Ayer ocurrió algo que ha cambiado mi idea del post de hoy. Sí, en esta bitácora escribo al día, en la mayoría de los casos. Ya, ya sé que hay otras personas que escriben sus artículos días antes, los revisan y demás. No es mi caso. Muchos de ellos, se escriben minutos antes de ser publicados y a veces por ello se me escapa alguna letra, o me como una palabra, porque la mente va mucho más rápido que los dedos en las teclas. Es la belleza de la imperfección como decía en el post 10.000. Hoy es el 10.001, ¿Qué significará eso en el código binario? No me quiero desviar, eso lo trataré en otro momento. Entremos en materia.
¡Por favor, quiero el día de la marmota!
Ayer fue un día de los que me encantaría dar marcha atrás y repetir hasta que fuera al menos de aprobado. Y es que para ser lunes, el gasto de calorías fue brutal. ¿A qué me refiero? Cuando realizamos una actividad, empleamos energía, que no se crea ni se destruye pero sí que puede irse a otro sitio. El caso es que cuando llegó la noche, estaba como si me hubiera pasado una apisonadora por encima y además, me costó entrar en calor. Suelo tener bastante cuidado en esas cosas, pero ayer no salió nada como esperaba.
No opongas resistencia al tsunami o te llevará por delante
Por si te lo preguntas, lo siento, no voy a contar todo lo que ocurrió ayer, porque es largo y hay detalles que no hacen falta para la composición del artículo, aunque fueron importantes para las consecuencias posteriores. Porque todo lo que ocurre en nuestra vida tiene consecuencias, lo sepamos o no, algo parecido al famoso efecto mariposa. Solo contaré un ejemplo, no es lo único que pasó, pero sirve de punta de iceberg. Diré que tenía preparado un taller de crecimiento personal para 13 personas, y al final se conectaron 6. Y sí, cada una de las personas que no vinieron me avisaron, imprevistos o cambios de prioridades. Pero fueron tantos los que se dieron de baja en tan poco tiempo que me descolocaron. Y me costó reaccionar. La tecnología tampoco estaba ayudando. Era como tenerlo todo en contra. Ante una situación así, ¿sigues o paras? En mi caso, en medio de ese caos, de estar en medio del rompeolas, seguí. Porque la vida es así, tomar decisiones en momentos en los que estamos sin tierra bajo los pies. Seguir caminando a pesar de los imprevistos, las propias fuerzas y el abrazo de las sombras. Seguir aunque sea en solitario. Como ayer me repetí más de una vez, los dragones vuelan solos. El taller fue caótico pero potente y clarificador. Ofrecí la herramienta como mejor supe en ese momento y ahora es responsabilidad de los asistentes lo que decidan hacer con lo que descubrieron. Yo hice mi parte, ellos la suya. Y aún sin energía, agradecí y entregué el resultado.
Escucha tu voz, el camino lo eliges tú.
¿Qué tiene que ver todo lo que estoy contando con el miedo a la libertad? Bastante. A veces, ante una dificultad, nos echamos para atrás. Y es normal que si tenemos a alguien importante para nosotros en contra, nos pensemos el paso que queremos dar. ¡Ojo, he dicho que nos pensemos, no que nos arrepintamos! Porque ser adulto, ser autónomo, ser libre es eso, vivir en coherencia con lo que hemos decidido que es lo mejor para nosotros, lo que queremos en nuestra vida. Y claro que vamos a tener a gente en contra, que nos dirá que antes les caíamos mejor, que ya no somos como éramos antes. Es lógico. Y algunos se marcharán de nuestra vida. Nos bloquearan, actuarán como si estuviéramos muertos. El grupo actúa así en muchos casos, ya lo decía en el post del individuo y el colectivo. Es una presión para que no salgas de la caverna, del redil, de la cadena que te une a la estaca. Sin embargo, tú decides si eres fiel a tu camino, a ti mismo. Habrá gente a la que no le guste, y gente a la que sí. En toda actividad vas a tener personas que te apoyen y que te critiquen. Mejor sigue tu vocecita interior más allá del ruido externo. Los aplausos se acaban, y las bofetadas también. Como decía la fábula, esto también pasará.
El miedo es el medio
Hoy ya vuelvo a tener las baterías cargadas, el sol brilla y tengo la oportunidad de conectarme con mi centro, de volver a mi equilibrio interior. Y sí, decido confiar en mi proceso, con o sin compañía, seguir adelante. El miedo a la libertad, a ser yo misma, es el medio para verificar si me desvío, si me retraso, si es de verdad lo que quiero. Sí, el miedo es el medio, algo más que un juego de palabras o un aforismo en un libro que leí o en una red social. En vez de pelear, puedo ponerlo a mi favor y no detenerme. Solo puedo hacerlo si lo veo, lo observo, lo reconozco y lo acepto. Porque solo desde ahí, puedo ir más allá del miedo, que es donde está lo que quiero alcanzar. Al otro lado del puente colgante que tarde o temprano la vida nos pone delante para que decidamos si queremos o no cruzarlo. Ya tengo la experiencia de haber pasado el Capilano, de dejar atrás lo que ya no resonaba conmigo. Y, aunque pasé miedo, no me arrepiento de mi decisión de atreverme a ser quien soy, de escuchar y de usar mi propia voz.
¿Te resuena? Ya sabes, si te atreves, te leo.
