Desde la ventana de la cocina se ve la calle. Mientras estaba fregando el bibe de Dani he visto algo que me ha llamado la atención. Un camión de Coca-cola parado. Estaba al lado de un bar, por lo que no debería haberme llamado la atención. Pero lo cierto es que es que me he quedado mirando porque había dos personas que lo estaban empezando a empujar. Se había estropeado y no arrancaba.
Curioso ¿no? Que un camión de una empresa que dice que es la chispa de la vida, no arranque.
Me he reído, no de los hombres que intentaban moverlo hasta el taller más cercano, sino porque sería un anuncio estupendo… de la competencia, por supuesto. El camión no ha sido coherente con el slogan de la marca.Han tenido suerte, eso sí, porque el taller está a unos 200 metros del bar, si llega. Aun así el esfuerzo que deben estar haciendo debe ser tremendo porque imagino que no pesa lo mismo que un coche y más cargadito de refrescos.
Hoy el texto es breve que tengo que realizar una serie de trámites burocráticos para poder hacerle el DNI a Dani. Porque, quien no lo sepa, actualmente hay una ley por la cual todos los pasajeros de un avión deben estar identificados con foto y documento oficial. Si nos queremos ir de vacaciones este año, toca hacérselo. Por no hablar de que en el banco también empiezan a pedirlo. Espero que la huelga de Justicia pasada no me haga demasiado la puñeta. Ya se sabe lo que es acudir al ayuntamiento. No beberé Coca-cola, no vaya a ser que me quede sin la chispa.
