La importancia de “desaprender”

Martes, 20 de enero de 2026. ¿Qué tal van esos propósitos? Cuando nos queramos dar cuenta, enero de 2026 formará parte de nuestro pasado. A veces se da la paradoja de que hacemos grandes propósitos, como estudiar algo nuevo, y sin embargo no hacemos una revisión de lo que nos ha traído hasta aquí. Si no sabes en qué punto de tu recorrido estás, ¿cómo vas a saber lo que te queda para alcanzar tu meta? Porque no es lo mismo si quieres ir de Madrid a Almería estar en Albacete que estar en Toledo.

Hoy voy a centrarme en “desaprender”. ¿Qué significa eso? Desde peques nos han dicho que debemos estar en formación permanente, siempre aprendiendo. ¿Y ahora hablo de desaprender? Pues sí. Antes de entrar en materia, debo decir —y lo que sigue es una de las cosas que quiero que te lleves de este artículo— que desaprender no tiene nada que ver con olvidar. No es lo que ocurría con una asignatura pesada en la escuela o en la universidad: estudiabas, hacías el examen, aprobabas y olvidabas. Y sí, todos lo hemos hecho, sobre todo con temarios que no eran nuestros favoritos. Nuestra memoria tiene un límite y no puede guardarlo todo. Pero, repito, desaprender no es lo mismo que olvidar. Ya te adelanto un concepto: se trata más de evolucionar. No nos desviemos.

En su libro El shock del futuro (1970), Alvin Toffler lanzó una advertencia que hoy es casi una cuestión de supervivencia emocional: «Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no puedan aprender, desaprender y reaprender».

Estamos acostumbrados a buscar las respuestas fuera de nosotros mismos: en libros, en medios de comunicación, en otras personas. Todo para seguir adelante en nuestro proceso de desarrollo personal. Es lo habitual. Todos lo hacemos y está bien, porque no lo sabemos todo de todo. Sin embargo, no vale con quedarse en lo de fuera. Toda transformación requiere un estar a solas con nosotros mismos y verificar lo que se nos ha dicho o lo que hemos oído. “Asegúrate de las cosas que crees que son ciertas”. Hace tiempo me dijeron esa frase en un curso y cada día estoy más de acuerdo con ella. ¿Por qué? Puede que lo que creas como cierto, ya no lo sea en tu vida y se haya convertido en una creencia que te limita, que te impide crecer. 

En el ámbito del coaching personal, el obstáculo que impide avanzar no suele ser la falta de herramientas, sino el exceso de equipaje. Estamos tan llenos de certezas que nos detenemos en “lo de siempre”. ¿Por qué? Porque esas ideas que hoy actúan como anclas o muros que nos encierran, en su día fueron escudos que nos protegieron. Repito: Para avanzar en el conocimiento personal, antes de añadir algo nuevo, es necesario hacer espacio. Desaprender no es borrar la memoria por capricho, sino cuestionar la utilidad actual de lo que sabemos. Al igual que en la tecnología —o incluso en juegos como Pokémon—, para alcanzar el máximo potencial y adquirir movimientos más potentes, es imprescindible dejar atrás los antiguos. Sin espacio para lo nuevo, la evolución no es posible.

Con esto no quiero decir que tires todo a la “papelera de reciclaje”. Habrá creencias que te ayuden en las siguientes etapas y que conllevan una experiencia valiosa de la que no debes desprenderte. Te hablo de lo que ya no te vale: los zapatos de cuando tenías diez años no te van a llevar a la universidad.

En 2007, Marshall Goldsmith escribió en su libro What Got You Here Won’t Get You There (Lo que te trajo aquí no te llevará allí) que muchas de nuestras conductas actuales son «supersticiones» de éxito. Creemos que somos exitosos debido a ciertos comportamientos (como ser excesivamente críticos o controladores), cuando en realidad lo somos a pesar de ellos. Un ejemplo: ¿tuviste un bolígrafo de exámenes en el colegio? No me refiero para hacer chuletas, sino porque aprobaste dos exámenes complicados con el mismo boli y le dotaste de esa especie de magia que tienen los talismanes. En realidad fue tu esfuerzo el que hizo que sacaras el examen, pero tu confianza requería de ese refuerzo positivo externo que era tener el mismo bolígrafo en la mano. La dificultad aparecía cuando se acababa la tinta del boli y tenías que seguir haciendo exámenes. Pero, ¿sabes qué? Aprobabas con otros y si el examen era muy difícil, el nuevo se convertía en tu boli de la suerte. Eso me recuerda a la famosa Misa del gato. Ya contaré esa historia en otro artículo 😉

