Ayer conseguí quitarme nuestra ropa para planchar. Todavía me queda la ropa de Dani y la ropa de casa. Como llevamos unos fines de semana que no paramos en casa se me había acumulado un buen montón de ropa y claro me tocó ponerme en serio. No es una de las tareas hogareñas que menos me guste, aunque no soporto planchar sábanas. Quizá con las camas de 90 sea mejor, pero ¿cómo planchas las bajeras de 1,50 cuando son ajustables? Mi tabla de planchar es normalita y las sábanas cuelgan por todos lados. Y de las esquinas ajustables mejor no hablamos. Es casi una asignatura de mi master de paciencia. Lo reconozco, hay veces que suspendo. Lo plancho todo menos las esquinas. Para mi es lo peor. Ahora toca recoger lo planchado y tener ganas de enfrentarme al montón que queda. Porque aun quedas unas cuantas sábanas. La ropa de Dani es pequeña y siempre me gusta plancharla. Es como cuidarle un poco más todavía. Además es curioso como va cambiando el tamaño de su ropita. Recuerdo bien cuando hace meses los bodies eran como de juguete y ahora son poco a poco como la ropa de niño, no de bebe. Es una sensación extraña, que seguro que las mamis que me leen me comprenden.
La plancha. A mi no se me ocurriría hacer lo que vi en una foto hace unos días, buscar sitios insospechados para ponerse a planchar. Prefiero hacerlo en casa, en una zona de la casa donde hay corre el vientecillo. Un gustazo dentro del calor que se pasa con tanto vapor. Cuesta y después hay que meterlo en el armario. Menos mal que me libro de las camisas, que para mí, son lo más engorroso. Me libro porque eso es cosa de mi marido. Cada uno tiene lo suyo. Aquí no se trata de compartir tareas. Se trata de que cada uno es responsable de unas cuantas y tiene que hacerlas. Por quedarme en casa no significa que mi marido no haga nada dentro. Si su trabajo está en la oficina, el mio es cuidar a Dani. A partir de ahí, la casa es de los dos y los dos tenemos lo nuestro. Sólo podemos hacer cosas los fines de semana y si no, llevamos retraso, como con la plancha. Tampoco me agobio demasiado porque voy haciendo cosillas mientras Dani duerme.
Y ahora, debo continuar, ya queda poco.
