Martes, 3 de febrero de 2026. Escribir en un mundo tan hiperconectado, con tanto ruido digital y físico, no es tarea fácil. No importa a lo que te dediques. Ya sea un email, un esquema, el contenido de una tabla de Excel, un informe, un relato o una novela. La concentración a veces es una quimera. Cuando no suena el WhatsApp, es un email nuevo que llega, el timbre de la puerta con el cartero o un mensajero, el teléfono, el asistente virtual que se conecta quién sabe por qué. Y con ese detalle nimio, ¡pluf! El hilo conductor de lo que escribes se va de paseo. Si nunca te ha pasado, o si sientes que esa distracción alimenta tu síndrome del impostor, déjame que te lo explico.
Vivimos rodeados de ruido. Tanto que a veces escucharnos a nosotros mismos es casi imposible. Y bueno, para esos pensamientos machacantes que nos golpean una y otra vez, pues nos viene bien, no digo que no. La dificultad llega cuando ese ruido nos desconcentra y nos desconecta de nosotros mismos hasta provocarnos una sordera intuitiva. Marian Rojas Estapé explica muy bien esto en su libro “Recupera tu mente, reconquista tu vida”. Como estamos en este “modo alerta” —por las notificaciones constantes, por las llamadas de atención que nos “bombardean”—, generamos un exceso de cortisol que bloquea nuestra corteza prefrontal. Así, la zona del cerebro que debería ayudarnos a decidir y a usar nuestra intuición está tan saturada que no responde. Estamos tan pendientes de lo de fuera que no escuchamos lo de dentro; silenciamos nuestros propios pensamientos, incluso en la toma de decisiones. Y si no hay mucho ruido, nos ponemos los auriculares. El caso es no estar solos, porque en un mundo tan hiperconectado, la soledad nos hace sentir cada vez peor, al tiempo que la requerimos cada vez más. Tremenda paradoja de la que hablaré en un futuro artículo.
Piensas en un lugar para alojarte en vacaciones o en un restaurante y ¿qué haces? Acudes a Google —no digas que no, todos lo hacemos— directo a leer reseñas de otras personas que pueden tener intereses ocultos (o no). Antes, para elegir restaurante, te fiabas de tu intuición. En carretera, si había camiones aparcados significaba que se comía bien. Igual que si en un bar céntrico había lugareños más que turistas. Te guiabas con normas no escritas que conocías por la práctica. Ahora, un vistazo a la pantalla y te fías de las estrellas en las opiniones, cuando no buscas uno que tenga cargadores para coche eléctrico o una gasolinera cerca. Los hábitos de viaje cambian.
¿Qué es el ruido digital y cómo nos afecta?
Es parecido a la entropía de la comunicación. Vivimos en un mundo en que, cuanta más información tengamos, mejor. ¿Verdad? Pues lo cierto es que cuanta más información, más desorden y peor resultado. ¿Un ejemplo? En la década de los 80, en la televisión había dos canales: la 1 y la 2. Si mi memoria no falla, los viernes tenías dos opciones: o veías el “Un, dos, tres…” en la 1 o La clave en la 2. Decidías conforme a tus gustos. En algunas casas había vídeo y te decidías por una película que habías alquilado en el videoclub. ¿Qué ocurre ahora? La oferta de plataformas es tanta, hay tantas posibilidades, que es muy probable que te pierdas programas que te habrían gustado más, por no hablar del tiempo que tardas en decidir. Siempre con la sensación de que no es lo que quieres en realidad. Eso es la entropía: el desorden que genera el exceso de información. En lo digital, si quieres verificar un dato, prepárate a echarle tiempo: da igual lo que busques, tendrás decenas de enlaces a favor y en contra.
Tres claves para recuperar tu intuición y el pensamiento crítico:
¿Cómo puedes gestionar el ruido digital? No se trata de irse a una isla desierta, aunque a veces den muchas ganas, pero sí requiere fuerza de voluntad. Te propongo tres respuestas:
- Ante la sobrecarga cognitiva, ¡prioriza lo que haces! ¿Tienes un ordenador en casa? ¿Qué ocurre cuando hay demasiadas pestañas abiertas? El sistema se ralentiza, va como a pedales, ¿no? Nuestro cerebro se parece a ese ordenador. Es muchísimo más potente, por supuesto. Con tanto impacto que reclama nuestra atención, a veces se requiere cerrar ventanas, resetear el router. Es lo mejor para centrarnos. Para los escritores hay programas que desconectan las notificaciones. Te dejan el ordenador con una pantalla en negro para que te centres en lo que estás desarrollando, nada más. Todo lo demás puede esperar.
- Frente a los sesgos algorítmicos, ¡explora nuevas opciones y sigue tu instinto! No sé si te ha pasado alguna vez. Buscas en YouTube resultados de la NFL. Estamos cerca de la Super Bowl y quieres saber los equipos que van a jugar. Lo buscas varias veces. ¿Qué ocurre después? Casualmente, te salen anuncios de la NFL en las redes sociales, en los medios de comunicación… en lugares que no esperabas. El algoritmo detecta que eso te interesa y te lo da sí o sí, porque intenta predecir lo que queremos. Al final no nos damos cuenta y consumimos lo que nos dice el algoritmo. ¿Qué hacer para recuperar lo que nos hace únicos? Explora nuevas opciones, sigue tu instinto. Porque hoy te puede interesar la NFL, mañana el nº 6 de Naruto y pasado mañana los libros de Pérez-Reverte. ¿Por qué no?
