Las chicas son guerreras

Si hay algo que me sorprende de las nuevas tecnologías es la faceta «rosa» con la que nos las quieren vender a las mujeres. Te ponen la DS color rosita, o los ordenadores de niñas con juegos de princesas… menudo rollo… ¿Quién se cree esa imagen? Puedo asegurar como mujer que soy que nuestra vida es algo más que trapitos, hacernos la manicura y demás. Nos pueden gustar (a quien le guste) los lacitos, el rosa y demás estereotipos femeninos; pero… las chicas somos guerreras. Puede que tengamos menos fuerza que los hombres, pero lo suplimos con otras cosas, carácter, genio, inteligencia, astucia… Quizá no pueda con mil kilos; pero seguro que puedo pensar cómo moverlos con mi fuerza.

Somos guerreras, porque en la historia siempre nos han dado los peores papeles. ¿Hay alguien más desconocido que el soldado desconocido? Sí, su novia, su mujer o su compañera sentimental… o como queráis llamarlo. Por cada historia de heroína hay quince (por poner un número) en que las mujeres son objetos, simple y llanamente. Objetos que han pasado a la historia, sin pena ni gloria. ¿Alguien se acuerda de las Sabinas? Pues por ellas existe la costumbre de que el recién casado pase el umbral de la nueva casa con la recién casada en brazos… aunque algunos quisieran usar una carretilla. Parece que la historia siempre trata a la mujer como de segundo nivel. ¡Y pobre de la mujer que se rebelara contra ello! En la Edad Media a las mujeres que decidían buscar la sabiduría… se las llamaba… brujas… y se las quemaba en la hoguera. En la actualidad, si una mujer triunfa… se piensa casi siempre «¿Qué habrá hecho?» que es una variante fina de «¿Con quién se habrá acostado?».

¿Por qué somos las malas de la película, o los adornos al coche deportivo de turno? No lo sé, y tampoco quiero pensarlo demasiado porque podría terminar enfadándome. Lo que sí puedo decir es que somo mucho más de lo que podemos aparentar. Y si alguien lo duda, que se dé una vuelta por el «facebook» y vea la cantidad de chicas que están en la guerra de pandillas. O que se dé una vuelta por los campus universitarios y vea la proporción, que también hay chicas en ingenierías. O por el ejército… la pena es que no haya más ejecutivas… aunque todo se andará. Nadie puede negar que el siglo XXI es de las mujeres, guste a los hombre o no les guste a los machos. Yo estoy convencida de que mi marído estaría encantado si yo ganara más que él. No cambiaría nada de nuestra relación. Quizá para las generaciones pasadas fuera bochornoso para el hombre, pero nada más lejos en la actualidad. Somos algo más que curvas y obsesión por tener un cuerpo de modelos.

Hablando de cuerpos… ¿por qué esa obsesión de los kilos? ¿No es de paranoia que un cuarto del planeta quiera perder peso mientras muchos miles están muriéndose de hambre? Hay gente que se pasa la vida pasando hambre para no engordar, como si fuera normal que con ciertas edades sigamos usando una talla 36. Eso no es ni normal, ni natural, ni sano. Cada uno debe estar agusto consigo mismo, tenga la talla que tenga. Si quiere bajar peso que lo haga por estar mejor consigo, no por lo que le imponga la sociedad. Como con las modas… ¿por qué tenemos todos que vestirnos igual? De verdad, hay gente que se encuentra más cómoda con unos vaqueros y un polo que con un vestidito que no te deja ni respirar. Lo importante es vestirse de uno mismo. Y que los demás gasten saliva si quieren en hablar de unos y de otros. La vida es demasiado interesante como para dejar que se vaya en esas pequeñeces. Hacer caso a la sociedad siempre y cuando no te imponga lo que «se lleva». Por ejemplo, en Estados Unidos está triunfando una serie de Disney que se llama «Camp Rock», es parecida a la famosa «Hannah Montana» o del estilo a «High School Musical».

El caso es que los protagonistas, «The Jonas Brothers» están triunfando, tienen conciertos multitudinarios… y hasta aqui todo parece normal, algo que podría pasar en España ¿no? Pues la verdad es que no creo porque uno de los hermanos Jonas, luce en su dedo anular un anillo «love waits», es decir que declara abiertamente que no cree en las relaciones prematrimoniales. ¿Alguien se imagina a un triunfito llevando un anillo de esos? Se le pondría de antiguo para arriba, cuando es una opción más. Para algunos será mejor y para otros será peor. No se trata de imponer ni unas cosas ni otras porque las ideas, si se imponen… malo. Lo fundamental es proponer no imponer. Lo que diferencia una vida de otra no son los éxitos sino los intentos. Y eso, puedo asegurar lo que ponía en el título, las chicas somos guerreras, si algo no se consigue, se vuelve a intentar hasta lograrlo, sin rendición ni desfallecer.