La grandeza de la vida

La grandeza de la vida se ve en las pequeñas cosas, una cascada, un ramillete de flores, una puesta de sol. Si podemos disfrutar de eso, la vida cambia. No hacen falta grandes maravillas para disfrutar y ver las cosas tal como son. Hoy me he acordado de ello gracias a mi bebe. Al acariciarme la tripa, me ha dado una patada. Y no es que no me dé pataditas, que lo hace a menudo, pero esa en particular, me ha alegrado el día. Me dolía el cuello, estaba sola, era un día normal; pero una de sus pataditas me ha recordado que la vida se abre paso en medio de las dificultades. Cuando parece que las cosas van mal, una simple patadita, ayuda a salir del negro y ver la enorme paleta de colores de la vida.

Esta tarde, al dar nuestro paseo, mi marido y yo hemos visto una taberna irlandesa. Me encantan. Sirven unas pintas de cerveza negra estupendas. Tras el paseo, hemos entrado a tomar algo. Un pequeño momento en el día que ha servido para estar juntos y disfrutar algo tan simple como unas tostas, un pincho de tortilla con tomate y una cerveza, en mi caso, sin alcohol. Una conversación tranquila, relajada, sencilla. Algo que ha cambiado un dia normal, en un día especial. Porque todos los días son especiales si consigo encontrar ese momento especial. De mi depende encontrar la grandeza de mi día. No es necesario hacer algo impresionante. Porque no a todos nos pasan cosas impresionantes pero sí que podemos tener días especiales.

Una de las lecciones que he aprendido en todo este tiempo de baja es que los buenos detalles los buscamos nosotros mismos. La canción decía que la vida te da sorpresas; pero más que darlas, somos nosotros los que tenemos que buscarlas. Si no juego a la lotería, no puede tocarme. Si no ando, no llego a ningun sitio. Si no estudio, no aprendo. Contamos con el mayor potencial, que es nuestro verdadero yo. Y para llegar a hacer algo, lo primero que hay que hacer es decidirnos. Nuestra vida no puede cambiar si yo no decido que tiene que cambiar. En la decisión está la responsabilidad y la fuerza necesaria para intentarlo.

Cada vez que escribo un texto, pienso primero en una imagen, después en el título, que engloba la idea del texto, y por último me pongo a escribir. Prefiero hacerlo por la tarde porque así he podido pensar. Bueno y también porque por las mañanas no soy persona, sino sólo un trozo de carne con arcadas. En fin, volviendo al texto, suelo tener una idea en la cabeza y a partir de ella dejo que salgan cosas. A veces en plan escritura libre, dejando que las manos escriban sin control. Una idea puede ser explorada desde muchos puntos de vista. Y se pueden usar muchas palabras o pocas, dependiendo de lo interesante de la idea. Es como un nuevo paisaje, con numerosos caminos. O como esos juegos modernos con escenarios de mil escondites, en los cuales tienes que pasar por todos para completar el juego.

Las ideas al igual que vienen, se van y lo que era un texto entrelazado se convierte en un parón medio obligado. Se trata de volver a escribir y dejar que la mente vuelva a su punto de origen. A veces funciona y otras veces no. Cuando sale negativo, suele ser una oportunidad de elegir otra cosa. En el día a día pasa lo mismo. Tomas una decisión, te planteas hacer una serie de cosas y como no tengas una especie de guión, una decisión te puede llevar al sitio menos esperado. Las sorpresas existen y es algo bueno. Es genial dejarse sorprender. Poder ver una película, y al volver a verla disfrutarla también. Es curioso, ves una peli en el cine con alguien y luego la ves en la tele. A veces terminas hablando de ella como si el otro no la hubiera visto, y si te metes en la peli, la vives, la haces presente en tu realidad. Puedes aprender cosas nuevas.

Las decisiones nos muestran la grandeza de la vida. Es un acto de voluntad que tenemos que hacer cada dia, para llegar o para quedarte. Todo depende de mi. Y voy mas allá, puedo hacer algo bueno y que nadie lo sepa. No se puede medir lo bueno de un dia en casa, los beneficios para mi bebé. No se ven, a simple vista. Mi pequeño no sabrá nunca lo que ha hecho su madre para que él esté sano y nazca bien. Bueno, su madre y su padre, que se esfuerzan y tomaron la decisión de vivir abiertos a la vida. Lo buscamos y lo queríamos, tomamos la decisión de que si podíamos seríamos padres. Y esa decisión, nos ha cambiado la vida. Una vez mas, un pequeño acto nos muestra la grandeza de la vida. Y despacito, la vida siempre se abre paso. Aun me queda para tener a mi pequeño entre mis brazos; pero un día más, él ha cambiado me ha cambiado la forma de ver las cosas. Alguien tan pequeño, que no debe pesar mas de 700 gramos consigue alegrar a una persona adulta. Una pequeña gota que puede ser el principio de una gran cascada.