Martes, 12 de mayo de 2026. He decidido tomarme un descanso digital. No van a ser muchos días, pero si los suficientes para reconectar con la escritura manual y con nuevas ideas fuera de las pantallas. ¿Por qué? Lo he notado. Mis escritura es menos fluida y me estoy centrando en una serie de temas que sí, son de rabiosa actualidad, pero que no me llegan a recargar las pilas. Voy a intentar explicarme.
¿Desde cuándo no me tomo un descanso digital?
Desde agosto, si no es desde antes. Un cambio de actividad. Corrijo textos desde pantalla, escribo con teclado, pero ese rato de salir de las cuatro paredes con las únicas herramientas de un boli y un cuaderno hace mucho que no lo hago. Antes se me ocurrían ideas en las zonas más insospechadas, en una exposición, en un viaje o sumergida en la piscina. Ahora parezco una persona pegada al portátil. Si hasta me lo he llevado de vacaciones. ¿Alguien se imagina a un trabajador llevándose su puesto de trabajo de vacaciones? Es lo que ocurre cuando nuestra profesión es creador de contenidos digitales. ¿Quién se deja en casa el smartphone? No sé, llevo unas semanas notando que me falta frescura por así decirlo en los textos, no son malos, responden a un planning que tengo más o menos bien estructurado, pero sí, creo que ha llegado el momento de tomarme un descanso digital, abrir la ventana, aunque amenace lluvia y me toca cerrarla de nuevo, para que el alma respire.
¿Qué voy a hacer en este descanso digital?
Pisar la calle, con un cuaderno y un boli esperándome en casa para apuntar ideas. Sí, ese es mi objetivo, recargar de ideas tanto los artículos de los martes, como los relatos de los viernes. Fijarme y observar lo que me rodea. Leer en papel algo que realmente merezca el tiempo y la carga. Aquí hago un inciso explicativo que me parece interesante: Sí, los libros, aunque digan que son de bolsillo, pesan. Algunos, mucho. Si no me crees mantén en tus manos Los pilares de la tierra de Ken Follet o cualquiera de Canción de hielo y fuego de George R.R. Martin, en un ángulo de 90º y dime cuánto tiempo aguantas. Si consigues estar una hora sin temblar, mi más sincera enhorabuena. No, no son libros pensados para el transporte público o para hacer una edición de bolsillo. No sé en qué bolsillo cabrán, en el mío no. 😉
¿No hay descanso digital entre semana?
En realidad, no. Porque mis días se han convertido en estar a pleno rendimiento con la web, con el planning, en documentarme para los artículos. Es algo que mi parte metódica agradece. La creativa se ha resentido. Puede que no lo hayas notado, pero yo sí. Y prefiero parar unos días, apagar el ordenador y desconectar del mundo virtual. Hay lugares que quiero visitar sin la tiranía del reloj, recuperar el sentido de lo que hago, páginas en las que perderme, hasta plumas que limpiar o estrenar. Hasta los campos requieren momentos de barbecho. En otros momentos de mi vida lo hacía en los cursillos de escritura intensivos, o en otro tipo de formaciones. Llevo tiempo sin hacer ninguno por circunstancias que no vienen al caso, así que, desde hoy me tomo mi propio curso de revitalización. ¿Existe esa palabra? Ya no lo sé.
Desconexión
Tenemos derecho a no publicar, por mucho que le pese al algoritmo. Si no me muestra tanto, bueno, puedo soportarlo. Ahora mismo hay más de 500 entradas publicadas, con fechas que van desde 2006 a 2026. No está mal ¿no? Voy a volver a disfrutar de lo que me rodea, cosas grandes y pequeñas, sin reloj, sin métricas, sin agobios de cobertura. Retomo una idea que ya desarrollé en 2011. En ese momento me preguntaba si las redes sociales nos estaban volviendo antisociales. Hoy lo amplio a las pantallas. No solo me pasa a mi. ¿O no es lo mismo cuando te escriben correos laborales fuera del horario? Al final ¿dónde estás? ¿En esa comida con tu pareja o en la oficina con el jefe? Una cosa es que los teléfonos inteligentes nos den la libertad de tener acceso y otra muy diferente es que nos tengan atrapados. ¿Dónde queda la humanidad?
Descanso digital a favor de la escritura manual
Me contaron hace tiempo que un escritor, creo que fue Hesse, dejó de escribir sus proyectos literarios por responder a las cartas de sus admiradores, de sus lectores. ¿Qué obras maestras nos hemos perdido por ello? Nunca lo sabremos. Escribir a máquina, ya sea con las rompe-meñiques o con los teclados actuales no regenera la creatividad. Cualquier escritor afamado te lo podrá decir. El proceso es diferente. La manual conlleva una serie de aspectos que las teclas no permiten. ¿Podrán conseguir que el proceso sea el mismo? Lo dudo. En mi caso, mi producción literaria ha disminuido. ¿Cómo? sí. Mis novelas siguen en un cajón esperando que tenga tiempo de calidad que dedicarles. Por eso también he decidido tomarme unos días para ver hacia dónde voy. Me gusta escribir relatos cortos, pero soy de novelas y para eso se requiere tiempo. Hasta entiendo a los que se retiran a una cabaña en mitad de la nada para escribir. Hay muchos ejemplos de ello, en el siglo XX hasta se convirtió en lo que se llamaba el nuevo periodismo, personas que dedicaban parte de su carrera profesional a escribir en medios de comunicación con el objetivo de conseguir los suficientes beneficios para dedicarse a su pasión: las novelas. No sé si podría decirse que uno de sus representantes españoles es Arturo Pérez Reverte, tengo mis dudas, pero valdría como ejemplo. Seguro que se te ocurren más.
¿Cuándo volveré de mi descanso digital?
Tampoco voy a estar meses, tengo un compromiso conmigo misma y sé que en unos días podré volver a pleno rendimiento, con nuevas ideas de las que se beneficiarán mis lectores no solo yo. Hoy comienzo. Este viernes ya no publicaré relato y es posible que la próxima semana no se actualice ni artículo ni relato. Volveré, seguro, porque éste es mi proyecto personal y me encantan nuestras citas semanales. Una cosa no quita la otra. Estoy segura que mi estantería de libros pendientes también agradecerá el descanso digital, el dejar aparcado el teclado y todo lo que me nutra a mi va en beneficio de mi conocimiento, de mi experiencia personal. ¿Me estoy justificando? No, porque no pido permiso para hacerlo. No soy una IA que ni siente ni padece. Eso es lo que quiero que te lleves de mi descanso digital. Tómate el tiempo que requieres para saber si estás en modo «urgente», supervivencia o centrado en «lo importante». ¿Vives tú o respondes a un algoritmo? Hacerse preguntas poderosas puede doler, lo sé, pero es también muy sanador.
Nos vemos a la vuelta de mi descanso digital. Hasta entonces, si me echas de menos, tienes un montón de artículos que puedes releer o descubrirlos por primera vez. También tienes un montón de relatos y si quieres, puedes escribirme al correo, aunque puede que no te conteste de forma inmediata. Los mejores guisos requieren su tiempo por mucho que intentemos que se hagan rápido 😉
Gracias por acercarte cada semana a este espacio y por suscribirte si no lo has hecho ya 😉 Lo dicho, nos vemos a la vuelta de mi descanso digital.
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