Esta semana tengo que preparar mi carta de, como yo digo, de readmisión. Vamos que se me acaba la excedencia y hay que volver al trabajo. ¿Que en qué trabajo? En el departamento de recobros, más conocido por morosos. Nuestro trabajo es volver «amorosos» a los clientes, por lo que es algo estupendo para la compañía. Eso sí, viendo cómo está el patio por la crisis, imagino que no me va a faltar trabajo.
¿Cómo es trabajar en morosos? Pues la verdad es que al principio, cuando no estaba en el departamento pensaba que el trabajo de recobro tenía que ser espantoso y violento. Es tratar con clientes descontentos con la empresa, porque no sé por qué, el recurso del pataleo que más se lleva es dejar de pagar. ¿Conocéis a alguien que deje de pagar la hipoteca porque esté enfadado/a con el banco? Conozco gente que no paga porque no llega a fin de mes, pero no porque esté enfadado/a con el banco. Pero, en lo que se refiere a servicios, te mosqueas con la empresa y el recurso es el mismo: darse de baja y dejar de pagar. Algo que no sirve de nada, por cierto. Porque la mayoría de las veces dejar de pagar no significa que te den de baja, sino que la deuda se acumula y puede que hasta te lo reclamen por via judicial. Y dejar de pagar para que te solucionen un problema tampoco es la forma. Más cuando algunas empresas impiden el mantenimiento si hay deuda. Es como si se te estropea el coche y dejas de pagarlo, pues evidentemente, no te lo van a arreglar por tu cara bonita, por no hablar de que te has quedado sin argumentos al dejar de pagar.
Así que no, dejar de pagar nunca es la mejor opción. Pero, algunos creen que sí y de ahí que yo y unos cuantos más tengamos trabajo. Una vez que estás dentro del departamento, el trabajo no es malo. Nos encontramos con las meteduras de pata de nuestros compañeros (que las hay), con clientes cabreados (que los hay, algunos con razón) y con algunos que son morosos de carrera, de los que son auténticos profesionales. Con estos últimos no hay piedad. Detectarlos es lo más complicado. Luego están los casos dolorosos: son los casos de personas con verdaderos problemas, de sueños rotos. Personas que pusieron sus ahorros en un negocio y que la cosa ha ido mal. Que les notas que quieren pagar pero que no pueden y no encuentran solución. Imagino que esos casos habrán aumentado mucho en mi ausencia.
Nuestro trabajo hace que la percepción de la empresa sea bien distinta al resto. ¿Por qué? Porque sólo vemos problemas. Aunque trabajáramos en la mejor de las mejores, para los que recobramos las cosas siempre van mal. Normal. Nuestro trabajo consiste en tirar de las orejillas a los chapuzas que estan en la empresa, tratar con clientes descontentos o con serios problemas. Un cliente que lleve años con la empresa, que esté contento y que piense que nuestro servicio es el no va más, simplemente no nos llega. Por lo que es un trabajo que quema. Estar todos los días rodeados de problemas termina afectando. Y te hace un poco más desconfiado. Ahora por ejemplo me parece impensable no leer la letra pequeña de los contratos, no revisar las garantías, no comprobar todos los datos que he dado al contratar algo, no conocer los plazos para tramitar baja y cosas así que el ciudadano medio de a pie ni se plantea. Y luego están los tics profesionales: entras en una tienda y en un vistazo ves si son clientes o no. Si lo son, miras los equipos, piensas en si estarán al dia o tendrán problemas. Si los tienen, a qué se deberán. Os aseguro que en mi tiempo de excedencia he seguido haciéndolo.
¿Voy a volver igual? No, ni de lejos. Tener un peque es como hacer un master en cambios, imprevistos y paciencia. La creatividad emerge cuando tienes que resolver problemas en poco tiempo. Por ejemplo, hace tiempo fuimos a un vegetariano y me dejé el bibe del agua. Dani era demasiado peque para beber en vaso. ¿Cómo lo solucioné? Dándole agua con la cuchara. No era una opción muy normal; pero solucionaba la incidencia con cierta facilidad. O usar un body como babero porque me lo he dejado en casa. Cosas que te hacen un poco más despierta, porque con un peque no importa lo que te inventes, sino que se solucionen los problemillas. Evidentemente ser experta en cambio de pañales no me va a ayudar en mi trabajo con los morosetes; pero lo que he aprendido en este tiempo de efectividad, de rapidez a la hora de solucionar incidencias seguro que sí. Son problemillas distintos pero que hay que resolver con la misma efectividad. Tras casi dos años sin currar, mis fuerzas están renovadas y mi ilusión también. Además, mi motivación ahora es bien distinta. Tengo un peque que me espera, que es mi alegría y mi principal fuerza para sacar las cosas adelante. Además, este tiempo fuera me ha permitido publicar mi primer libro, vivir la experiencia del blog y crecer como persona.
¿Me gusta mi trabajo? Bueno, estudié para otra cosa; pero lo que hago no me disgusta. Hay dias estupendos y días que presentarías la baja voluntaria. Dias de esos que te gustaría imitar a Bart Simpson haciendo «un calvo» con un billete de euromillón premiado con un montón de millones en la mano. Y otros en los que, sólo te hace falta poner la radio o la televisión para descubrir que, en los tiempos que corren, tener trabajo fijo es una gran suerte y que eso nos permite cuidar bien a Dani y tener algún caprichillo extra.
En fin, que mientras veo en la tele cómo les ponen en el cuello la medalla de plata a Gemma Mengual y a Andrea Fuentes, preparo con tranquilidad la carta de readmisión, con la alegría de haber visto a los chicos de baloncesto meterse en semifinales. Con las olimpiadas siempre hay pequeñas alegrías.
