Martes, 11 de junio de 2024. Este es el típico artículo que no quiero escribir. Entonces ¿Para qué lo hago? Bueno, no quiero escribirlo porque ¿a quién le gusta reconocer que se ha equivocado al confiar en personas que no se lo merecían? ¿A quién le gusta reconocer que la han utilizado como si fuera un pañuelo de papel, por lo que podían sacar de ti? ¿Le hará gracia al Andrés del refranero pasar a la historia por el falso querer de quien le rodeaba? Ya sabéis «Por el interés, te quiero Andrés«. Podría echar pestes contra esa gente tóxica, que parecen buena gente y al final te demuestran que había un interés oculto. Esos compañeros de trabajo que te dedican una sonrisa y detrás tienen el puñal, que te mienten a la cara para ascender y encima te piden que les rías las gracias. Esos «amigos», «familiares» que te piden mil favores, que te echan en cara todo lo que hicieron por tí una vez, cuando realmente no hicieron ni la mitad de lo que tú hiciste por ellos y sientes que es un continuo soborno, una deuda cuyo pago no te corresponde. Y cuando llegas al hartazgo, a decir que no quieres que te utilicen ni un minuto más, entonces eres mala.

Ante cualquier situación, dos opciones

Si en un viaje lo más importante es la compañía, ante la vida lo esencial es tu actitud. Puedes ver las circunstancias de tu vida sin apegarte a ellas. A veces lo más sano es reaccionar justo con lo contrario que sería tu primera opción. Un ejemplo: si toca llorar, puedes elegir reír. Con eso no estoy diciendo que vayas a un funeral partido de la risa, o que te tomes la traición a cachondeo. Me refiero a que no te lo tomes como una ofensa a tu persona, sino que seas capaz de observarlo desde otra perspectiva. Tú decides tu actitud, nadie puede quitarte esa libertad. Un ejemplo muy visual lo podemos encontrar en la película «la vida es bella», por muy duras, injustas, dolorosas que sean las circunstancias, puedes desapegarte de ellas y mostrar otra cara a tu «niño interior». ¿Habéis visto alguno de esos vídeos que se llaman «fails«? En ellos suelen verse caídas, gente haciendo el tonto o creyendo que están por encima de las leyes de la física. La mayoría de ellos provocan risas. Estoy pensando en los habituales que se columpian en una cuerda para lanzarse a un río, a un lago, a una piscina, y terminan cayéndose de un modo ridículo en la orilla.

Ridiculous!

Los fans de Harry Potter sabemos bien lo que es el encantamiento Ridiculous! Convierte el miedo en risa, quítale su poder paralizante. ¿Qué tiene que ver con lo que estoy hablando? Hay una enseñanza muy potente detrás de esa filosofía. Lo primero porque tú decides tu actitud frente a lo que te da miedo. Lo escuchas pero no te detiene, le das respuesta. Si te da miedo por ejemplo el profesor Snape, vístele con la ropa hortera de tu tía abuela. Si te dan miedo las arañas, imagínate cómo sería que tuvieran un patin de ruedas en cada pata. El miedo nos paraliza, nos bloquea ante un desafío. Es bueno verlo, reconocerlo pero no quedarse en él. De ahí la respuesta de Ridiculous! Pones distancia para poder observar y todo cambia. Puedes ver lo que tienes que aceptar de esa situación, su aprendizaje y es tu decisión quererlo o soltarlo. Puedes observar toda tu vida desde ese desapego. Lo que te ocurre no es para que te sumerjas en la amargura, sino para que sueltes, des prioridad, aprendas y evoluciones. Sea lo que sea. No te aferres al miedo. No tengas miedo a perder lo que crees que es indispensable para tí. En la mayoría de los casos, no es tan indispensable, solo es la mal llamada zona de confort.

Desapego

Una de las mayores lecciones vitales es el desapego. Lo vemos con claridad en lo que se refiere a las cosas materiales. No te apegas a un coche que se cae a pedazos si tienes acceso a uno nuevo. O a la ropa que ya no te cabe. Si no se adapta a tu bienestar, es natural que cambies el armario. Cuesta un poco más cuando son tus emociones lo que tienes que soltar. ¿Tienes o quieres? Ahí está la primera señal. No es lo mismo «Tengo que«, una obligación que puede venir de fuera a «quiero«, una decisión que viene de dentro. El tengo que conlleva tensión, lucha. No le prestamos atención a nuestra forma de hablar con los demás, con nosotros mismos, y así nos va. Una vez más, en este mundo dual, podemos elegir entre el tener que o el quiero. ¿Por qué no funcionan la mayoría de los propósitos de año nuevo? Porque se hacen desde el «tengo que». Cambia el planteamiento de «tengo que desapegarme» a «quiero desapegarme». Si un trabajo, una relación, una emoción te hace daño, ¿por qué te aferras? Quien termina tragando veneno eres tú. Claro que es importante pagar las facturas, sin embargo puedes también hay otras maneras. Si no la hubiera, todos seríamos funcionarios. Puede tener menos estabilidad, aunque ya sabes que nada es para siempre. Por mucha plaza fija que tengas, si el ambiente no es bueno, esa incomodidad es señal de que es hora de cambiar, de soltar amarras. Las únicas que no se mueven son las piedras inertes y a veces ni eso porque puede llegar una pierna externa y darle un puntapie.

Desapego de tus emociones

Es normal sentirte traicionado, infravalorado. Puedes quedarte en esa emoción o bien desapegarte de ella. Si alguien te falla, recuerda que en esta vida imperfecta tú también lo harás, si no lo has hecho ya. Nos apegamos a las emociones, tanto a las buenas como a las malas. El amor puede ser destructivo. Que se lo pregunten, por ejemplo a Medea. Empezaba el artículo con estas preguntas: ¿a quién le gusta reconocer que se ha equivocado al confiar en personas que no se lo merecían? ¿A quién le gusta reconocer que la han utilizado como si fuera un pañuelo de papel, por lo que podían sacar de ti? ¿Le hará gracia al Andrés del refranero pasar a la historia por el falso querer de quien le rodeaba? También puedo desapegarme de las emociones que provocan, dejar de cargar con esa culpa, con esa desconfianza, con ese malestar que hace daño, hasta provocar enfermedades. Está más que comprobado que el factor emocional afecta al cuerpo en modo de contracturas, problemas visuales, hernias o enfermedades más graves. Lleva tiempo ejercitar el desapego, que las reacciones de los demás no te afecten, que tus emociones no tomen el control de tu vida. Cambia la forma de ver el sufrimiento. Hay que entrenarlo, asimilarlo. Es un objetivo que merece el esfuerzo. Supone una liberación, una serenidad y un bienestar impensable.

¿Te resuena? Ya sabes, si te atreves, te leo. Que pases una fantástica semana