En la historia personal de cada uno ocurre algo parecido. Desaprender esas conductas, que en realidad son creencias limitantes, es el único camino para subir al siguiente nivel. Nuestra transformación personal requiere, sí o sí, vaciar la taza de vez en cuando. El antídoto para una creencia limitante no es otra creencia rígida, sino una mentalidad de aprendizaje permanente. Lo que Carol Dweck llamaría el Growth Mindset (mentalidad de crecimiento): la convicción de que nuestras capacidades, inteligencia y talentos no son rasgos fijos, sino habilidades que se pueden desarrollar a través del esfuerzo, el aprendizaje y la persistencia. El proceso es aprender, desaprender y reaprender.

Para aplicar el desaprendizaje en el día a día, se me ocurren tres acciones:

  • Identificar los absolutos: Practica la escucha activa contigo mismo. Detecta frases como «Yo soy así» o «Esto es imposible». No se trata de ser perfecto, sino de ser consciente de tus palabras. Como comentamos hace unas semanas al hablar de la Ventana de Johari, ser consciente de cómo hablas te permite iluminar tu Zona Ciega y reducir tu Zona Oculta (el peso de nuestras máscaras). Sin desaprender el «personaje», no hay espacio para la libertad de quien realmente eres. No lo dudes, es más interesante Harrison Ford que Indiana Jones o Han Solo 😉
  • Desafiar la utilidad: Hazte las preguntas correctas: ¿Qué pasaría si esto que creo no fuera cierto? Y una «rompemoldes»: ¿Qué precio estoy pagando por mantener esta certeza? Quizá no te has dado cuenta, pero actuar como «doña Perfecta» puede que te esté costando muy caro. Por la tranquilidad de tu pecera puedes estar renunciando a la inmensidad del océano. Por esa idea de viaje perfecto puedes convertir la experiencia en un infierno. Para profundizar, si me lo permites, te recomiendo la lectura de The Work de Byron Katie.
  • Actualizar la narrativa: Sustituye el juicio por la exploración: «Hasta ahora he actuado así, pero hoy elijo probar esta otra forma». Recuerda a Goldsmith: si quieres resultados distintos, no puedes seguir haciendo lo mismo. Cuando trabajas con un ordenador o un smartphone, te gusta tenerlo actualizado, ¿verdad? Ocurre lo mismo con tu narrativa personal, con la historia que te cuentas a ti mismo, con tus guiones de vida. Que siempre hayas hecho una cosa no significa que no puedas explorar y hacer otra. Quién sabe, lo mismo te gusta más.

Nuestra mente tiende a buscar pruebas que respalden lo que ya creemos, ignorando lo nuevo. En el coaching, esto se traduce en frases como «siempre he sido así». Pero, ¿es real? Cuando aprendemos a observar nuestros pensamientos como lo que son —hipótesis, no verdades absolutas—, descubrimos que el ego se aferra a las viejas creencias para sentirse seguro, encerrándonos en la mal llamada zona de confort. Desaprender genera una sensación de inseguridad y vacío que nos incomoda. Soltar las certezas nos deja sin los apoyos de siempre y, para integrar lo nuevo, debemos tolerar el «no saber» durante un tiempo.

El éxito en el coaching no ocurre cuando el cliente entiende algo nuevo, sino cuando deja de actuar bajo los patrones del pasado. Soltar lastre es lo que permite que el proceso sea fluido y no una lucha constante contra uno mismo, con todo lo que eso cansa y agota energía.

¿Qué es lo que quiero que te lleves? Desaprender es evolucionar, no olvidar. Aprovecha lo que tienes para que te sirva como trampolín a la hora de alcanzar tus objetivos. Como decía Toffler, el proceso es aprender, desaprender y reaprender.

Si te resuena y te atreves, te leo en comentarios. Que pases una fantástica semana y te espero el viernes con un nuevo relato.

Cris

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