No sé qué le pasa a mi explorer

Ayer no pude publicar porque mi querido explorer no encontraba ni la página de inicio. Y no es que sea muy difícil, sino que como la mayoría de personas que conozco mi página de inicio es Google. Pues nada, que no quería encontrarla. Tardó como unos 20 minutos en hacerlo y se colgó a la mitad. Mi paciencia es grande; pero no tanto. Con lo que ayer, la navegación por internet se hizo imposible en el poco tiempo que tenía para hacerlo. Se quedaron cosillas por hacer en tema de bancos; pero nada que no se pueda solucionar. ¿Qué le pasa a mi explorer? Pues no lo sé; pero a mi marido en el ordenador del trabajo le pasa lo mismo. Él ha decidido probar el navegador de Google, creo que se llama Chrome o algo así. Y dice que va bastante rápido; pero que como está en pruebas que espere a instalármelo y que por ahora use Firefox. Lo tengo instalado también; pero no me hago a él. Soy una persona de constumbres y eso de empezar a dejar las pantallitas para hacerme con otro navegador… lo reconozco, me da mucha pereza. Estoy como Dani, que en cuanto le sacas de su rutina anda como tanteando las cosas. Todo se pega, por lo que veo. Los cambios son así, nos hacen tambalearnos, hasta algo tan nimio como cambiar de ordenador o de navegador.

Ayer operaron a mi sobrina la mayor y todo ha salido bien. El miércoles se marchó una amiga a México y, como no ha salido nada raro en la tele, entiendo que ha llegado bien y que está adaptándose a su nueva vida. El miércoles empezó Dani el cole y hoy ya tiene la jornada completa hasta las 16.30, comiendo allí y durmiendo la siesta allí. Muchas novedades para esta semana y… mi explorer decide que tiene muy pocas ganas de trabajar. Me lo tomo con humor, pues los cambios bruscos en mi vida ya pasaron y ahora tengo una estabilidad que muy pocas cosas pueden derrumbar. Como decía el «¿quién se ha llevado mi queso?» es cuestión de calzarse las zapatillas y buscar en otro lado. Hay que cambiar el plan diario para adaptarse. ¿Que el explorer tarda? Genial, así me da tiempo a poner la lavadora, reunir la ropa para planchar que anda en el canapé producto de una visita familiar, vaciar el lavavajillas y ordenar un poco el salón que andan todos los juguetes de Dani dispersos por el suelo. Escribo el post y mi cabeza anda pensando en todo lo que hay que hacer este finde. Porque gracias a una llamada de mi madre me he recordado que hoy es viernes. Además tengo que pensar qué quiero para mi cumpleaños, que es el domingo, el día que empiezan las fiestas del pueblo en el que vivo porque paseando por las calles ya he visto las banderolas y los adornos de luces. Pero eso, en su momento, lo que interesa es el hoy.

Hoy. ¿Cuál es mi hoy? Bueno, estoy sola hasta las 16.30 que es cuando recojo a Dani. Ese hecho es el que marca mi jornada. Da igual lo que haga, a las 16.30 tengo que estar en la puerta del aula de Dani para recogerle. Y eso hace que la planificación del día sea distinta a la de ayer. Pues a estas horas iba camino del cole y hoy estoy aqui, escribiendo, con el móvil cerca, cargado hasta los topes y pensando qué pasará cuando le den de comer alli, cuando intenten que se duerma. Lo que daría por verlo por una webcam. Sé que sus profesoras van a hacerlo todo lo posible y que Dani hoy está mucho mejor que ayer; pero me gustaría ver cómo consiguen que coja la manita de otros peques, que coma y… sobre todo, que se duerma. Por mi parte, mi preocupación es que hoy no me toque dar vueltas para aparcar, lo que hizo que llegara un poquito más tarde que el día anterior y Dani estuviese solito en el aula con las profesoras intentando que no llorara. No hay nada peor para una madre que ver llorar a su pequeño. A nosotras que nos echen lo que sea; pero a nuestro peque que no le toquen. Así que hoy, a las 16.00 ya estaré en el coche para ir a por él, aunque el cole está a diez minutos. Prefiero esperar yo a que lo haga él. Tengo que coger además su vasito de agua, el gorro, las galletas y el coche, porque del cole me lo llevaré a pasear. ¿Cómo estoy sin él? Bueno, lo cierto es que el tiempo me cunde mucho más de lo que pensaba. Intento hacer su horario por lo que como a las 12.30 y así, las tardes son larguísimas. No sabía la cantidad de posibilidades que da comer pronto. Es como si el día se estirase

Como podéis ver, mi explorer no me preocupa en exceso. Hoy, por cierto se casa una amiga. A las 17.00 (hora torera) empezará una nueva vida para ella. Por fin sienta la cabeza y la mia rememora cómo estaba yo a escasas horas de mi boda. Lo cierto es que disfruté de ese dia mucho más de lo que esperaba. ¿La vida de casada? De soltera no se vive mal; pero prefiero mi situación actual. Mi marido y yo seguimos igual «tórtolos tontos» que cuando nos casamos y espero que nos dure mucho tiempo. Me parece que hay llegado el momento de dejar el ordenador y ponerse con la plancha antes de comer.

Buen viernes a tod@s 😉