El arte de comunicarse

Parece que por el mero hecho de saber un lenguaje, el ser humano es capaz de comunicarse. Me temo que es algo más complejo. Los seres humanos somos seres sociales, no se nos puede entender solos. Incluso los ermitaños necesitan dialogar, con Dios o con aquello en lo que creen. Y no sólo nos comunicamos con las palabras. Nuestro aspecto, nuestros gestos hasta nuestra forma de reaccionar a determinadas circunstancias pueden comunicar. Y no siempre controlamos lo que queremos comunicar. Una frase como por ejemplo: 

Lo pensamos

Tiene diferentes significados, dependiendo de la persona que lo diga y quien lo escucha. Si yo se la digo a un cliente, significa en la mayoría de los casos que estudiaremos la propuesta que nos hace; pero si se la digo a mi marido en un paseo, es posible que sea una forma de decir que no me convence y que me tiene que dar mas argumentos, o también puede significar que estoy distraida o que no me interesa. Evidentemente también significará que tenemos que pensar la propuesta.

Una misma frase dependiendo de quien la escuche varia de significado. Y con los gestos, con la llamada comunicación no verbal ocurre lo mismo. Por no hablar de lo engañoso que puede llegar a resultar el lenguaje, en su infinidad de categorías (verbal, matemático…). No podemos olvidar que el lenguaje es una expresión humana, inventada por los hombres, por lo que está sujeta a errores y engaños. Contaré algo que me pasó ayer mismo. Estaba leyendo una noticia y me llamó la atención que una persona hablaba de una palabra y por lo que decía se podía entender que no sabía a lo que se estaba refiriendo. La palabra en cuestión es 

Agnosticismo

y la persona indicaba que los agnósticos eran intolerantes, que no creían en Dios lo que les privaba de valores ferreos y les sumía en el relativismo, algo que intentaban imponer a los creyentes. Me extrañó porque yo no entendía que era eso el agnosticismo por lo que busco la definición de Agnosticismo en el diccionario de la Real Academia Española, y encuentro: 

Agnosticismo. (De agnóstico). m. Actitud filosófica que declara inaccesible al entendimiento humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende la experiencia

Por lo que entiendo que el agnóstico es aquel que declara que no puede conocer todo aquello que trasciende la experiencia, pero no niega su existencia. Es decir, un agnóstico es aquel que no tiene sabe si Dios existe o no, por lo que no pueden creer. Para mi eso es una puerta abierta, porque en el momento que tengan una experiencia de Dios dejarán de ser agnósticos, lo que no puede hacerles intolerantes, pues si están abiertos a una posibilidad serán tolerantes con aquellos que tienen esa experiencia. Efectivamente no se puede hablar de que tengan moral respecto a los valores de los creyentes; pero sí que pueden tener ética.

No puede ser relativismo cuando hay una búsqueda de la verdad. Siempre me han dicho que la fe es un don de Dios, por lo que puedo entender que haya personas que tengan ese don y personas que no, porque cada persona tiene diferentes dones a los demás. Y si un agnóstico está buscando, eso les hace estar abiertos a los demás, por lo que dificilmente podrán imponer su agnosticismo a los demás.

Lo que me hace concluir con que la misma palabra, a la persona que leí ayer le transmitía una serie de ideas y a mi otras bien distintas. Por eso digo que comunicarse es mas complejo de lo que parece. De hecho hay cursos y estudios de comunicación interpersonal en muchos aspectos. Uno de los mas importantes es cuando hablamos de comunicar sentimientos, de lo que somos realmente cada uno de nosotros. No vamos por la calle, paramos al primero que pasa y le decimos quien soy. Primero porque habría que ver si la otra persona se paraba y no ponía de «¿qué me estás contando tía?» y segundo porque tenemos auténtico pavor a darnos a conocer. Solemos abrirnos a personas muy cercanas a nosotros y siempre con la reserva de «¿Qué pensará de mi si le digo esto?». También hay que contar con que para decirle a alguien cómo soy, primero tengo que saberlo yo. Y eso es mucho mas difícil de lo que parece.

Hablar con uno mismo es correr el riesgo de ser tenido por loco. Actualmente, tenemos poco tiempo para pasar con nosotros mismos, escucharnos y conocernos. A veces te dan ganas de ponerte a pensar en voz alta, con el móvil en la oreja, para que parezca que estás hablando con otra persona. Vivimos en una sociedad y el juicio de los demás nos importa demasiado. Somos seres sociales para bien y para mal. Nos relacionamos y en esas relaciones entendemos a los demás y a nosotros mismos en la medida en que nos volcamos, nos abrimos. Compartimos conocimiento. Pondré un ejemplo de lo que digo: cuando vas a conocer a alguien, sea quien sea, buscas dar buena impresión, cuidas tu aspecto y diría que hasta mides tus palabras. No es lo mismo conocer a un chico, que cuando estás casada y te ve recién levantada, con la legaña, el pelo de punta y con cara de sueño. No aparecería igual ante un extraño que ante mi marido, porque el extraño podría echar a correr, mi marido ya me ha visto así muchas veces. Efectivamente yo no sabría la pinta que tengo recién levantada si nunca me he mirado yo primero a un espejo y me he visto.

