Hoy escribo el típico post que debería no escribir o de hacerlo no publicarlo. Y es que de lo que voy a escribir es de esas cosas que a todos nos gusta meter en un armario bajo cien llaves y no sacarlo a la luz por nada del mundo. Porque nos da miedo o nos hace parecer vulnerables y esta sociedad de perfección, ser frágil se paga y muy caro.
Voy a hablar de la tristeza, aparentemente inexplicable. Las cosas en mi vida van bien, tengo un trabajo fijo, un hombre que me quiere, un hijo que me adora, una familia, una casa donde vivir y comida en la nevera.
En principio, más de uno podría decirme ¿de qué te quejas? ¡Si hasta vas a cambiar de coche en breve! ¡Has estado en muchos sitios que algunos ni soñaríamos, Toronto, Roma, París, Nueva York! Y todo ello es cierto, pero el pasado jueves me dio una crisis de ansiedad, pinchazos en el corazón y mi tristeza asalta por momentos, por lo que hay algo que no va bien.
El médico me hizo un electrocardiograma y todo era normal, me puso pastillas y adelante. Una semana después, la tristeza continúa, los nervios siguen a flor de piel y el tratamiento no ha mejorado. Algunos ya me han dicho que vaya a ver a un especialista, hoy alguien ya lo ha catalogado como depresión.
Vuelvo al principio, tengo trabajo fijo en el cual durante meses han menospreciado mi trabajo, haciéndolo como si no valiera nada, como si cualquiera pudiera hacerlo mejor que yo. De verdad que hay veces que me encantaría mirarlo con el mismo entusiasmo con que mira mi marido el suyo, ese tan valorado por todos y que hace que a veces esté más pendiente de la BlackBerry que de todo lo demás.
No es el trabajo de mi vida, estoy hecha para otra cosa, pero como pagan bien, son una empresa seria y ya estoy fija, no es cuestión de dejarlo todo… aunque me cueste la salud. Me cambiaron de función, me unieron con más gente y estaba bien. Hasta mi responsable me llamó para felicitarme, no sabe lo que lo agradecí.
Pero la tristeza de los meses anteriores ya estaba dentro, el cansancio igual y me dió el bajón. Nunca he sido así, siempre he mirado las cosas con optimismo, sabiendo que puedo enfrentarme a ello… pero ésto es demasiado, hasta para mi. No se trata de que los demás me ayuden, que sé que mas de uno lo haría encantado, se trata de que encuentre la luz dentro para ilusionarme por algo. No me valen los recuerdos, ni siquiera la «youtubeterapia».
