Martes, 6 de enero de 2026. Espero que los Reyes te hayan traído muchos y buenos regalos, aunque con el tiempo como está, el carbón no es ninguna mala opción.
En estas fiestas, como en los últimos meses, he asistido al eterno debate de la IA. Ya lo he tratado en algún post, pero hoy me ronda por la cabeza esa frase: ¿Escribe la IA mejor que yo? ¿Por qué? Bueno, en una de mis noches de insomnio estaba viendo una serie en la que una profesora solicitaba una tarea a una clase y recalcaba que si encontraba una frase, una palabra, una coma hecha con IA, el trabajo era un suspenso. ¿Puede una simple “coma” delatarnos como impostores? No voy a entrar en lo que conlleva ese sentimiento de culpabilidad que quieren provocar hasta el suspenso. Daría para otro artículo. Pero sí quiero dejar una pregunta para que te la plantees: ¿Cuándo empezamos a tener miedo de que una máquina nos supere en nuestra propia humanidad? En los centros educativos ahora utilizan programas para detectar el uso de otros programas. Quien hace la ley, hace la trampa y quien hace la trampa, hace la ley. Paradójico ¿no?
Sí, como bien saben los que me siguen, yo uso IA. Ya lo dejé claro en el post del Becario. Primero para las ilustraciones y en la actualidad, me resulta muy práctico a la hora de hacer investigaciones, plantear dilemas y las correcciones ortotipográficas. Asume el rol del corrector, del editor de mesa. Me lo tomo como posibilidades de mejora, recomendaciones. Como las rutas del navegador del coche. A veces las sigo, otras veces no. Hace que el proceso creativo sea menos solitario, lo cual agradezco. Supongo que los autores con renombre contarán con un equipo editorial que realice informes de lectura, que aconseje, lectores beta, que haga correcciones ortotipográficas y de estilo, maquete, que distribuya, que venda… Es un servicio al que no todo el mundo tiene acceso, ni presupuesto. Todo eso te lo ahorras si sabes elaborar buenos “prompts”. Además va aprendiendo hasta el punto de dar posibilidad de crear perfiles específicos. En mi caso, uno de ellos es el de experto en WordPress, facilita mucho la carpintería interna de mi web o cuando se me olvidan los atajos de teclado para poner negrita, enlaces… Sé que más de uno pensará que la IA puede quitar puestos de trabajo, aunque también puede facilitar las tareas más tediosas y acortar plazos temporales. En realidad quien te quita el trabajo no es la IA sino las personas que saben utilizarla. Si lo piensas, el trabajo no te lo quitan porque nunca fue tuyo.
La IA hace textos impecables. No hay errores tipográficos, no se come palabras, los signos de puntuación están claros. No hay repeticiones, ideas inconexas. Si comparas tu borrador, caótico y humano, con el «resultado final» de una IA, es fácil que te sientas un impostor. Lo lees y piensas ¿Cómo no se me ha ocurrido esto a mi? Lo curioso es que, al mismo tiempo, es demasiado perfecto. Tanto, que corre el riesgo de no conectar. Porque los textos de IA son perfectos en apariencia, su trasfondo sin embargo es frío, por mucho que lo pulas. Puedes enseñarle, humanizarlo, que revise tu estilo personal y lo imite. Será eso, imitación. Para un escritor de mapa, de los que se hace esquemas que pueden ser más largos que la propia novela, la IA es un garante más de no tener bloqueo. Para uno de brújula, que no sabe por dónde llegará, es posible que no sea tan práctico, aunque sí puede ayudar para ordenar ideas, para no dejarse nada en el tintero.
En la forma sí, la IA puede asumir el rol de experto. Es sencillo, tiene acceso a toda la normativa lingüística, a todas las figuras literarias. Sabe moverse por la ingente información disponible. Es como el robot de la película leyendo una enciclopedia. Datos, datos, datos. Si le pides que use el pluscuamperfecto o el presente de subjuntivo, no duda. Si me lo pides a mi, tendría que dedicarle tiempo a pensar y aun así, puede que no fuera lo que pides. ¿Alguien se acuerda del pluscuamperfecto de subjuntivo del verbo sentir? Lo aprendí en la escuela, si lo requiero lo uso. No lo pienso. Lo mío es un conocimiento práctico. Lo normal entre hablantes. La IA tiene datos, yo aporto el contexto vital. Puedo dudar, y de hecho ocurre, de la forma verbal. En un párrafo puedo saltar de una forma a otra sin darme cuenta porque estoy pensando en mil cosas y eso puede hacer que sea pesado para el lector. Ese tipo de errores, que también en las revisiones se pueden escapar, la IA no los comete.
