Hoy no quiero hablar de política, de las numerosas huelgas que amenazan a los madrileños (transportistas, taxis, controladores de parquímetros…), de los «estupendos» ministros (el ministro de interior ha descubierto que la policía le obedecía)… ministros de un gobierno incompetente que votaron los que están de huelga… creo que ahora entenderán un poco mejor lo que es votar con el bolsillo, con la cabeza… cuando todo indicaba que la crisis que no querían ver iba a traer consecuencias graves. Tampoco quiero hablar de todo lo que está produciendo en el campo, en los puertos y en la ganadería que no se transporte sus mercancías (leche tirándose a las cloacas, flota amarrada en los puertos sin salir a pescar, la fruta pudriéndose en los árboles y en las carreteras). No, hoy no tengo ganas de ponerme en plan seria, sino que tengo ganas de hablar de un anuncio publicitario que la verdad es que me encanta. El anuncio de una bebida, de un refresco sin gas. Un anuncio que habla de la naturalidad, de ser uno mismo, de hacer lo que creemos mejor y más conveniente, esté a la moda o no. Tiene mucho que ver con el extraño título que he puesto 😉
Vamos, que los publicistas nos indican más a menos que para ser natural hay que ser casi frikis. Se está reivindicando una manera de vivir en la que lo que importa es lo que pensamos cada uno, no la masa, la sociedad. Y es difícil. Porque seguir los propios principios, las ideas propias cuando la sociedad va por otro camino no es sencillo. A nadie le gusta que le encasillen ni que le señalen con el dedo, que se hagan burlas de esa persona. Y eso ocurre no sólo en los colegios con los niños con gafas, los que se pasan de peso, los que llevan aparatos, los que tienen el pelo más rizado que los demás. Y en el mundo de los adultos pasa algo parecido. Dejar la seguridad de la masa no es sencillo. Este anuncio se aprovecha de ello, de los que no han tenido vergüenza para hacer algo que los demás para vender un producto que se ha renovado y que en un momento determinado perdió mercado.
¿Nos importa lo que digan los demás? Mucho, muchísimo. Casi tenemos que pedir permiso para ser nosotros mismos. Lo extraño es que siempre, en cualquier situación, tenemos dos grupitos bien diferenciados de opiniones: el primero, que nos anima y el segundo que nos condena. Siempre hay fiscal y defensor. Se ve hasta en la actuación de los peques. Nadie le ha enseñado; pero si yo regaño a Dani, le digo que no… él acude a su padre para ver si se lo permite. Y repito, nadie le ha enseñado. Nosotros actuamos igual. Buscamos a la gente para hablar que sabemos que nos va a decir lo que queremos oír. No hay objetividad. Todo el mundo toma partido. Lo que nos toca en la vida no nos deja indiferente.
¿Qué es mejor, hacer caso a lo que dicen los demás o no hacerlo? Depende de cada uno. Creo que hasta depende del momento. Es igual de satisfactorio beber este refresco que cualquier otro, si la persona que lo bebe le gusta. Sobre gustos no hay nada escrito y lo importante es que haya libertad y posibilidad de elegir. Al tiempo que es necesario escuchar diferentes opiniones para no equivocarnos. Lo que digan los demás no importa… dependiendo de quienes sean los demás. A mi, la opinión de mis seres queridos me importa, y mucho. Quizá no en cosas variopintas como es un refresco o algo así; pero cuando se trata de la educación de Dani, lo que opine mi marido es muy pero que muy importante para mi. Partimos de la base que ambos queremos darle lo mejor al peque. También es de agradecer cuando nos dan consejos personas que han pasado por ahí, como cuando tenemos un problemilla de salud o una experiencia que no hemos pasado nunca. Por supuesto que, por ejemplo con el embarazo, lo importante es que lo viva cada pareja sin dejarse influenciar demasiado por la experiencia de los demás. Depende de cómo hayas pasado el parto, por ejemplo, lo verás de una manera o de otra y eso puede hacer que una mujer tenga más o menos miedo a pasarlo. Siempre nos lo pintan como algo espantoso, doloroso y que deja muchas secuelas. Supongo que en la época de mi abuela era algo casi traumático, más cuando había mujeres que morían. En la actualidad, se puede vivir de otra manera, en muchos casos se puede elegir hasta enterarte más o menos dependiendo de si te ponen la epidural o no.
Mi experiencia es que fue un momento único en la vida, que ninguna mujer debería perderse. Pero esa es mi opnión. Lo que no veo bien es que se asuste a las embarazadas, cuando cada embarazo es diferente, hasta en la misma mujer. Por eso creo que lo más importante es dejar vivir esos momentos sin hacer demasiado caso a los demás.
