, viajes… y es que eso de que el saber no ocupa lugar, pues hombre, lugar no sé, pero metros de estantería ya te digo que ocupa. En esos libros hay muchas mas razones para todo, hasta para descubrir que mi cabeza es redonda para que mis ideas puedan cambiar de dirección. Frase que, por cierto no es mía; pero que es muy cierta.

Por cierto ¿Habéis pensando en la cantidad de cosas que pensamos que son nuestras y que sin embargo son préstamos? La mayoría de mi pensamiento es un collage de ideas de otros, los padres y las madres de mi alma. Y es que algo, genuinamente mío, no sé, me llevaría tiempo encontrarlo. Y está genial saberlo y admitirlo. No se podría citar, porque el texto sería casi soporífero y porque no tengo tanta memoria para saber a quien le debo ésto o aquello.

Mi manera de ser y de pensar se lo debo a mucha gente, a mucho esfuerzo por mi parte, a no quedarme en una sola verdad y a asegurarme de que las cosas ciertas son efectivamente ciertas. Supongo que no habría podido entender algunos textos filosóficos si antes no hubiera entendido sencillos cuentos o historias. No se puede solucionar complejas fórmulas físicas sin saber antes algo tan sencillo como 1+1=2. Cierto es que ahora, estando embarazada, para mí la suma es 1+1=3.

Hay que seguir etapas, paso a paso. Recuerdo que antes me divertía la dificultad de otras personas en ponerme etiquetas. Algunas veces, me oían hablar y pensaban que era de un movimiento religioso, otras veces aseguraban que era de otro. Se volvían locos intentando encasillarme. Me hacía gracia, porque todo dependía de lo que estuviese leyendo en ese momento. Porque si tengo una manía es pasar por el tamiz de mi experiencia lo que leo o me enseña la vida. Sin miedo, que cada uno tiene que encontrar sus propias razones.