LLevamos semanas leyendo en los periódicos, viendo y escuchando en las noticias, el desastre producido en Haití. Semanas de destrucción, de pobreza, de miseria, dolor, enfermedad, hambre… ¿Puede haber esperanza, oportunidad en un país así? No creo que me equivoque si digo, abiertamente, que sí. ¿Por qué? Porque, como se suele decir, a veces hay que romper algo para hacerlo de nuevo, hacerlo mejor. Es sencillo quedarse ahora con la desgracia, con los lamentos…
Pero… ¿Dónde estaba la comunidad internacional antes del terremoto? Las casas haitianas estaban hechas con malos materiales, la población era pobre, la situación era complicada para la sociedad de uno de los países más desolados de todo el mundo. La prostitiución, la esclavitud, el tráfico de niños y de órganos… ya estaban antes del terremoto, aunque los paises desarrollados miraran a otro lado. Haití estaba ahí, en el mismo sitio que está ahora. Otra cosa es que el resto de países quisiera verlo.
Ahora, tras el terremoto, parece que el mundo se está volcando con esa población. Ahora existe la oportunidad de cambiar las cosas, de echar una mano, de construir bien, de hacerlo bien. Ahora que la comunidad internacional es consciente del drama, es la oportunidad de dejar de ir cada uno por un lado y de arrimar al hombro para llevar a buen puerto este país. Va a ser difícil; pero entre todos, dejando a un lado los intereses partidistas, y buscando los comunes se podrá hacer. ¿Soy ilusa por pensar así? No, creo que cuando una vasija se rompe, el alfarero puede hacerla de nuevo, y de los pedazos de la antigua puede hacerse una mejor.
¿La vida da oportunidades? Indudablemente. Lo importante es estar atento. Cuántas veces se ha podido comprobar eso en la historia. De las cenizas de una civilización nace otra. Los grandes desastres se aprovechan. El mundo actual no sería como lo conocemos sin el choque de las placas tectónicas que han ido separando las tierras hasta conseguir el mapa mundi que conocemos. Y en la vida cotidiana pasa lo mismo. A veces que te echen de un trabajo puede ser el punto de inflexión para que la vida cambie, para tomar decisiones que, de otro modo, serían implanteables.
Quizá la crisis sea una oportunidad para descubrir esa humanidad que parece que, habitualmente, nos ha abandonado. El Estado del bienestar, el capitalismo, está demostrando que no puede deshumanizar la sociedad aunque sea en pos de «lo mejor», porque realmente ese «lo mejor» no lo es. No es del todo comprensible que por unos valores bursátiles, la vida de un ciudadano pueda cambiar tan radicalmente. Porque, todo ha sido por la macroeconomía que nos afecta mucho más de lo que creemos.
Quizá hay que volver a darse cuenta de que no podemos hacer las cosas sin mirar a los que tenemos al lado. Solos no podemos. Si somos una sociedad, no es por el contrato social, sino porque solos no podemos. Necesitamos de los demás. El dinero, el consumismo, ni da la felicidad ni la tranquilidad. Porque tal como viene, se va.
¿En qué se asienta tu vida? ¿Cuáles son tus valores? Porque la vida da la vuelta en cuanto menos te lo esperes y si no está asentada sobre roca, puede que lo pases mal. Todo lo que crees que es lo mejor puede irse de golpe: la casa, el coche, el trabajo… se puede perder todo en un segundo. ¿Dónde está tu corazón? ¿Qué es lo que vas sembrando? Son preguntas que lanzo… ahora es el momento de pensarlas, de ver cómo anda nuestra vida. No esperes a mañana… nadie lo asegura, ni para el mas pobre del mundo, ni para el más rico. Si quieres cambiar algo en tu vida, hazlo ahora. Si no puedes más, dílo ahora.
No puedes hacerlo solo, pero tampoco puedes hacer que los demás te indiquen la vida para la cual viniste al mundo, para lo que estás hecho. No quieras ser una copia, date una oportunidad a tí mismo. Sólo tú sabes lo que eres capaz… y a veces es mucho más de lo que esperabas en principio. Este momento malo, aprovéchalo. Si estás sufriendo, pasándolo mal… aprovéchalo, no te quedes en la queja. Piensa que a lo mejor, ésto es lo mejor que te podía pasar, porque sentirlo así, vivirlo así te descubre que estás vivo. El dolor es lo que tiene, te demuestra que tienes corazón… y seguramente, verás que hay alguien a quién le importas. Que no estás solo.