¿Con un prompt adecuado la IA puede escribir una obra maestra? Recuerda que este artículo parte de una pregunta: ¿Escribe la IA mejor que yo? Si el objetivo es vender libros como churros, es factible. Que nadie se engañe, el mercado editorial produce. Si se pone de moda un tema, los vikingos por ejemplo, de repente salen cientos de obras sobre ellos. Se responde a lo que vende y para eso, para ese consumo inmediato, el proceso creativo no es útil. Existe la fast food y, por qué no, la fast literature. Autores que sacan dos, tres, cuatro o cinco libros al año. Sus obras mantienen un estilo y una estructura casi igual. Cambia nombres, escenarios y poco más. Tanto es asi que daría igual que los escriban ellos o que contraten a otros para hacerlo. El fenómeno de los escritores fantasma o “negros literarios” tan empleados en todos los tiempos. Literatura que se consume, no importa tanto la calidad como la cantidad de libros que escribes o que lees. Los escritores responden a la demanda del mercado, cada vez más rápido. Para eso, el prompt adecuado puede rebajar el tiempo de espera, hasta dar mejor definición, más claridad. La IA es la reina de la Fast Literature. Puede proporcionar la cantidad que solicita el mercado. Pero el alma de un texto no entiende de rapidez. Ocurrió con la pintura y la fotografía, hasta que la mirada del artista le da sentido a la herramienta que utiliza. Repito, la IA es una herramienta, el sentido siempre se lo dará el ser humano.
El nuevo síndrome del impostor aparece con el texto ya terminado. ¿Usar IA es hacer trampas? Para el sistema educativo parece que sí. Como pudo ser en otro tiempo usar el ordenador en vez de la máquina de escribir o la Encarta en vez de la Sopena (la enciclopedia que todos teníamos en el mueble del salón). Para la productividad del mercado, parece que no. ¿Es ético usar un navegador en la conducción en vez de tener copiloto? Entramos en un debate muy filosófico, con dos lecturas muy diferenciadas. ¿Tener la capacidad de hacer algo implica hacerlo? Por seguir con el cine, ¿si tenemos la capacidad de revivir un dinosaurio deberíamos hacerlo? Para los científicos de Jurassic Park, está claro que sí. Puedes pedirle a la IA que te haga un texto con el estilo y la temática propia de Lovecraft. Y pulirlo hasta que sea difícil de diferenciar. ¿Sería ético para el propio Lovecraft que otro se aprovechara de su creatividad, de su estilo, de su formación, de sus vivencias?
Las cadenas de producción automatizadas dejaron sin trabajo a muchas personas. Los supermercados cambiaron nuestros hábitos de consumo. No solo eso. Internet ha cambiado la sociedad. Hace unos años, en el siglo XX, las tiendas de juguetes en Navidad eran una auténtica locura. En la actualidad, muchas de las grandes empresas están cerrando. ¿Y las agencias de viajes? Igual. La tecnología, que parte de los seres humanos, ha cambiado al Ser Humano. En muchos aspectos a veces para mal y a veces para bien. Antes, si querías asistir a un curso de escritura que se celebraba en Estados Unidos, tenías que desplazarte hasta allí. Ahora, puedes conectarte sin moverte de casa. ¿Eso es hacer trampas? La tecnología pone los medios, el sacar el máximo provecho es cosa tuya. Investigar, documentarte con las fuentes disponibles es cosa tuya. Si tienes un bloqueo de escritor, leer a otros para inspirarte, ¿lo considerarías como hacer trampas?
La IA, en forma, escribe mejor que yo. Hasta puede hilar un texto más coherente y ordenado. En el fondo, en la intención y el propósito, no puede escribir mejor. Y no, no me siento una impostora por tener un copiloto digital. Quien conduce soy yo. Una cosa es juntar palabras con más o menos coherencia y otra, muy diferente, es escribir, darle un sentido, dotarlo de experiencia comunicativa. Se podría decir que el error es lo propio de los seres humanos. Aunque nos chirríe, porque desde siempre nos han vendido que debemos ser perfectos, en nuestras vidas y en nuestros actos. Equivocarnos nos hace auténticos, inimitables. Y doy un paso más que es lo que quiero que te lleves de este artículo: Puede que la verdadera cuestión no sea si la IA escribe mejor que yo en las formas, sino por qué seguimos obsesionados con la perfección en un mundo que ya tiene máquinas para eso. ¿Por qué intentamos competir con un algoritmo arrinconando lo que nos hace auténticos?
Si te resuena y te atreves, te leo en comentarios. Recuerda: si quieres seguir recibiendo estas reflexiones imperfectas y humanas cada martes, no olvides suscribirte. Prometo que detrás de cada pluma o de cada coma, siempre habrá un corazón muy humano.
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