Acabo de terminar de leer la última novela de Julia Navarro «La sangre de los inocentes» y debo decir que al principio me pareció bastante rara; pero luego me enganchó. Reconozco que las veces que he visto a la autora en programas de televisión, no he estado de acuerdo con sus ideas políticas. Pero una cosa es lo que piensa y otra bien distinta son sus novelas. De hecho, yo me quedo con los libros, que me permiten imaginar épocas y pensar por mi misma. Ésta es la tercera y me esperaba bastante de ella, aunque no sabía de lo que iba. Las dos anteriores me gustaron bastante, son libros de los que hacen que te metas en la historia y te mantienen expectante hasta la última página. El título podía dar mucho juego. No me esperaba una historia hablando de los cátaros, de la Inquisición y de lo que las creencias pueden hacer. Porque, aunque no voy a contar el libro, sí que puedo decir que es una historia de lo que se llega a hacer en nombre de las creencias, que Dios queda bastante lejos de todo esto.
El libro me ha hecho pensar en la situación actual. Antes, el conflicto era entre capitalismo y comunismo, «los enemigos» eran los países del Este, la URSS y sus aliados. Como ya no están, Occidente tiene que buscarse un enemigo, para mantener los presupuestos de defensa. Y ese enemigo, desde el 11-S son los islamistas. Bueno, en la actualidad también América Latina y sus líderes populistas (casi diría dictatoriales, pero bueno, de eso ya hablaremos) está en el punto de mira del país que determina el enemigo, el todopoderoso Estados Unidos. ¿Por qué son los islamistas los enemigos actuales? Creo que por sus convicciones, no les importa morir por sus creencias. Las defienden a muerte, casi pareciendo a ojos de Occidente fanáticos. Observan seriamente los preceptos de su fe y es lo que les une, su identidad a pesar de los países. Les da igual lo que digan los demás, ellos hacen lo que creen. Occidente parece que se avergüenza en cambio de sus raíces religiosas. Si los cristianos se echan a la calle por unas fotografías o por una obra de teatro, casi se les mira mal, como si fueran cosas del pasado, y poco democráticas. Se respeta las creencias de los demás, pero se muestra cierta intolerancia con las propias como si fueran cosas de viejas, de siglos pasados. Basta con ver cómo se tratan las tradiciones. Se habla del Ramadán casi con cierta admiración y sin embargo se burlan de la Cuaresma, diciendo que son prácticas anticuadas.
Pero, no voy a meterme en ese tema, prefiero hablar de la sangre de los inocentes. ¿Quién es inocente? Cuando pienso en inocencia, me viene a la mente los niños pequeños. Pequeños, porque viendo los casos de acoso infantil, de niños agrediendo y pegando a otros, pienso en que la inocencia es un bien escaso. Aunque, las víctimas, esos niños que no se han metido con nadie, que sólo son diferentes porque llevan gafas, son un poco más «hermosos» que los demás, o tienen el pelo distinto. No han hecho nada malo; pero los otros son crueles y se meten con ellos. En lo que se refiere a los adultos, bueno, la inocencia en muchos casos, brilla por su ausencia. Cierto es que en noticias como terremotos, maremotos y otras catástrofes siempre hay inocentes que mueren, personas que no han hecho nada para merecer lo que les ocurre. ¿Qué culpa tienen las personas que sufren un atentado terrorista? ¿Qué estaban en el lugar equivocado en el momento equivocado? ¿Son mas importantes las ideas políticas que la vida? Peor aún ¿es mas importante un equipo de fútbol que la vida humana? Los inocentes son también los no nacidos, los bebés en el vientre de su madre, que no han hecho nada para merecer la muerte, que no pueden hacer nada para defender la vida que están comenzando.
Me pregunto cuánta gente se dedica en este mundo a evitar que se derrame sangre inocente. Gente que busca el diálogo, que defiende sus ideas, sabiendo que la vida está por encima de todo, que no tiene precio y que es lo más valioso. Quien se atreve a quitarla, debería sentir todo el peso de la ley sobre él, sin recortes. Siempre hay que crecerse ante la adversidad, sacar fuerzas de flaqueza y apostar por aquello que merece la pena, sin hacer daño a nadie, defendiendo las ideas pero sabiendo que hay valores que están por encima de todo lo demás.
La novela, ya que es la que ha inspirado el artículo hablaré un poco de ella, es recomendable. Merece la pena buscar «un poco» de tiempo para leerse las 780 páginas que la componen. Se nota que la autora se ha documentado y abre puertas. Eso es siempre interesante. Muchas novelas nos dejan tal cual o no nos permiten tener ideas propias. Ésta no. Da pinceladas, provoca al lector para que piense en la actualidad y nos ofrece puntos de vista de temas actuales, con visiones diferentes.
