Una cosa es estar desempleada y otra muy distinta es estar parada. Cierto que ahora no tengo salario por parte de una empresa; pero sí que trabajo y mucho. No cotizo a la Seguridad Social como trabajadora; pero hay momentos en que no doy abasto. Lecturas, ejercicios, trabajos, clases, escribir, atender, publicar. ¿No podrían los días tener por lo menos 27 horas? Porque si me quito horas de sueño, al final es peor el remedio que la enfermedad. Hay días que en mi mesa no se vé el color de la madera, de tanto papel y tanta pantalla. Siempre con esa sensación constante de ir con la lengua fuera, de ir con retraso, de querer hacer más cosas y no tener el tiempo material para aprovechar lo que estás leyendo. Es estresante. Divertido; pero estresante. Y todo sin perderle el pulso a la realidad. Porque si no estoy informada de lo que pasa en el mundo tanto físico como en el virtual ¿cómo voy a poder responder? Para eso me estoy formando. A veces lo veo todo como se debe ver la cima del Everest desde su base. A la mente vienen las preguntas de siempre ¿Podré llegar? ¿Me quedaré a medio camino? ¿Merece la pena? Sólo la práctica puede responderlas. Lo importante es priorizar e irse marcando objetivos, interesantes y realistas al mismo tiempo. Saber las potencias que tengo, las fuerzas disponibles e ir midiendo cuando hace falta más o cuando hace falta menos. Como si de una carrera de resistencia se tratase. No hay que adelantar los tiempos ni las etapas, porque al final te desinflas y no llegas donde querías ir. No hay que rendirse tampoco al primer obstáculo. Siempre hay que ir más allá y más arriba. Al principio darás un pasito, luego dos, luego 10 y cuando quieras darte cuenta, habrás andado el camino que quieras recorrer.
Libros interesantes
No sé si son de autoayuda, new age o como se quieran denominar, porque me pierdo con tanta terminología. Pero, estoy disfrutando mucho con dos libros que tengo entre manos. el primero es «Reinventarse. Tu segunda oportunidad» del Dr. Mario Alonso Puig y el segundo es «Yes we did! Cómo construimos la marca Obama a través de las redes sociales» de Rahaf Harfoush. Son dos libros muy distintos; pero que me están ayudando a entender el nuevo panorama. El primero me recuerda constantemente que el único gran obstáculo para conseguir mis metas, soy yo misma. Parece una perogrullada pero es una gran verdad. Si yo no estoy convencida de que puedo llegar, que puedo aportar, que puedo conseguirlo, difícilmente podré convencer a los demás. Lo pienso con mi perfil laboral. A veces tengo la sensación de que he tirado 7 años de mi vida, quizá de los mejores, en algo que no merecía la pena. Pero también es cierto que esa experiencia me ha dotado de unos conocimientos del mundo de la empresa que de otro modo quizá no podría haber conseguido. En mi antiguo trabajo vi la miseria humana en unos aspectos que ni podía sospechar. Porque es de miserables aprovechar las dificultades ajenas para conseguir «engañar» al sistema. Hay crisis, sí. La morosidad ha subido, sí. Pero algunos usan esa excusa para esconder que son morosos profesionales, gente casi sin escrúpulos que se divierten engañando a otros. He aprendido las curiosas relaciones que se tienen entre departamentos, cuando se ponen la zancadilla por «quedar bien» sin darse cuenta de que al ser la misma empresa poner la zancadilla sólo sirve para que todos caigan. Esa actuación es de miserables. Ahora entiendo la importancia de la comunicación interna empresarial y de la externa. Mi perfil es extraño y la empresa que me permita demostrárselo sé que mejorará.
En el segundo libro estoy aprendiendo lo importante de las tres «C´s»: Cabeza, Coraje, Corazón. En toda actividad humana tienen que estar esas tres partes. Sin una de ellas, el hecho se cae. Da igual lo que sea, hasta la actividad más rutinaria, si pierde una de ellas, pierde el sentido. Sólo con las tres juntas, el resultado es óptimo. Porque con las tres miramos a las demás personas como lo que son, personas y no meros objetos para utilizarlos a nuestro antojo. Veremos sus problemas y sus éxitos y ámbos serán importantes, descubriremos la asertividad, la hermandad que nos une a todos. Es difícil porque nos han dicho tantas veces que los demás son lobos, son casi casi un infierno, que lo llevamos muy dentro y es como un veneno que nos daña poco a poco. Cuando volvemos a lo esencial, a la persona, las cosas pueden cambiar, aunque no lo parezca en un principio, nos llamen ilusos o nos digan que es una pérdida de tiempo. No es sencillo andar así; pero no se trata de conseguirlo, sino de intentarlo. Es divertido y apasionante aunque sea a contracorriente.
