Con una imagen así de paradisíaca, es fácil comprender que ando con ganas de vacaciones. Hace unos años, el 1 de julio era sinónimo de sol, arena y mar. Primero había atascos para salir de las ciudades. Y después encontrarte con la misma gente en la misma playa, te encontrabas al vecino del cuarto o al del segundo a tres palmos de la toalla que habías plantado en la costa mediterránea. Las ciudades se vaciaban y se llenaban de obras aprovechando la poca afluencia.
¿Qué pasa en la actualidad? Pues, que somos tantos, que las ciudades no se vacían y que las grandes obras se hacen también el resto del año. ¡Que ganas tengo de que lleguen las vacaciones!. Apenas se me nota ¿verdad? Y en lo que nos rodea igual. Series de surferos, anuncios de helados, rebajas, ropa fresquita… La misma rutina de todos los años. Para ponernos los dientes largos a los que esperamos ese merecido descanso. Vayamos a la playa, a la montaña, o a la esquina. Lo fundamental es desconectar por unos días, hacer otras cosas, aunque estés en casa.
No se trata de llenar de arena el suelo del salón, o de tomar el sol en la terraza… se trata de recargar las pilas, de disfrutar allá donde estés. Desde el mismo momento en que sales por la puerta de la oficina, del trabajo que tengas. Si estás pensando en el trabajo, no descansarás. Esos días hay que dejar el portátil, la problemática de la empresa y descansar. Si no se hace, el cuerpo pasará fortuna poco a poco.