En la vida pasa algo parecido, en la amistad, en la familia, en el trabajo. De hecho diría que cada uno de nosotros nos comportamos de manera distinta dependiendo de dónde estemos. Yo no soy la misma cuando estoy con mis amigos, a cuando estoy en el trabajo, o cuando estoy con mi marido. Bueno, para explicarme correctamente, soy la misma pero mi manera de mostrarme a los demás no es la misma. Y el que diga que se comporta igual en todos los ambitos, me temo que no se conoce. Es como cuando dibujamos, depende de donde te pongas para tener una perspectiva u otra de un mismo objeto.

Pienso ahora en cómo nos afecta ese hecho de mostrarnos en público para entendernos a nosotros mismos. Si yo confío en una persona y me dice constantemente que no tengo arreglo, al final puedo creerme que no tengo arreglo, que soy así y actuar en consecuencia, aunque en realidad no sea como esa persona piensa que soy. Estoy segura que personas que pertenecen a mi pasado yo soy una mujer completamente distinta de la que soy a la que conoce mi marido. Si viviera siempre de cara afuera, estaría intentando siempre caer bien a todos, algo que sería materialmente imposible. Sin embargo, las relaciones que mantenemos con algunas personas son distintas. Por ejemplo en la relación que mantengo con mi marido, llegó un momento en el que le dije algo parecido a «Ésta soy yo, no hay mas, defectos y virtudes» y de esa comunicación total, de ese respeto por el otro nació el compromiso que nos une. Por supuesto que cada día nos vamos conociendo un poco mejor, nos entendemos y los dos podemos ser tal cual somos, sin caretas ni disfraces. Comprendo que una relación así, sólo se puede tener con una persona, aunque las amistades de verdad puedan estar cerca, un peldaño mas abajo. Y esa relación unica es la que me permite crecer personalmente, madurar de forma positiva.

Una relación única que tiene que ser recíproca para que estemos compartiendo. Si yo hablo, el otro me tiene que escuchar. Y una cosa es oir y otra cosa es escuchar. Entiendo que escuchar es acoger lo que el otro te quiere decir como un regalo, entendiendo que es algo que le sale de dentro y que es muy importante, tanto que tengo que intentar ponerme en su lugar. Lo que significa una escucha activa, no oir ruidos sin pensar nada. Es distinto escuchar a mi marido que verle mover los labios con los cascos puestos. Por lo que comunicar es hablar y escuchar, compartir vivencias, lo que somos, en el mismo nivel. A mi me ha pasado varias veces, te acercas a una persona para hablar y parece que está en un púlpito subido, poseedor de la verdad absoluta, que me juzga y me dice lo que tengo que hacer como si fuera una especie de médico sabelotodo. No valorando lo que quiero darle. Ni que decir tiene que siempre me he rebelado contra los sabelotodos y más cuando desde su altura me decían que no aceptaba sus recetas por orgullo. Creo que estoy viva y que me merezco al menos que se respeten las ideas, no me intenten convencer al estilo «esto es así porque yo lo digo». No. Una de las frases que más me han marcado en mi vida es 

Aseguraos de las cosas ciertas

y no es entrar en una duda total, no, es tener razones personales de que eso es así y mi experiencia me dice que es verdad.

En mi trabajo, una cosa importante es saber lo que los clientes me quieren decir, porque si sé lo que quieren, podré orientarles en si es posible o no y llegaré antes a mis objetivos. Y eso tiene que ser en conversaciones de unos pocos minutos. Y he descubierto que es cierta esa frase que dice: 

Tenemos dos orejas y una sola boca, ¿será para indicarnos que escuchar es mas importante que hablar? ¿Será para decirnos que para hablar primero tenemos que saber escuchar?

Muchos de los malentendidos del mensaje que nos quieren decir se anularían si supíeramos escuchar. Y repito, al primero que tenemos que escuchar es a mi propio yo. Nada vale saber escuchar a los demás si no nos escuchamos a nosotros mismos.

Para comunicarnos tenemos que tener en cuenta que además de hablar y de escuchar hay que partir de que el mundo es distinto a nosotros. Los demás no son como a nosotros nos gustaría que fueran, no podemos controlarlos, sino que son un regalo y que existe la posibilidad que no nos guste. Por lo tanto, cuando nos comunicamos con alguien, existe una posibilidad de que lo que nos digan no nos guste y tenemos que aceptarla. No significa que nos cambie, sino que nos haga pensar. Aceptar su punto de vista, para reforzar el nuestro o ver si estamos equivocados.

Como se ve, comunicarse es un arte que nos llevará toda la vida, estudio, atención y aprendizaje incluidos. ¿El esfuerzo merece la pena? Personalmente creo que sí, que es un arte que merece la pena en sí mismo, no para ponerme en plan narcisista, de los que escriben adornándose y sólo por el mero placer de leerse a ellos mismos y regodearse en lo bien que lo hacen. Comunicarse es darse al otro y recibir el don que es el otro como un regalo. Ganan las dos partes, porque se construyen mejor.