Il mondo

Desde el domingo, día de mi cumpleaños, tengo pendiente el actualizar el blog. Pero… por fuerza mayor… es decir, mi querido explorer haciendo de las suyas, no me ha sido posible hasta hoy. ¿Será que le faltaban las actualizaciones para que mi ordenata volviera a ser un estupendo ferrari en vez del dos caballos que era hasta ayer? Quien lo sabe. Lo cierto es que llevo varios días dándole vueltas a varios temas y no tengo muy claro si debería ponerme a escribir aquí, o dejarlos en el socorrido «borrador». En fin, ya veremos lo que pasa. Por ahora vamos a dejar que los dedos corran por el teclado y ya veremos si el texto se publica entero, lo parto, o lo dejo en borrador como el último que he eliminado. Lo escribí el 10 de Junio. Con la de cosas que han pasado desde entonces, no me parece demasiado normal publicarlo. No era malo, pero ahora no tendría sentido volver a recordar esas cosas del pasado. Los post a veces son como las olas, o las coges en el momento oportuno o carece de sentido sacarlo a la luz.

Ayer estuvimos en un pueblecito de Toledo que se llama Fuensalida. No he visto tanto almacén de zapatos juntos en mi vida. Productos de calidad y casi a la mitad de precio de lo que costarían en Madrid. Y eso me hace pensar en los beneficios que pueden tener las zapaterías cuando alli se pueden permitir ser tantas tiendas y tener esos precios. No eran zapatos marca «el pollo» o imitación, sino que eran buenos, para peques los Pablosky (creo que se escribe así, no estoy segura) y para mayores, 24h, Fluchos, Luisetti… creo que ya me han visto en las zapaterías de Madrid, porque una puede estar de excedencia pero eso no me hace que tire el dinero, ni mucho menos. Es flipante ver a todo un pueblo viviendo de una calle entera abarrotada de gente comprando zapatos. Hoy toca revisar el zapatero y deshacerme de los que no me pongo. Y con el calzado de Dani pasa lo mismo, con mayor facilidad porque como crece tan deprisa, lo de hace un mes ya no le vale.

Hoy hace una semana que Dani empezó el colegio y parece que ya va estando un poquito mejor. Se levanta contento antes de su hora. Y yo agradezco el no tener que despertarle. Porque eso de que se levante solito y vaya con la sonrisa es un gustazo. Aunque luego llore por simpatía cuando ve a sus compis llorando. Me encantaría poder ver lo que hacen o en el recreo, o verles como comen todos o como duermen. Si no fuera porque el cole está vallado y no hay forma de verles desde el exterior, allí que me plantaba con el coche para verle sin que me viera. Porque basta que me vea para que venga a mi medio lloriqueando. Ya tengo ganas de verle de nuevo, de cogerle y de irnos al parque. El otro día probó la arena del arenero. No le gustó porque se puso a hacer pedorretas. Cada día se le nota más despierto, con más agilidad y más ideas. Es increíble lo deprisa que crece. Si parece que fue ayer cuando dormía en su capazo y ahora corretea por todos lados, pega grititos y no para ni un momento. Sí, se me va a caer la baba otra vez ¿será ese el problema de mi ordenata? Quien lo sabe.

Me voy a poner a comer, que en un rato me toca ir a por mi solete.