El senior de recursos humanos levantó sus ojos del papel y se la quedó mirando. Su currículum era igual que el de muchos otros candidatos al puesto. Mucha experiencia y títulos. Quizá estaba demasiado preparada para una plaza de auxiliar administrativa. Conocía candidatos que habían aligerado sus curriculum por un puesto de trabajo, por un sueldo con el que pagar las facturas. Ella no, y eso decía mucho aunque no tenía claro si a favor o en contra. Si buscaba trabajo de un puesto así, sería por algo. La crisis y las circunstancias vitales eran muy cambiantes. Pero eso no era lo que más le llamaba la atención. En un rincón del cv se encontró una denominación que nunca había visto.
Otros méritos:
CCC
¿A qué se refería con eso? ¿Qué era esa Triple C?
—¿Puedo hacerle una pregunta? —se decidió por fin a satisfacer su curiosidad.
—Sí, claro —respondió con ella con decisión—. Para eso estamos aquí ¿no?
—¿Qué es CCC? Lo pone en otros méritos y nunca me lo he encontrado en todo el tiempo que llevo haciendo entrevistas.
—Si tienes que preguntar, nunca lo sabrás. Si lo sabes, solo tienes que preguntar, como diría la Dama Gris de Ravenclaw a Harry Potter.
— No esperaba esa respuesta, la verdad. Esta es una empresa sería y no sé si su lugar es con nosotros. En cualquier caso, gracias por su tiempo y si pasa la selección, la llamaremos de nuevo. La acompaño a la entrada.
Cuando la chica se fue, los dos tenían la certeza que no volverían a hablar. Una pena porque ella podía aportar mucho y estaba claro que era la mejor candidata. Teo recogió el portátil que se había dejado en la sala 3-E de la planta baja, la habitual que reservaba para las entrevistas de trabajo, y se dirigió a la tercera planta, donde tras pasar la tarjeta que llevaba en el bolsillo de la chaqueta por el lector, pudo recorrer el pasillo hasta el departamento de recursos humanos. Dejó atrás el call center con su habitual cantinela, donde él mismo había comenzado sus pasos en la prestigiosa internacional.
El departamento de Recursos Humanos de la delegación lo componían dos personas. Teo, el senior, y Laura, su compañera, que estaba con la cabeza enterrada entre nóminas, bajas y currículos de aspirantes a los diferentes departamentos. .
—¿Qué tal ha ido? —Preguntó Laura sin levantar la vista de la hoja de excel con las horas de los administrativos de facturación.
—Pensaba que sí, pero en la última pregunta ha sido que no.
—¿En la última? Has estado una hora, creía que vendrías con la candidata a formalizar su incorporación —le mostró un contrato a medio rellenar.
—Pues lo siento por el trabajo que has hecho. Había cosas que no me cuadraban. Mucha experiencia y mucho título para un puesto tan bajo. Y algo en su currículum que no ha querido explicar.
—¿El qué?
—Esto —les mostró la linea con CCC.
—¿Qué es eso?
—Eso me gustaría saber a mi.
—¿Y qué te ha dicho? Supongo que se lo has preguntado.
—Me ha respondido con una especie de acertijo de Harry Potter.
—¿Cómo dices?
—Lo que has oído. Ahí ha acabado la entrevista.
—Deberías pensarlo bien.
—¿Por qué?
—Quizá mis neuronas no dan para más pero ¿no tienes la sensación de que era ella quien estaba evaluándote a ti y no al revés?
—¿Cómo dices?
—Sí, tengo la sensación de que puso esa CCC para que preguntaras. ¿Quién se sabe frases de Harry Potter?
—Un friki
—Exacto y esta empresa da una imagen muy seria y muy profesional.
—Es un perfil creativo con toques de rebeldía. No creo que encajara aquí.
—Y sin embargo contestó a la oferta.
—Sí y su preparación era la mejor. Podía aspirar a algo más. Eso también me ha chocado.
—Por eso, no le cierres la puerta tan pronto. Quizá sea la persona que estamos buscando, aunque no para ese puesto.
—No puedo ofrecerle otro. En fin, se acabó el descanso. También yo tengo que ponerme con nuestro amigo verde y sus celdas.
Se desvistió en unos baños públicos del parking, donde había dejado su tartana, que olían a lejía y perfume barato. Ya estaba cansada del disfraz de niña buena, de ser como los demás. Se quitó la blusa blanca, para enfundarse una camiseta de deporte azul y gris. Los pantalones de pinzas también acabaron en la mochila del gimnasio. La comodidad de los vaqueros hizo que soltara un suspiro que fuera entendieron como si estuviera pasando otra cosa. Por último, los zapatitos de charol dejaron de apretarle. Ellos y las medias fueron sustituidos por unos calcetines con bolitas en el talón y unas converse negras. Ahora sí que estaba preparada para salir. La señora mayor la confundió con un chico, pero no le prestó ninguna atención. Bastante tenía ella con aguantarse a si misma. Sonrió y se fue.
