¡Qué cansada estoy de los conciertos!

Llevo unos días obligada a dormir con la ventana cerrada. Enfrente de casa, pero a unos cuantos kilómetros está un recinto ferial. No sé si serán conciertos de grupos, de orquestas, música enlatada o de las atracciones… lo que sé es que se oye muchísimo desde casa y el chunta chunta me impide dormir, ni con la almohada encima de la cabeza. Yo comprendo que el verano anima a las fiestas, pero entre semana hay mucha gente que trabaja, hay bebés que necesitan dormir. La juerga de unos no puede estar por encima del descanso de otros. Y en verano, sin embargo parece que el calor afecta a las neuronas.

Los grupos de adolescentes van «berreando» (eso no es cantar) por la calle. Antes era el Asturias patria querida, ahora se atreven con el inglés, o algo que suena a inglés, aunque no tengo muy claro que sepan lo que es. De las motos, mejor ni hablamos, ni del peligro que tienen algunos tanto en dos como en cuatro ruedas. Y no son sólo los adolescentes. Porque me «encantan» los mayores que se saludan de esquina a esquina de la calle. Recuerdo que uno de los momentos mas vergonzosos que he vivido fue en un museo donde estábamos disfrutando del arte romano cuando oímos una atronadora voz desde el piso de abajo diciendo «los de Segooooviiiiiiaaaaaaa», en plan pastoril total. Pues en el pueblo en el que vivo parece tradición eso de gritar de una esquina a otra las intimidades. Que si fulanito se ha divorciado, si meganita está más gorda que zutana… Y todo esto a unas horas extrañas, vamos a las ocho de la mañana.

He dormido poco y queda lo peor. Porque no creo que el fin de semana no haya ruidos. Intentaré dormir un poco esta tarde, la siesta. Aunque tampoco se respeta demasiado.