Para quien no lo sepa, se está fraguando una especie de polémica sobre la existencia de Dios gracias a una campaña publicitaria de la asociación de ateos. Resulta que están poniendo anuncios en los autobuses de varias ciudades, no sólo en España, con una campaña que dice algo así como, «Dios no existe así que deja de preocuparte y vive». Vamos, como si el ser creyente fuera una preocupación o una losa para la vida. Yo respeto a cada uno, pero gastarse el dinero de una subvención (porque seguro que tienen subvención) en este tipo de campañas es para mí, una soberana tontería. ¿Por qué? Porque en lo que se refiere a Dios cada uno tiene una posición y estoy convencida de que es difícil de cambiar. Son creencias y eso en muchos casos es inamovible. Por no hablar de que para negar algo tiene que existir. Pero no voy a entrar en debates filosóficos y teológicos sobre la existencia de Dios. Porque estamos en tiempo de crisis y lo que parece interesante es hablar de cómo sobrevivir en nuestro día a día más que las grandes cuestiones de siempre: Ser-Dios-Mundo.
¿Para qué gastar el dinero en este tipo de campañas? ¿Por provocar? ¿Por hacerse presente en la sociedad? No sé, no le veo demasiado sentido. Entendería que se gastaran el dinero para hablar de la guerra en Palestina, o para quejarse del canon digital, de las subidas de la vida… hasta de las cosas absurdas que aceptamos como normales… pero lo de Dios, es una manera de que hablen de ellos, de hacerse famosillos un ratito. Y en el otro extremo, las respuestas de los creyentes en plan más campañas a favor de Dios. Vamos, que las agencias de publicidad se están haciendo de oro.
Por mi parte yo creo, sinceramente, que Dios se lo debe estar pasando bomba con las ocurrencias de unos y de otros. Porque si estoy convencida de algo es que Dios es mucho más divertido de lo que lo pintan y que tiene un sentido del humor fuera de serie. Ser creyente aporta muchas cosas en mi vida y me hace feliz. Hace precisamente que viva menos preocupada que los que no lo son, porque creo en la Misericordia de Dios, en que me cuida y en que todo lo que me ocurre tiene un por qué. Por lo que, más que preocuparme, me hace caminar por el mundo más ligero. No tengo que cubrir expectativas, puedo fracasar sabiendo que alguien me ama tal como soy, con mis virtudes y mis fallos, puedo aceptarlo todo como un regalo. Porque las personas que nos rodean son regalos y como tal hay que acogerlos. Cómo cámbia la manera de comportarse cuando nos descubrimos queridos por lo que somos, no por quienes somos, por nuestros títulos. Y cómo cambia el hecho de acoger a los demás sin pretender cambiarlos porque son preciosos tal como son.
El mundo ya está demasiado lleno de copias baratas de cosas de dudosa calidad. En este tiempo en que todo el mundo anda haciendo propósitos de difícil cumplimiento, de cambios de regalos de dudoso gusto, hablar de ser un regalo para los demás, de la manera de acoger a los que nos rodean suena como un poco, digámoslo, ñoño. Pero quiero dejar estas pinceladas de ideas en un día que me ha resultado agotador. ¿Por qué? bueno, con esto de trabajar un dia y otro no, no hay manera de pillar el ritmo óptimo de trabajo y es un poco caótico. Estoy deseando volver a la normalidad dentro de los cambios habituales que se producen cada semana en mi departamento.