Conectó el móvil. 35 llamadas perdidas. Lo dejó en la guantera con la V-16 y los papeles del coche. Lo necesitaba activo para hacer el pago sin pasar por caja. Con el encendido del motor, la voz de Luis Miguel comenzó a sonar en los altavoces con su “soy como quiero ser”. Salió del parking cantando a pleno pulmón “por eso quiero que sepas, que no cambiarás mi senda” y el vigilante de la entrada le dedicó una mirada más rara que la señora de los baños.
Antes de subir a casa se pasó por la tienda del barrio. No tenía ganas de cocinar así que se decidió por unos san Jacobos congelados que ni eran santos ni el pobre Jacobo estaría de acuerdo con darle su nombre. Esquivó un balón de reglamento al salir y se dirigió corriendo a la portería hecha con dos mochilas donde un chaval esperaba con los guantes de fregar de su madre. Chutó lo justó para no humillarle y sonrió cuando el resto de chicos se rieron del portero. Si estuvieran en Estados Unidos a lo mejor aquel equipo de barrio de Madrid sería el distrito 5 y jugarían al hockey. Era su pasatiempo favorito mientras echaba currículums. Los clásicos del siglo XX aun eran muy actuales.
—¿Qué tal ha ido? —preguntó Carla, su compañera de piso desde hacía dos años.
—Lo de siempre, ya me llamarán.
—Esperemos que a ellos les contestes. Te he llamado 35 veces y no te has dignado en decirme nada.
—¿Qué ha pasado con el casero? —dijo sin querer entrar al trapo.
—Ya te lo dije, no quiere perros en casa y que o se va Albus o nos pone de patitas en la calle. Tendrás que llevarlo a la protectora donde lo adoptaste. Te dije que era mala idea y que los vecinos se quejarían
—No voy a abandonarlo. No pude evitar llevármelo después de ser su voluntaria de paseos. He comprado rebozado, digo la cena.
—¿Te llamarán? —preguntó de nuevo Carla— Tenemos que pagar el alquiler de alguna manera.
—Ya veremos. Ya he visto tu anuncio en el portal.
—¿Y qué quieres que haga? Es tu perro y el alquiler yo no puedo pagarlo sola. Este piso tiene muchas novias y el casero está de acuerdo en cambiar a una de sus inquilinas. Yo no puedo quedarme en la calle como tú.
—Tranquila, lo daba por hecho. Tanto que me he buscado una buhardilla en un pueblo de la sierra, es mas barata que la capi, no te preocupes, te entiendo. Me mudo en unos días si no sale el trabajo.
—¿Te vas a la sierra? ¿Has visto las conexiones en transporte público? La mayoría de las empresas no tienen teletrabajo para lo que buscas. Te vas a dejar una pasta en gasoil. Por cierto, ¿te ves trabajando allí? Tiene mucho prestigio.
—¿Quién sabe? Puede que sí, puede que no.
—Lo pusiste, ¿verdad? Mira que te dije que quitaras las tres cuartas partes de tu currículum.
—No voy a mentir por ser mileurista. ¿No dicen que quieren gente preparada y con experiencia?
—Sí claro, de licenciados está lleno el burguer, no te fastidia. Y luego está lo de la Triple C ¡En qué hora viste la peli del buenorro de Toretto! ¿Qué? ¿Te han preguntado si es un curso de guitarra o algo asi? ¿Algún día me contarás lo que significa? Porque no es una academia, eso seguro.
—Si tienes que preguntar, nunca lo sabrás. Si lo sabes, solo tienes que preguntar, como diría la Dama Gris de Ravenclaw a Harry Potter —repitió la misma frase que le había dicho al de recursos humanos.
—Ya estamos con la frikada de hoguarts o como se diga. Por favor y el alquiler, ¡dime que no le has dicho eso al reclutador!
—Pues entonces no te lo digo. Por cierto, en la mochila está tu ropa. Suerte que tenemos la misma talla y el mismo número de pie. Hace años que no tengo blusas.
—¿Qué vas a hacer?
—Como siempre, buscarme la vida. He echado el cv en el estudio de tatuaje que está en un centro comercial, quien sabe lo mismo me llaman esos también. ¿Te imaginas? Tendría que decidirme por uno de los dos jajaja.
—Eres de las pocas personas que se toma el desempleo a risa. Siempre puedes cobrar por pasear perros. Te ahorrarías el gimnasio.
—Si no me lo tomo, Carla, me hundo en la miseria. Aun tengo ahorros y el paro. Algo saldrá. Lo de los perros no es mala idea.
Tras instalarse en la buhardilla, le puso de comer a Albus, que detestaba los viajes en coche y estaba medio mareado. Carla se quedó despidiéndola desde el balcón con su nueva compañera a quien le había subido 100€ el precio que le cobraba a ella. La sierra era mas silenciosa que el barrio que dejaba atrás. Si había niños, no se había cruzado con ninguno. Su nuevo edificio no tenía ascensor. Ya se acostumbraría a los cuatro tramos de escalera. Puso con cuidado la cama de su perece y estiró su saco de dormir en el colchón. El canapé se lo traerían en unos días. En peores circunstancias había sobrevivido. Tenía microondas, nevera, lavadora y conexión a internet, no necesitaba más.
