Demasiado buenos, demasiadas sombras

Martes 23 de abril de 2024. Felicidades a todos los que hoy celebran cosas, desde el día del Libro al de la Comunidad. Dicen que el que avisa no es traidor, asi que te lo digo nada más empezar. Este artículo es largo y está editado. Si llegas al final, ya te doy las gracias. En otros, vuelco lo que me sale el martes por la mañana teniendo más o menos claro de lo que voy a tratar. Hoy no es así y te lo quiero explicar. A veces, los dedos corren solos por las teclas en una especie de escritura automática, sin mente. Reconozco que es cuando más libre me siento y más me hace perder la noción del tiempo porque pasa de las emociones, del inconsciente, a la pantalla sin registrar, sin juzgar. Quien escribe seguro que conoce esa sensación. Y quien no escribe, gracias al libro de Flow (Fluir) cuyo autor siempre pronuncio mal, puede vivirlo en otros ámbitos de la vida. ¿Qué ocurre entonces? Pues que con temas que son sensibles, que afectan a las emociones, a veces es preferible cierta mesura a vomitar palabras y luego darte cuenta que se te han ido las formas. Tengas o no tengas razón, sea cierto en totalidad o en particular, la mesura es muestra de madurez y de capacidad de observación.

¿De dónde viene el tema?

Hoy, para mí que es lo que más celebro, es el día del Libro y entre los muchos de la estantería de pendientes, hoy me decanto a tratar el nuevo de Xavier Guix «el problema de ser demasiado buenos«. No voy a hacer spoiler, ni una crítica literaria porque aun no lo he acabado y es uno de esos libros de lectura calmada, con el bloc de notas abierto. ¿Recomiendo su lectura? Si te llama la atención, si te resuena el título o te chirría, sí, porque no es un manual tocho de psicología, explica con sencillez temas de Análisis Transaccional, de creencias limitantes y otros temas que para los que nos interesa el crecimiento personal, tanto el propio como el del colectivo, nos da unas herramientas bastante potentes para nuestro día a día. A mi, por lo menos, me ha traído recuerdos de otros libros y ha venido además de la mano del «Síndrome de la impostura» de Valerie Young y algo más llamativo, una fábula con enjundia, «La bruja que perdió su magia» de Sonia Rico. Lo sé, estoy citando muchos libros, pero hoy me lo permito, es su día y son lecturas muy interesantes.

¿Al lío?

Se entremezclan los temas en mi cabeza. Me gustaría hablar de lo que conlleva ser demasiado buenos. Espero lograrlo y comunicarme. Me remito al título del articulo, porque estoy convencida que en muchos casos, ser demasiado buenos es perjudicial, primero de ser tan bueno te pueden considerar tonto, un felpudo o un cubo de basura y segundo porque por alcanzar ese ideal de bondad, de aceptación, de pertenencia, puedes estar reprimiéndote a lo bestia y dejar de ser quien eres. Por querer ser buenos, en esa bondad que nos ha marcado la sociedad desde la infancia, podemos olvidarnos de nosotros mismos, podemos aceptar estar mal porque los demás estén bien. Y eso no es correcto. Nos lo enseñan desde pequeños. ¡Ojo! No es que nuestros padres sean malos, o quieran hacernos daño, es que a ellos se lo inculcaron a su vez sus padres y a ellos los suyos y así podríamos ir hacia atrás generaciones y generaciones. Empiezo a pensar que nuestros antepasados eran mejores programadores que los que ahora manejan la Inteligencia Artificial y toda nuestra tecnología. Repetimos un patrón, y seguro que lo he dicho más de una vez, de «si eres bueno, te quiero mucho«. Y así, los buenos obedecen, se portan bien, hasta el punto de tener miedo de no hacerlo y de tener ira que contienen por tener miedo a que les tomen por locos. No importa si te destroza por dentro, si es justo o injusto, si te infravalora o menosprecia. Y si es un constante, se acumula hasta que tarde o temprano, como si fuera una olla a presión, estallas. Con algunos individuos funciona perfectamente y lo seguirán llevando a cabo. Otros, las ovejas negras, sienten que no encajan y terminan siendo desterrados de un clan que cree que con eso se les enseña y solo es un mísero chantaje emocional que abre las puertas a mucho aprendizaje y crecimiento.

Los buenos se prestan con prontitud a ayudar

Otro melón interesante. La gente que es buena, enseguida se presta para ayudar. Y es un error. Va a sonar duro, pero no tienes que ayudar. ¿Cómo dices? No des tu ayuda si no te la piden, y si te la piden, primero pregúntate si eres el más capacitado, si tienes tiempo y si tienes ganas. De no hacerlo, entras en la posición de «Salvador» del Triángulo de Karpman, entras en los juegos psicológicos. Si quieres entrar, adelante, eres libre de tomar tus decisiones y hacerte responsable de ellas, aunque no lo recomiendo, porque no suelen acabar bien. Con toda tu buena intención, por esa creencia de ser buena persona, entras y es posible que pasado un tiempo, te reclamen que sigas, te lo exijan y te lo echen en cara si no lo hacen como esperas. Quizá con un ejemplo se vea mejor. Desde hace tiempo tengo coche propio y al principio no me importaba llevarlo. Hasta aqui todo bien, hasta que alguno se tomó demasiadas confianzas y casi me exigía que fuera su chófer y estuviera disponible. Le sentó bastante mal que me negara y ahí se demostró que más que amistad, eso era puro interés. Cosas de ser demasiado buenos. ¡Ojo! todos hemos pasado por las tres posiciones, Perseguidor-Salvador-Víctima. También desde la más tierna infancia puedes presenciar juegos psicológicos. ¿Quieres tener una sesión en directo? Cualquier reunión familiar, de amistad o laboral te vale, si lo observas un poquito, aparecen, lo tenemos insertado en el programa casi de forma automática. Es tu decisión si quieres jugar o no. Y la decisión que tomes, siempre conlleva consecuencias. Decidir ayudar en un momento concreto no es un contrato vinculante para la eternidad. Puedes entrar con tu buena intención a ayudar a una persona y dejar de hacerlo si ves que eso es perjudicial para ti o para ella. Puede que se enfade, que te grite, que te lo eche en cara. No pierdas la calma, si lo crees, mantén tu criterio. Y lo repito, no des tu ayuda si no te la piden. Deja que la otra persona, aunque sea alguien a quien quieres, tome sus decisiones y reciba sus aprendizajes, madure, sea adulto capaz de poner límites, explorar y arriesgar. Por querer facilitar, puedes romper el capullo de la mariposa antes de que sus alas estén preparadas para volar. Tú crees que la haces un favor, pero es lo contrario.