- Ante la tiranía de la inmediatez, ¡escúchate y ten calma! Uno de los mitos del mundo laboral —no importa a lo que te dediques, pero en periodismo se ve mejor— es el «lo quiero para ayer». Vivimos en un mundo donde todo tiene que ser “ya”. En un restaurante, cuanto antes nos atiendan, mejor. Si queremos cocinar, hacemos algo rápido, tiramos de microondas. La comida ultraprocesada sustituye a los guisos tradicionales porque tenemos prisa; nuestra agenda está llena de cosas por hacer. Pero la intuición es otra cosa: necesita pausa, silencio y tiempo. Como dice el filósofo español Santiago Beruete en su libro “Verdolatría”, frente a esta prisa que nos imponen las pantallas, necesitamos recuperar el «pensamiento lento». La observación y la paciencia son el único suelo donde el sentido crítico y la intuición pueden echar raíces. Si no paramos, no escuchamos.
No se trata de usar menos las pantallas, sino de seguir solo aquello que te abre horizontes de pensamiento (hace crecer tu intuición, tu criterio), no lo que te aprisiona (el ruido digital). ¿Cómo? No creo que haya una receta o una respuesta única. Hay personas que en la primera hora del día no abren nada más que el procesador de textos. Saben que a las seis de la mañana nadie les va a reclamar para una reunión, les va a mandar un mail urgente o a hacer añicos su planificación de la jornada. Utilizan ese tiempo para centrarse en lo que es verdaderamente importante, para escuchar solo su voz. Otros, en cambio, prefieren usar ese momento para silenciar su mente, conectar con su respiración, hacer meditación o hacer deporte. Es su particular “modo avión”. ¿Sabes cuál es el tuyo?
¿Qué se consigue con todo ello? Ser conscientes de lo que viven, interna y externamente. Toman las riendas y deciden lo que quieren por sí mismos. Pueden elegir. Ya no son espectadores que se tragan todo lo que ven en las pantallas. Ahora descubren nuevas ideas, se toman un tiempo de concentración en la lectura, adquieren nuevos conocimientos y desarrollan su propia escritura porque se toman su tiempo para pensar y decidir. Para eso no hay nada mejor que la escritura, ya te lo digo. Requiere su tiempo, por muy rápido que escribas, para conectar ideas. También están más pendientes de sus reacciones físicas. Detectan mejor la tensión, la ansiedad y lo que les produce calma. Procesan mejor sus emociones porque atienden a su mente y a las señales de su cuerpo. Y se cuestionan, exploran sin juicio para saber de dónde vienen sus decisiones. Silenciar el ruido digital no es quedarte en el vacío, sino hacer nítido un espacio donde tu intuición sea más que un susurro, donde puedes escucharte con claridad. Así no te pierdes lo que de verdad te interesa.
Del FOMO al JOMO: El placer de desconectar para vivir el presente
El FOMO es el acrónimo de la frase inglesa Fear Of Missing Out. Se puede traducir como el «miedo a perderse cosas«. Es el pánico a no enterarnos de lo que sucede lo que nos mueve a estar hiperconectados. Si no estás en redes sociales te puedes perder las tendencias actuales que pueden mejorar tu situación laboral o tu posición social. Por eso, requieres mucha información: cuantos más canales, más podcasts, más fuentes, mejor. Si no estás conectado a lo de fuera, surge la ansiedad por la exclusión social. Es un miedo primigenio porque va contra nuestra supervivencia; nuestro cerebro tiene grabado a fuego que a los solitarios son a los que devoran primero las fieras. Ese pensamiento primitivo es lo que se esconde tras el ruido digital.
El JOMO es el acrónimo de Joy Of Missing Out: el «placer de perderse las cosas«. Es la satisfacción de desconectar a propósito, de no saber qué pasa en el mundo y disfrutar del momento sin que te importe lo que hagan los demás. Es estar presente en lo que estás haciendo. Para mí, el JOMO es lo que hacía la anciana en aquella fotografía de 2015. Te he puesto el enlace para que la veas, aunque seguro que hay más ejemplos. Creo que era por los actores de la película “Black Mass”. Una anciana estaba apoyada en unas vallas, esperando el paso de alguien. Su mirada transmitía una ilusión tremenda. Los que estaban a su alrededor tenían los móviles enfocando a lo que sucedía y lo veían a través de las pantallas. La anciana miraba con sus propios ojos. Estaba presente en el momento sin estar pendiente de compartirlo con otros, esperando follows o likes… Disfrutaba de lo que ocurría con lo que sentía, sin intentar aferrarse al momento a través de un vídeo o una foto. Hizo caso a su intuición. ¿Tú qué decides? ¿Ves la vida a través de un teleobjetivo, de una pantalla, o la vives?
Si te resuena y te atreves, te leo en comentarios. Recuerda que tenemos una cita literaria el viernes con un nuevo relato.
Que pases una fantástica semana
Cris
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