A más de uno le sonará a chino el nombre que he puesto en el título. Hasta el 12 de mayo a mi me pasaba lo mismo. De hecho, me costó 15 días aprendérmelo. Topiramato. Suena raro, extraño. Es un medicamento, el farmaco que estoy tomando para tratar mi migraña. Porque soy una de las «afortunadas» que tengo migraña y por lo visto es lo suficientemente especial y atípica que es digna de estudio y de estar en un grupo de control. Al principio me sentí como un conejillo de indias, sin saber demasiado bien dónde me estaba metiendo y dónde iba a acabar. Es un tratamiento experimental del que no se conocen los efectos secundarios y que puede ayudar a otras personas con mi «valentía», al atreverme a probarlo.
¿Efectos secundarios conocidos? Cierto cosquilleo en las manos y en los pies y efecto adelgazante. En principio no sonaba demasiado mal, un medicamento que podía potenciar la operación bikini. ¿Qué tal va después de un mes? Bueno, empiezo a notar otros efectos secundarios. Mis sentidos están más sensibles, más finos, percibo la realidad de forma más intuitiva. ¿Un ejemplo? He mejorado mucho jugando al Trivial. Ahora, con una simple lectura de la pregunta y de las respuestas puedo saber cual es la correcta… aunque sea un conocimiento que desconozco. Sólo tengo que no pensarlo. Suena extraño; pero si no lo pienso… acierto más que si intento deducirlo.
Percibo detalles que a simple vista puede que a otros se les escapen, es como si mi cerebro trabajara de otra manera. ¿Efectos negativos? Estoy perdiendo vocabulario. Palabras sencillas de repente desaparecen de mi mente y me cuesta que vuelvan a aparecer. Otras veces me quedo como para pensando qué tenía que hacer, como con un breve lapsus de memoria. Pero… es algo que puedo mejorar… sólo tengo que pensar, no agobiarme y leer más. No es que no tenga esos conocimientos, es que pasan a un segundo plano en mi mente, asi que sólo tengo que aceptarlo y ponerme manos a la obra. Trabajar un poquito más. El esfuerzo merece la pena si este medicamento consigue que la cabeza me duela menos, las crisis sean menores y no mire por la ventana con miedo, pensando si terminaré la jornada laboral normal o tendré que buscar la manera de compaginar el dolor con cuidar a Dani.
El topiramato es para mi, a día de hoy, la diferencia entre tener un poco más de calidad de vida o estar dependiendo de cómo sople el viento. No sé lo que tiene, y no tengo muy claro si quiero saberlo. Porque al probar a tomar café, chocolate o queso, es una aventura que no siempre acaba bien. Ahora estoy sin posibilidad de reacción cuando me pega el «bajón». Si tengo sueño, no puedo tomar cafeína, ni teína… ni hablar de bebidas energéticas, ni de animarme con chocolate. Tampoco es recomendable el alcohol.
¿Merece la pena renunciar? Bueno, una vez más no lo veo como una renuncia, sino que apuesto por algo que creo que es mejor. Cuando te compras un coche no renuncias a todos los demás, sino que eliges el que crees que es el mejor para ti. Sí, echo de menos el chocolate; pero no echo de menos el dolor de cabeza. Y llevo un mes sin que me pegue una crisis. Quien tiene migraña atípica, con aura estrasensorial fuerte sabe lo que es. Estaba llegando al límite, el tratamiento que tenía no funcionaba… el topiramato está siendo preventivo y por ahora funciona. No es una panacea, por supuesto… pero es una gozada poder estar en dolor y sin lo que conlleva. Sin fotofobia, sin fonofobia, sin visión de tunel en cuanto amanece o atardece… sólo cuando lo vives, sabes lo tremendamente molesto que es y lo débil que te sientes.
En estos días de climatología tan cambiante, es cuando más me doy cuenta de que ha sido un acierto volver al neurólogo y aceptar entrar en el estudio, cambiar el tratamiento. Tampoco es tan molesto tomar una pastilla cada 12 horas. No quiero imaginarme lo que habría sido esta semana con el estrés laboral, el calor, el cambio brusco en las temperaturas… Ahora ando a vueltas con el topiramato… mejor asi.
