Mortadela con aceitunas

Aquellos que me conocen, saben con total certeza de que no me gusta la mortadela, el chopped y cosas de ese estilo. A mi que me den jamón, chorizo, o lomo… el chopped y la mortadela se lo dejo a quienes sepan disfrutar de ellos. ¿Por qué hablo de ésto hoy? Bueno, hace tiempo que no actualizo el blog, no por ganas ni por falta de temas, sino porque no paro. Si pudiera actualizar a través del iPhone lo haría en el rato que estoy esperando a Dani; pero entre el trabajo y el pitufillo fortachón no tengo demasiado tiempo para escribir. Me parecía un título por lo menos llamativo, más ahora que con toda la vorágine diaria, ando perdiendo peso comiendo lo mismo. ¿Cómo se hace? Pues ni idea, pero lo cierto es que estoy recuperando la figura que tenía antes de quedarme embarazada.

Ahora ando intentando escribir un poco a trompicones, con una mano y casi con un dedo porque Dani, no para de lanzarse encima de su mamá. No le gusta que esté con el ordenador por lo que ando haciéndole cosquillas con una mano. Y aún así, no sé cuánto tiempo podré estar escribiendo, porque Dani no parece demasiado conforme con compartir a su mamá con una máquina. De hecho he estado más de 20 minutos entre un párrafo y el otro. Pero bueno, es lo que tiene ser una mamá de «leche y miel» como se suele decir. Además de cubrir sus necesidades básicas (la leche), me ocupo también de sus emociones, de darle besitos, mimos, achuchones y de quererle mucho mucho (la miel). Es como me han tratado a mi, he aprendido de la escuela de mi madre, que era capaz de levantarse a mitad de la noche sólo porque yo la llamaba para que me diera un beso. Era la manera de que se me pasaran las pesadillas. Un beso de mi madre y parecía que todo se solucionaba, nada malo podía pasarme. Aún hoy si me encuentro muy pachucha la primera palabra que me sale es «mamá».

Me encantaría seguir escribiendo pero Dani reclama a su mamá. Espero que tarde o temprano pueda volver a publicar con más asiduidad.