Perseguir los sueños

Desde hace meses pertenezco a una de esas redes sociales que una no sabe muy bien para qué sirve, hasta que entra, Facebook. Muchos le tienen miedo, otros lo usan para reirse de las fotos de los perfiles (¿no tendrán nada más interesante que hacer? lo que no saben, es que puede que haya otras personas que se rían de las fotos de los primeros), algunos para buscan a conocidos del cole, de la universidad, o del parvulario, familiares cercanos, o amigos de antiguos vecindarios. Cada uno busca lo que le interesa y está bien.

El tema es que hay dos «aplicacaciones» que están «casi» de moda en los perfiles que conozco: las galletas de la fortuna y los tréboles. Se tratan de darle a un botoncito y te sueltan frases… algunas abstractas y otras como si de una pitonista se tratase. No está mal. Reconozco que me divierte. Pero en el fondo, me hace reflexionar sobre la necesidad que tenemos de que alguien nos ayude, de tener «maestros vitales». Conozco personas que consultan el horóscopo a diario… y que se cumple. Efectivamente, porque hacen que se cumpla, de cómo creen en la conjunción de los planetas.

Parece como si necesitáramos tener una especie de máximas diarias que nos ayudaran a buscar un sentido a la vida, al día a día, a salir de la rutina. ¡Como si en el día no hubiera señales suficientes como para salir de la rutina! En el tiempo en el que estamos, por ejemplo, la gente mide las horas de forma completamente diferente: los que se van de vacaciones viven la semana anterior como si fueran meses, y los que vuelven, con la nostalgia del tiempo vivido. ¿Por qué nos cuesta vivir el presente? Pues si tuviera respuesta, me haría de oro, os lo aseguro. Tengo mi propia respuesta, que seguramente, sólo será válida para mí.

Galletas y tréboles. Confiamos en lo que dicen sendos programas de ordenador, en frases que han tecleado otras personas anónimas… porque, a lo mejor, no tenemos a nadie al lado que nos pueda ayudar en un momento complicado, en un momento de soledad, de cambio, de dificultad. ¿Por qué la gente va a los psicólogos? Porque ya nadie sabe escuchar. Hacen falta profesionales que enseñen a escucharse a uno mismo, que nos ponga en paz con uno mismo para poder vivir dentro del pellejo de uno sin tirarse de los pelos y sin machacar demasiado al de al lado.

¿Qué ha pasado? La educación ha fallado. Nos han vendido demasiado ese mundo tan perfecto, de sobresalientes, de gente 10, de 90-60-90, que cuando te mirar, que cuando caes, que cuando no llegas… casi da vergüenza confesarlo…ups! menudo lapsus, he usado la palabra confesión y eso en esta sociedad laicista es casi vergonzoso… reconocer que no puedes, que de hecho puedes equivocarte y puedes hacer algo mal… es malo. Mejor callar y tragar… y nada de lloros, por favor, no vaya a ser que demuestres que eres débil y entonces se aprovecharán de ti…

¿Sabéis lo que os digo? UN CUERNO. No soy una mujer 10, ni lo quiero ser. Meto la pata ¿y qué? Todos lo hacemos… si me caigo, ojalá reaccione como Dani, mire alrededor con una sonrisa y diga «me he caído» sin darle más importancia… y adelante. Tengo gente a mi alrededor que me escucha, que me ayuda y que me dice lo que piensa, aunque a veces no me guste. ¿Necesito los tréboles y las galletas? No, aunque esas frases me gustan porque me recuerdan que tengo gente de carne y hueso muy sabia, aunque no tengan CUM LAUDE.

¿Qué tiene que ver lo anterior con perseguir los sueños? Llevo dias pensando en dos amigos que están más allá del charco, persiguiendo su sueño, guiándose por su corazón que es la gran galleta y al que menos escuchamos. Que han dudado y que a veces tienen miedo de los pasos; pero que han seguido, creyendo en aquello que merece la pena, que intuían que les llenaba la vida. Personas que un buen día se calzaron las zapatillas en busca del queso que llenara su apetito, sintiendo el coraje de tener miedo al cambio. Que buscan las fuerzas primero dentro y que desde ahí hacen sus cálculos. Perseguir los sueños.

Algunos diran que está bien para la juventud, otros que lo dejan para cuando toque la lotería o cuando se jubilen… ¿quién asegura que se llegará a ese tiempo? ¿No será mejor perseguir los sueños, la felicidad del momento actual? No me refiero a la felicidad pasajera, a pillarte una melopea, a las drogas… la felicidad del corazón que sale por los ojos y que se desprende hasta por las orejas. Y sueños que no agreden a los demás, al estilo los problemáticos e intransigentes, los que son «monoideas» en su más amplio concepto (terroristas, extremistas, hinchas ultras…). Si se quiere cambiar la fealdad del mundo hay que cambiar por el minuto actual de uno mismo. Tal cual. Esa es la única receta. No se trata de cosas grandes, sino de las cosas pequeñas, de pequeños actos. Teniendo sueños y persiguiéndolos. Y si te caes… te levantas, te sacudes el polvo, revisas las heridas, sonríes y adelante.

Si necesitas una galleta que te lo diga… ¿No te vale este post?