Llevo semanas leyendo noticias de abortos, de clínicas que hacen negocio, de turismo para «librarse» de una carga maternal. Supongo que cada caso es distinto; pero hoy quiero escribir del milagro de ser madre.
Habrá muchos días en mi vida, más muy pocos como el día que descubrí que estaba embarazada. Tenía la mosca detrás de la oreja, algo en ese mes no era normal. Estuve trabajando pero con la cabeza en otra parte. Como todos los dias, fui a buscar a mi marido, aunque antes me pasé por la farmacia a comprar un predictor. Una vez comprado, fui a la oficina como un dia normal, recogí a mi marido y nos fuimos a hacer las cosas pendientes de ese dia. Recogimos la cámara de fotos estropeada, hablamos de lo que intuía que me estaba pasando. Llegamos a casa y me hice la prueba. Fueron los 5 minutos mas largos de mi vida, yo esperé en el salón y mi marido ante el ordenador. ¿Qué pasaría?. Por un lado tenía ganas de que saliera positivo. Por el otro era consciente del cambio que se produciría. Cuando pasó el tiempo requerido y ví las dos rayitas, no supe reaccionar. Subí las escaleras y sólo pude decir «Cari, estamos embarazados». Me abracé a mi marido y le enseñé el aparatito. No sabía de cuánto estaba, ni lo que debía hacer. Sólo sabía que una nueva vida se estaba forjando en mi interior.
Otra persona habría esperado para contarlo; pero nosotros no. Llamé a mis padres para darles la noticia. Tenía que compartir mi alegría con mi familia. Después mi marido llamó a los suyos, llamamos a los hermanos, a mis abuelos y a mis tios y primos. Con quien no pude hablar, le mandé un mail. No podía callarme la noticia. Era demasiado importante para nosotros. Al día siguiente lo dije en el trabajo. ¿Para qué esperar?. Sí, sé que había posibilidad de que fuera algo mal, mas no podía callarme. Fuimos al médico y nos explicó los pasos.
Antes de la cita con el ginecólogo, tuve perdida de sangre. Me asusté y nos fuimos a urgencia. Allí le vimos por primera vez. Era mas pequeño que la cabeza de un alfiler. Allí estaba, empezando su andadura por la vida, y todo estaba bien. Estaba de 5 semanas. Mi cuerpo empezaba a cambiar, sin que yo tuviera control. Algo tan pequeñito se convertía en el «jefe». Me tuvieron en reposo absoluto 15 días y luego en relativo. Yo hacía lo que me decían. Ese pequeño alfilercillo era lo más importante. Análisis de sangre, pastillas, nauseas, pinchazos en el vientre, reposo, alimentos que no puedes comer, otros que te apetecen cuando nunca te han gustado… algo que no nos había contado nadie. Desde fuera el embarazo es un estado mas; pero vivirlo es otra cosa. Siempre oía la frase de que se olvidaba todo cuando tenías a tu bebé en los brazos. Libros por doquier, consejos, tradición popular, cambios de vida y costumbres. Por mucho que te cuenten o leas, cada embarazo es distinto y de nada vale la experiencia de otras mujeres. Lo que a ellas les fue bien, a ti te puede ir fatal. Así que tienes que escucharlas; pero al mismo tiempo ir manteniendo una conversación contigo misma y con el peque. Es algo que sólo puedes pasar tú. De repente en tu cuerpo hay otra vida.
Desde que sé que voy a ser madre ha cambiado mi vida. La laboral, se ha visto mermada con periodos largos de baja por amenaza de aborto y por imposibilidad de cumplir con mi trabajo. La social también, porque todo depende del día a día. No puedo planificar viajes, pues no sé cómo irá la cosa. Para muchos mi embarazo está siendo malísimo, y ya habido quien me ha dicho que si me planteo tener mas, viendo cómo va este. Yo no creo que mi embarazo sea malo, porque el bebé está bien, creciendo sanote. ¿Estoy de baja? Sí. ¿Que no puedo hacer mi vida como yo quisiera?. También. Pero es que mi vida ha cambiado, ahora somos dos en mi cuerpo. No estoy sola nunca. Hay una cosita dentro de mi que hace deporte con mis riñones, controla mis horarios de comida, cambia mi hábito a la hora de dormir… y que me hace feliz sin haberle visto la cara. ¿Tener más?. Primero éste y después ya veremos. No quiero adelantar futuro, aunque seamos unos padres previsores que lo tienen todo antes de empezar el tercer trimestre. Porque en esta aventura somos tres: el peque, su papá y su mamá. Sin mi marido, no sería lo mismo.
¿Por qué escribo de esto? Porque necesitaba hacerlo, pues una de las cosas que me ha hecho crear este blog es precisamente estar embarazada. No estoy juzgando nada. Mis circunstancias han hecho que mi embarazo sea querido, buscado, deseado y diría que hasta rezado. ¿Rezar? La verdad es que para mí, es una bendición de Dios. Un regalazo y una llamada de atención. Porque ser madre es una gran responsabilidad. Buscas modelos de conducta, piensas en si lo harás bien. No hay estudios para prepararte. No hay manuales de educación de los niños, ni donde te digan qué hacer si llora, qué le pasa. No hay recetas milagrosas. Surgen un montón de dudas. Y en mi caso, este acontecimiento me hizo buscar el lado espiritual. Ver lo que me ocurría desde otra perspectiva. No por las cosas que cambiaban, sino por el hecho en sí de una nueva vida. Pensar en por qué se había producido la chispa de la vida. Soy creyente y para mí, ésto es un regalo. Por eso he buscado espiritualmente el entendimiento de lo que me pasa y ayuda para responder bien al reto. Cada uno lo hará como mejor sepa. En mi caso, Dios está presente, esta nueva vida parte de Él. Le entiendo como Amor, como Padre-Madre. Él tiene experiencia y necesito que me ayude a ser una buena madre, a afrontar el reto. Sé que lo hará y que lo hace, porque nunca me ha abandonado, aunque a veces yo no haya sido muy «ortodoxa», algo normal, pues soy católica 🙂
En serio, ser madre es un milagro y una responsabilidad. Me llena de miedo traer al mundo una nueva vida. Veo la realidad, con tanta desgracia, la situación en los colegios, la inseguridad, la decadencia de la sociedad. Y me preocupa. No sé como seré como madre. Primero mi pequeño tiene que crecer dentro de mi y después pasar por el parto, que no creo que sea un camino de rosas. Tengo miedo al dolor, aunque sé que tengo que llegar a ese momento y que lo pasaremos los tres. También me planteo lo que dice el anuncio ¿Dónde estará la primera persona que pise Marte?. Puede que estudiando o bien puede que en el vientre materno. No sé lo que le deparará el futuro a esta nueva vida, que tampoco sé si será corta o larga. Por lo que esté en mi mano será lo que él quiera, y sus padres le apoyarán, le darán todo lo mejor en su momento, o al menos lo intentaremos, pues va a nacer en el seno de una familia que le quiere, que le espera. Habrá momentos malos, mas los afrontaremos juntos. Le educaremos lo mejor que podamos, haciéndole partícipe de nuestra vida y siendo nosotros parte de la suya. Queriendo y educando. Al menos es lo que pensamos y lo que intentaremos hacer con este milagro que se nos ha concedido.
