Creo que si alguien tiene duda de la humanidad de los internautas, debería pasarse por los blogs de la coctelera. En serio. Llevamos unos días que estamos todos pendientes de la evolución de Álvaro, el peque de Gwenda. Las que somos mami entendemos que tiene que ser duro y sentimos como propias sus inquietudes, sus dificultades. Estamos con ellos, aunque no pueda ser físicamente. Los creyentes nos acordamos en nuestras oraciones de ellos. Las noticias dejan paso a lo que nos toca. Y lo que le ocurre a Álvaro nos toca a toda la familia de la coctelera.
No estamos en Valencia; pero nuestro pensamiento les acompaña. Y es toda una lección de humanidad que personas que somos diferentes, cada uno con nuestros intereses e historias, estemos así de unidos. De verdad que me alegro de pertenecer a ella, de conocer a gente tan estupenda y me convenzo cada día de que merece la pena seguir peleando y luchando. Decía un proverbio que la tierra era de Dios y que la alquila a los valientes.
Pues aqui, «enredados» hay unos cuantos valientes que llenan de humanidad, de lo mejor del ser humano esta fría tecnología, estos cables, chips y software que ha conseguido que nos conozcamos, sin hacer falta que nos veamos en persona. Para quien se pregunte si el ser humano tiene esperanza… por supuesto, que la tenemos, nos crecemos en las dificultades y sacamos lo mejor. Cambiar el mundo es posible, si nos cambiamos a nosotros mismos, si nos dejamos de tanto mal rollo y miramos a nuestro alrededor.
Hoy habría que premiar a la familia coctelera por ser eso, una familia… y numerosa. ¡Chapeau! para Fenicia, para Bruxana, para Arori, para Gwenda y para tantos y tantos… esas personas si que son unos verdaderos campeones. Yo me quitaría el sombrero ante ellos, si es que lo llevara, sin dudarlo un solo instante.
