Otro viernes raro

Llevo una semana en plan torpona. Creo que no ha habido día que no me haya caído, tropezado, o dado con alguna esquina. Tengo la semana torpe y al menos es de agradecer que siempre que me he caído ha sido sin Daniel en los brazos. No sé lo que me ocurre esta semana; pero ya me lo tomo con humor. No tengo una articulación en la que no me haya dado. Lo peor fue con las rodillas, en los codos lo máximo que me ha pasado ha sido que me diera justo en ese sitio que si te das ves las estrellas.

¿Por qué estoy así? Pues no lo sé, supongo que todos tenemos periodos en los que estamos más torpes. No es que busque llevarme golpes, no quiero superar al vaticano en número de cardenales; pero me lo tomo con humor. Soy humana, puedo caerme, me puede doler y tengo capacidad de aprender de ello. No puedo ir por la vida sin fijarse en los detalles porque si no, luego pasa lo que pasa.

Tengo un cardenal estupendo en la rodilla para recordármelo. Tengo que dejar que mis sentidos hagan su trabajo si quiero llegar al final del día sin darme un batacazo. Es la lección de la semana. Se supone que he aprendido a andar y por ello debo fijarme y no correr riesgos innecesarios. Sobre todo porque puede pasar que el día menos pensado me ocurra con Dani y eso sí que no puedo tolerarlo.