¿Cómo afecta a los que son demasiado buenos?

Demasiada bondad no da la felicidad. Creo que hasta la quita. Vives en una incoherencia, en una extraña exigencia moralista que te ahoga en quien realmente eres. Buscas las caricias positivas y se te olvida que nadie puede darte lo que te falta. ¡Boom! Si te estalla la cabeza, es normal. ¿Por qué crees que están de moda los famosos libros de autoayuda, los seminarios motivacionales, los talleres de crecimiento personal? Aqui, ya te lo digo, he editado mucho. Hay grandes profesionales, y es lícito que cobren por ello, y hay grandes manipuladores de masas, charlatanes que se aprovechan de la poca gestión emocional y de las dificultades de la gente. No voy a dar nombres, pero sí que quiero decir que es muy importante el lema más conocido de Spiderman, del tío Ben: «Un gran poder conlleva una gran responsabilidad«. Y me gusta hablar de poder, por lo que supone en estos términos en la escala energética de mapa de la conciencia del Dr. David R. Hawkins. Y no es lo mismo tratar a las personas desde el poder que desde la fuerza. Puedes generar estados de euforia, en los que la persona se cree capaz de todo con dinámicas de alto impacto para que al salir se encuentren el datáfono y compren por un pastón un programa que aumentará las arcas de los facilitadores. También puedes generar estados de gran responsabilidad a través de la emoción de la culpa, de vacío, de ser responsable y sentir vergüenza y pasar de nuevo por el datáfono. Tanto la euforia como la culpa y la vergüenza son estados que se pueden provocar y fomentar. Los buenos profesionales saben del peligro de esas técnicas y lo perjudiciales y sectarias que son en ambos casos. Sí, la palabra «sectaria» es porque el funcionamiento de esos grupos puede llegar a comportamientos sectarios, destructivos. La historia está llena de ejemplos abusivos hasta en materia religiosa y espiritual. Porque parece que siempre es alguien de fuera quien tiene que «salvarte» de tu error, de no saber, de tu no poder, una figura de autoridad, un líder, hasta «papá Estado o mamá tribu, comunidad de creyentes». De nuevo el rol de «salvador», de nuevo los juegos psicológicos. No soy de dar consejos, pero si algo te chirría, es posible que te tomen por alguien demasiado bueno, una cuenta corriente andante, un ser dependiente, niño sumiso y obediente, sin capacidad de pensar por si mismo. Un profesional de verdad, es como un buen maestro, no crea seguidores dependientes, sino que acompaña a otros a descubrir su talento, su maestría, desde emociones de poder. Si te interesa este tema, la obra del Dr. Hawkins es muy ilustrativa.

¿Entonces?

Entonces, para ir acabando, lo esencial es tu decisión, ese fluir del que hablaba al principio del post, ese equilibrio y toma de conciencia de tus decisiones. No dejar esa responsabilidad en manos de otros, sino que si es tu vida y quieres madurar, toma tu responsabilidad más allá del qué dirán, te tomen por loco, tonto o demasiado bueno. Ser adulto es eso, observar la realidad sin el extremo de ni todo es tan bueno ni todo es tan malo, y decidir. En lo que aciertes, te hará crecer y en lo que te equivoques, te hará aprender. Las dos opciones son posibles. Siempre hay ganancia. Todo es para tu proceso personal. Ya, ya sé que parece una frase hecha, manoseada y deformada en su contenido. Ya te digo que en ese proceso de ser tú, habrá voces discordantes en tu interior y en tu exterior. A la gente que te rodea puede chocarle que te plantes, hasta que te lo echen en cara. Pero es tu vida, es tu decisión. Los que se vayan, que se irán, dejarán paso a otros que quieran conocerte y compartir camino contigo. Ley de vida. Y, no te voy a engañar, sí, habrá momentos de travesía en el desierto, de soledad, de sentirte incomprendido. De ahí la imagen que ilustra el post. Puede que tengas ganas de ponerte la careta, o la bolsa en la cara y fingir lo que no eres. ¿Te hará feliz? Demasiado bueno y creo que ya has visto que eso conlleva demasiadas sombras. ¿Dispuesto a pagar ese precio? En los grandes momentos de la vida, en tu interior, estamos solos para comprender que tras ese miedo, esa decisión que solo tú puedes tomar, hay algo más. Pero eso no es el tema que nos compete en este momento. Lo siento, soy escritora, sé jugar con el misterio y el suspense y créeme que eso es estar a las puertas del Gran Misterio.

¿Te resuena? Hoy más que nunca, gracias por llegar hasta aqui y si te atreves, te leo, que pases una gran semana.