Esta mañana ha sucedido uno de esos momentos en los que me planteo seriamente si en mi oficina hay una cámara oculta o algo así. Resulta que me han pedido un imposible. Digamos que teniendo 20, me piden 30. Y al explicar la situación a mi responsable me ha dicho que «te recuerdo lo de los panes y los peces» ¿¿??¿¿?? Una cosa es creer y otra es sacar de donde no hay. Así que si mañana, a las 10.00 me pongo a rezar, imagino que no me podrán decir nada, porque estaré haciendo caso a lo que me han dicho, es decir, rezando para que se multipliquen los clientes y poder llegar a un objetivo que ha puesto alguien que no ha comprobado la cartera que tengo.
¿Puedo llegar a 30? Pues, materialmente no, porque tengo 20. Ya sé que cuando les vendieron este producto a mis responsables les vendieron la moto y ellos tuvieron estrellitas en los ojos… pero no era oro lo que relucía y el balón se deshinchó antes de empezar el partido. Por lo que me encuentro con que el trabajo es sencillo, callado… y ahora es escaso. Y cuesta, porque a mi alrededor, mis compañeros van con la lengua fuera. Me exigen algo que es imposible cumplir porque no tengo herramientas para conseguirlo. Es como querer construir un rascacielos con un camión de ladrillos nada más. ¿Alguien podría? Quizá David Copperfield… no se me ocurre nadie más.
No pueden darme cartera de otros porque lo mío es completamente diferente, así que me paso las mañanas, haciendo hojas excel, revisando listados y viendo que las ingentes cantidades de facturas que iba a tener que hacer… se reducen a 4, si llega. Y todo por un mal cálculo de un responsable que, quizá, andaba con demasiadas cosas en la cabeza como para buscar soluciones eficientes, o que se creyó las palabras zalameras de una comercial con una bola de cristal agrietada.
Eso sí, intento hacer lo que puedo, lo mejor posible, con las herramientas que tengo y con una sonrisa, siendo la profesional que soy. Que nadie pueda decir que yo no he hecho todo lo posible, con una sonrisa. Ya está el ambiente demasiado cargado en el departamento como para oscurecerlo más. Porque en el fondo, esto es sólo trabajo… y afortunadamente… yo sé dónde está el sentido de mi vida, mis verdaderos panes y mis verdaderos peces, los que no paran de multiplicarse y los que hacen que cada día me levante por la mañana y llegue a la oficina con ganas de enfrentar el trabajo del día, salga por donde salga, buscando sorprenderme y… a pesar de todo… contra viento y marea… intentar dar lo mejor de mí. Por supuesto que sigo buscando soluciones… pero sin desesperarme… porque todo llega.
