Lo inteligible y la inteligencia

Hablar de lo inteligible y de la inteligencia en los tiempos que corren es realmente arriesgado; pero después de una mañana en la que he estado solucionando problemas de «poco inteligentes» creo que merece la pena arriesgarse. Es que una cosa es lo inteligible y otra es la inteligencia. Los profesores pueden darnos los conocimientos; pero depende de nosotros el comprenderlos y emplearlos. Pueden facilitarnos los conceptos; pero no depende de ellos que los entendamos. Es como si a mi se me ponen a hablar en chino… puedo asentir con la cabeza sin entender ni jota.

A veces es lo que me ocurre con otras personas, yo lo veo clarísimo e intento explicarme…pero… o no lo hago inteligible… o no encuentro inteligencia al otro lado. Puedo decir las cosas tras pensarlas mucho; pero no puedo saber cómo será la persona que las recibe. No sé la experiencia que tiene, ni lo que ha vivido, ni lo que ha asimilado de la vida. Porque no vamos por el mundo pidiendo el curriculum vitae a todo aquel con el que hablamos o con el que nos encontramos.

Y no podemos dar por supuestos los conocimientos que tengan los demás. A veces corremos el riesgo de no comunicarnos por el simple hecho de usar un lenguaje demasiado técnico. Cuando trabajas con sistemas específicos, se habla de ellos como si todo el mundo supiera lo que son. Y así pasa, que alguien escucha esa conversación y no se entera de nada. Yo lo veo con las conversaciones que tiene mi marido, hablando de sus programas y sus «juguetes» informáticos…

¿Sabía alguien hace unos años que era facebook, un blog, twitter un mp3, un .jpg o un pendrive? Es como si entras en una clase de preparto y empiezan a hablarte de biberones de 250, de pañales del 6, 5 de Dalsy o 2 de apiretal… por no hablar por ejemplo del bexident. O estás metido en esos mundillos o no comprenderás nada.

Si nos queremos comunicar con los demás, debemos adecuar nuestro lenguaje… y repetir lo que queremos decir todas las veces que sean necesarias, hasta que las otras personas comprendan lo que queremos decir. Los juegos de palabras pueden estar muy bien si queremos confundir o desviar la atención del contenido. A veces hablamos cosas de forma grandilocuente, usando un vocabulario poco habitual, muy sonoro… para que el que nos escucha no descubra que realmente no decimos nada. Como esos mítines políticos con los que nos vamos a encontrar en unos días, de horas y horas que pueden resumirse en un par de frases como mucho.Todo tiene su justa medida. 

No depende de nosotros que los demás comprendan lo que decimos. No está en nuestra mano que lo entiendan; pero podemos intentar explicarnos lo mejor posible. Que no se diga que no lo hemos intentado. Si los demás no tienen los mismos pareceres o gustos que nosotros, al menos podremos decir que hemos compartido ideas, que es, curiosamente lo único que nos separa de otros seres humanos. La dialéctica realmente es una serie de ideas. Desgraciadamente las guerras se producen también por un intento de imponer ideas, las queramos disfrazar de lo que sea.