Malditas comparaciones

Martes, 18 de Junio de 2024. Una de las citas anuales que me gusta visitar es la Feria del Libro (FdL) de Madrid. Me gusta y me agobia a partes iguales. Es impresionante ver esa fila de casetas con miles de libros a la vista de cientos de personas y sus mascotas, carritos, bicis, patinetes, enfrente de ofertas gastronómicas. He ido progresando y de llevar las bolsas que te dan a la hora de comprar, ya he pasado a la mochila. ¿Llegaré en algún momento a recorrerla con maleta? Ya se verá. El caso es que, como persona que se dedica a escribir, la FdL es un referente, una forma de tomarle el pulso al mercado editorial. Además de una oportunidad de encontrarme o reencontrarme con escritores a los que leo, son referencias o conozco en persona. Porque en la FdL hay firmas de escritores, algunos desconocidos para el gran público y otros que dan tickets como si estuvieran esperando su turno en la pescadería. La literatura es cultura y un gran negocio.

¿Qué tiene que ver la FdL con las comparaciones?

Respondo a la pregunta: Mucho. Me gusta escribir, algunos dicen que se me da bien, que comunico y que aporto, que genero emociones con mis textos. ¿Entonces? Una cosa es escribir y otra es darme a conocer, exponerme, eso por mi perfil meditativo me gusta menos. ¿Me he visto en algún momento detrás de una mesa firmando? Estoy segura que me sentiría como los perretes que están esperando a que se les adopte. Y eso en el caso de que se acercara alguien. Sí, lo sé, es un tema de creencias no sé si limitantes, de darme el permiso de vivir esa experiencia. De hecho, a día de hoy, no he hecho presentación de mis libros. Quien me descubre es porque tenía que descubrirme. No lo pongo fácil y no soy de las que tiene madera de influencer o una comunidad de seguidores. Mostrarme me cuesta. Supongo que a como muchos otros. En mi cabeza se dispara la idea de no ser suficientemente buena para vender, el qué van a pensar, qué van a decir… de ahí que escriba Malditas Comparaciones.

Escribir es para valientes y salir en la cámara ya ni te cuento

Me gusta la escritura y el mundo online. Me permite aprender nuevas herramientas, sin encender la cámara. No es porque me distraiga, sino porque yo decido si me muestro o no, y en dónde fijo mi atención, juego con ventaja en la comunicación no verbal con respecto al emisor. El poder de decisión cambia en el modelo de comunicación. A la hora de escribir, no solo elijo el tema, sino también si lo voy a dar a conocer al público. Y he de decir que cuando termino un manuscrito de novela, siempre me planteo si lo publico o se queda en el disco duro. Seguir escribiendo otros manuscritos o dejar la escritura y dedicarme a otra cosa. Sí, este es el momento que estoy atravesando en la actualidad y aun no veo clara la opción que voy a tomar. Publicar implica una serie de cosas que no sé si estoy dispuesta a aceptar de nuevo. La primera es que se compara. Si tienes varias novelas, se comparará con las anteriores. Al autor, con el resto de personas que escriben sobre ese tema. Me acuerdo que hace unos años se puso de moda Roma y salieron a patadas novelas ambientadas en Roma. El ser humano es una comparación constante desde el momento en que vive en sociedad. En las escuelas de escritura, una de las puertas de acceso es que imites a tu autor favorito, lo que lleva una comparación implícita. Se trata de ser parecido a otro que ha conseguido la fama, que comunica con éxito.

¿Por qué te comparas?

Nos acostumbran, como ya he dicho, desde pequeños. En casa, en el colegio con las notas, en la calle… Y no tiene sentido comparar manzanas con limones. Un ejercicio habitual en las escuelas de escritores es proponer una idea y que cada uno de los asistentes escriba un párrafo máximo de ocho líneas. Aunque el tema sea el mismo, cada uno lo lleva a su terreno, cada texto es diferente. Recuerdo que en más de una ocasión, escucho (en presente porque aun me pasa) a los demás, los comentarios que les hacen, y cuando es mi turno, interiormente aparece la justificación y el temor de «no hay comentarios». Ese silencio después de leer que a veces es para soltar el «wow!» y que en mi mente es para soltar el «dedícate a otra cosa y no hagas perder el tiempo«. Es habitual que aparezcan los bloqueos y el para qué seguir. Ya te lo digo, no eres ni mejor, ni peor, eres tú. Cada uno es como es y solo tú puedes ser tú. Parece una obviedad, sin embargo el mundo está lleno de personas que quieren ser copias de otros, de imitadores. Imitar está bien, sin embargo, privas a la sociedad de tu verdadera identidad, de lo que solo tú puedes aportar. Lo llevo a a la escritura porque es mi campo, pero puedes aplicarlo a cualquier circunstancia. ¿Tunear un ferrari para que parezca un volkswagen o el coche más vendido del momento? Parece una tontería, ¿verdad? Nadie lo haría. Cuando te comparas es lo que estás haciendo. Una vez que encuentras tu voz propia, no la ahogues con el autotune, ese aparato que hace que todos los cantantes actuales suenen igual. Entiendo que imites estilos en tu búsqueda, para saber dónde resuenas, que es lo que va más contigo.

Sé tú

Lo recalco con el acento y el modo «negrita». Sé tú. Si no te gusta como eres o las circunstancias que tienes, transfórmate. No por lo que te digan los demás, aun con la mejor de las intenciones. Si quieres compararte, que sea contigo. Y no porque yo lo diga a través de estas líneas, sino porque así lo sientes, así lo piensas, así lo intuyes. Sin culpabilidad. Es importante desterrarla del proceso de autoconocimiento. A quien no le gustes, que los habrá como hay gente que les gustan otras opciones, le das las gracias por darte un punto de vista diferente, y sigues en tu proceso. Un ejemplo actual, hay clubes deportivos que tienen un proyecto claro y otros que se comparan constantemente con sus rivales. Los segundos solo reaccionan, en una carrera que no van a ganar jamás. Porque si pones el foco en el otro en vez de en ti, siempre vas a remolque, reaccionas, no actúas. Eres «anti», tu razón de ser está en la existencia de otro, sea cual sea su propuesta. Si ese otro desaparece ¿qué eres tú?

Los autores de la FdL sin gente esperando para firmarles se exponían. ¿Era un fracaso? No, una experiencia. Algunos, se leía en sus ojos que no tenían nada que demostrar, que estaban agradecidos a lo que estaban viviendo y a cada persona que se acercaba a ellos. Es un escaparate que no está hecho para narcisistas. Son gente que se atrevieron a salir de su comodidad, a mostrarse, a darse a conocer. Seguro que querrían llegar a mucha gente, sin embargo, ya habían dado el primer paso. Hay muchos que no llegan y otros que ni se lo plantean. ¿Me veré en una tesitura así? No lo sé. Reconozco el valor de quien lo hace, sin importar si es con una gran editorial o con una pequeña. En mi proceso estoy aprendiendo a no compararme, a ser libre en ese aspecto.

¿Te resuena? Ya sabes, si te atreves, estaré encantada de leerte. Que pases una fantástica semana.