Abrió el portátil, mientras le daba un mordisco a un trozo de pizza recalentada, para actualizar el currículum, donde la triple C seguía figurando sin importar la oferta a la que respondiera. No la habían llamado, ni de la empresa internacional ni del estudio de tatuajes. Ellos se lo perdían. Recibió un correo de una empresa desconocida. Una propuesta de trabajo que no tenía nada que ver con ser teleoperadora o auxiliar administrativa. ¿Sería esa la empresa que buscaba? El dinero del banco empezaba a escasear. El puesto era interesante, con unas tareas que comportaban un verdadero reto. Hizo sus deberes y buscó toda la información que pudo de ellos.
—Bienvenida, señorita Castrillo, puede sentarse y comencemos la entrevista. ¿Quiere un café? Le advierto que es tan malo que sirve como diurético. Por las tardes, con un poco de ron, sabe mejor. ¿Puedo tutearla?
—Gracias, con agua bastará. Sí, claro, si yo puedo tutearle, por supuesto.
—Mejor así. Esta es una empresa joven, como ves nuestra sede es en realidad el garaje. La oferta también es en remoto, puede trabajar en cualquier parte, no hace falta que se desplace hasta aquí. Por cierto, tu curriculum es impresionante y estaríamos encantados de que formaras parte de nuestra familia ¿Puedo decirle una cosa?
—Sí, por supuesto. La verdad es que no esperaba su llamada. Ni siquiera recuerdo haber respondido a su oferta.
—Le confieso que no hemos publicado ninguna oferta. Este puesto es solo para tí. Una amiga mía, Laura, mientras tomaba una copa, me comentó que su compañero se había topado con un currículum muy raro que tenía una CCC como otro mérito. Cuando la escuché, supe a lo que se refería y tras un par de copazos más, conseguí que se olvidara de la confidencialidad y me dijo tu nombre. Te estuve buscando y me atreví a contactarte.
—¿Eso es lo que quería decirme?
—No. En realidad es algo que llevo mucho tiempo sin decirle a nadie. Yo también soy CCC —dijo Iñaki mientras guiñaba un ojo.
—¿Cómo?
—Me llamaban Iñakito. ¿Y tú?
—Earendin.
—No intentes engañarme, Ultreia.
—¿Cómo dices?
—Solo mi gran amiga Ultre diría en su currículum que otro de sus méritos es ser CCC.
—¡Me has pillado! —ahora fue ella quien guiñó el ojo— Si eres Iñakito, sabes lo que es.
—¡Pues claro! ¿Por quién me tomas, guapa? CCC: Creadora de Contenidos de la Coctelera. Tres letras que dicen que has peleado con trolls en los inicios de internet, con los errores 404, con todas las dificultades habidas y por haber y te has mantenido en pie. Que eres constante a la hora de publicar con honestidad y coherencia. Una persona con principios y valores que no cotizan en bolsa. Pionera en sembrar de humanidad un mundo virtual y hacerlo mucho más cálido y amigable. Si pudiste con ello, puedes con todo. Solo quien lo vivió sabe lo que curtieron esos tiempos. Esas tres letras que otros interpretarían como frikis es el santo grial para cualquier empresa que se precie. Seguro que Arturo y sus caballeros serían CCC. Te perdí la pista cuando nos tocó cambiar de blogger o a wordpress. Eso sí que fue un drama de mudanza. Cuando Laura me dijo CCC no podía creérmelo. ¡Eras tú! Tenemos mucho de que hablar. Hay otros como nosotros. Desde que cree la empresa sabía que quería personas especiales no mandados. Te vas a llevar más de una sorpresa. Ya les conocerás en persona o por zoom. ¿Qué? ¿Te unes al equipo?
—Ya tengo ganas de empezar.
La verdad de la Triple C
Este relato está dedicado y es un homenaje a todos los CCC que podéis encontrar en el archivo de entradas antiguas de la coctelera y de los que he hablado en el artículo de esta semana: Posts antiguos. Allá donde estén Iñakito, que espero que no le importe que le haya nombrado en este relato de ficción, Brux, Bree, Oli, Haradwaith, Tarecus y tantos otros blogueros y pioneros cuando la parte social de internet estaba comenzando a aparecer en nuestras vidas.
Dedicado a todos aquellos que caminaron, compartieron y hicieron que me enganchara a estas bitácoras que son los blogs. Ojalá, estén donde estén, sigan marcando la diferencia con su humanidad y su particular visión de la vida, una muestra de que otra forma de ser es posible. Sí, ser Triple C debería estar en los curriculum como un mérito y buscados igual o más que el equipo A. Mi agradecimiento más sincero a todos ellos 🙂
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