Si hay una cosa buena de las fiestas es poder observar a los demás. Me explico, hoy es fiesta en Madrid, con lo que en los pueblos y ciudades de alrededor, las tiendas están abiertas; pero se respira aire de fin de semana. Las personas que trabajan en Madrid, estaban de fiesta, por lo que en las calles había bastantes familias paseando, mirando tiendas, en las cafeterías o en los parques y jardines. Para mi, que estoy de baja y mis días son mas o menos iguales, no me afecta que sea fiesta o no. Salvo que en mis paseos vespertinos, que me cruzo con mas gente. Hoy, ibas a las tiendas y había cola. En los concesionarios, familias enteras, con niños incluidos, mirando coches. Y no quiero imaginarme lo que puede ser hoy en unos grandes almacenes. Todo eso en un día de fiesta, una celebración religiosa. Y no creo que haya forma mejor de celebrarlo que en familia. Muchos carritos de niños, muchas parejas que estan esperando.
Y sin embargo, hoy es uno de esos dias en los que miro a mi alrededor y me acuerdo de la frase «Están locos estos romanos». ¿Por qué? Simple, en la carretera ves a todo el mundo que pisa demasiado el acelerador. Sólo por llegar unos minutos antes. ¿Merece la pena correr tanto?. Porque lo de menos son las multas o la retirada de puntos. Lo peor es que tengas un accidente. Si vas haciendo el tonto y te pegas una leche, pues hombre es tu problema, te lo has buscado; pero la cosa cambia cuando te llevas por delante a otro coche. Y no lo pensamos. Cada uno va a su rollo, queremos llegar a casa, o a donde vamos en el menor tiempo posible. Como si viviéramos solos. Sería una gozada tener la carretera del coche fantástico; pero no, las ciudades las componen muchas personas. Hay familias en las que cada uno de los integrantes tiene coche, por lo que, es difícil que no hay atascos. Y es que, nos gustaría ser diferentes, mas lo cierto es que vamos todos a los mismos sitios, vestimos casi todos igual, vemos los mismos programas… parece que tenemos las mismas ideas y claro, los aparcamientos estan llenos, y los atascos son inevitables.
Todo parece complicado, nos dejamos vivir por el tiempo y la verdad es que no es así. Basta levantar el pie del acelerador. Quizá así veríamos las flores de las cunetas, veríamos los lindes del camino y empezaríamos a vivir. Una baja laboral puede ser una perfecta oportunidad de parar, una cura de paciencia para ver las situaciones con cierta distancia. Aunque a veces piense que termino siempre pensando en las mismas cosas. En las prisas, en la rutina, en las tecnologías… es como si mi vida se resumiese en unas cuantas inquietudes. Ahora el embarazo es una novedad, una posibilidad para ver las cosas desde otra perspectiva. Y desde ese punto de vista, puedo decir la frase del título.
