Decisiones personales

Un martes más, con retraso a la hora de publicar, me acerco a la cita semanal con el blog. Las ideas para temas a tratar bullen. Es lo habitual cuando miras lo que te rodea con ojos de escritor, escritora en mi caso. Cualquier pequeño detalle, por sutil que parezca, puede ser un estupendo punto de partida para una historia trepidante.

¿Confías en tus decisiones?

La sabiduría popular es rica en aforismos sobre la confianza. Desde los que hablan de las primeras impresiones que nos provocan los otros, hasta los que la asumen como un gran valor. Vivimos en una actualidad donde nos cuesta confiar. Vemos a un mago haciendo uno de sus juegos y estamos más pendientes de localizar el truco que de disfrutar de la ilusión. Pensamos en nuevos proyectos y, sin temor a equivocarme, aparecen los dos grupos: los animadores y los desanimadores. Si hablamos de emprender, de los inicios, de darnos a conocer, es toda una carrera de obstáculos. Ya no te digo nada si cometemos el atrevimiento de buscar nuestra forma de vivir y no es la que es «políticamente correcta». El bombardeo hacia nuestra autoconfianza es total.

¿Por qué nos cuesta confiar en nosotros mismos?

Por miedo a equivocarnos. Así de simple. Lo he comprobado estos últimos días con los talleres de crecimiento personal que estoy facilitando. Nos cuesta salir de nuestra película, quizá porque tememos que nos van a engañar, vamos a perder el tiempo, se van a reir de nosotros, nos van a tomar por tontos o el qué dirán los que nos conocen si se enteran que estamos trabajando en nuestro interior. Y esa presión es muy fuerte. Nos cuesta mirar más allá del juicio de los que nos importan, cayendo incluso en la autocensura o en hacernos daño a nosotros mismos. Por pertenecer a un grupo, podemos tolerar cosas que nos perjudican. Cuesta poner límites, pero la responsabilidad es tuya, puedes atreverte y darte el permiso de no gustar. No lo confundas con narcisismo, ni egoísmo, es supervivencia. A veces para decirte que SÍ a tí mismo, hay que decir que NO a los demás.

El reto lo decides tú

Piensa mal y acertarás o Piensa bien aunque te equivoques. Tú decides tu opción. Y la que elijas ahora no significa que sea la que elijas mañana. Si consideras algo como inalterable, lo más cercano que vas a encontrar es la muerte. La vida es flexible no rígida. No tienes que tener los mismos gustos que hace un mes. Si hay algo que quieres probar, date el permiso de hacerlo, si es algo que no daña a los demás claro, porque tener ganas de tirar por la ventana a alguien y saber lo que se siente, a día de hoy no es legal. Cuenta con que hay límites que rigen la sociedad en la que vives, pero si no haces daño a nadie ¿Por qué no hacer lo que te llama la atención? ¿Quién te ha dicho que vivir nuevas experiencias o obtener nuevos conocimientos es perjudicial? Da igual la edad, puede ser enriquecedor y de todo se puede sacar un aprendizaje. Tú decides. Sí, esa responsabilidad da vértigo, aunque también da crecimiento, autonomía, capacidad, madurez.

A vueltas con la intuición, mezcla decisión y confianza

A veces tenemos una intuición y no le hacemos caso porque es contraria a la tendencia de los demás. Como no sabemos explicar de dónde procede, intentamos acallar esa vocecita. Que no puedas explicar cómo lo sabes, no significa que te equivoques. Si algo no va contigo, por mucho que sea una costumbre de la tribu en la que estás, tienes la capacidad de decidir, de salirte del juego. Aunque no tengas argumentos, si te ves forzado a ello, es que hay algo que no encaja para ti. Estar incómodo es la mejor señal del final de una etapa. Si tu intuición dice que ahí no es, si algo chirría y si además se produce cierto chantaje emocional para que no cambies, tú decides si te quedas o continúas por tu camino. Aunque te vuelvas amigo/a de la soledad.

¿Te resuena? Si te atreves, te leo.