Enfrentarse al reto cada día de escribir unos cuantos párrafos resulta más difícil de lo que parece. En un principio, siempre se piensa que tienes mucho que contar, que hay muchas cosas de las que hablar. No ha pasado ni una semana de que empecé y ya surgen las primeras dificultades. Y es que hay tanto de lo que se puede escribir y tan variado, que no me decido por ninguna idea de manera fácil. No sé quién lee este blog. No sé las circunstancias de las personas que me leen. Ni sé lo que les impulsa a leerlo. Y lo curioso es que cuando escribo, no pienso en el lector. Normalmente, no pienso en nada, sólo dejo brotar las ideas. No me planteo si tiene bien el sujeto, el predicado y demás reglas gramaticales. Sólo pienso en seguir un camino, una idea lleva a otra, un párrafo a otro, una vivencia a otra. No pienso en descripciones realistas, milimétricas. Suelo escribir impresiones, a grandes trazos sin pensar en definirlas.
Hoy no llegaba a concretar de lo que quería escribir. He tenido noticias de mi familia, de mi trabajo también. He estado hablando a través de gmail con otras personas y navegado por internet. Día normal, sin aparentemente nada que contar. Compruebas en la televisión que la inspiración tampoco se encuentra fuera. Es como un punto muerto en el camino. No parece que salga nada; pero no es así. Y no es así, porque todo camino lleva a algun sitio. Aun las etapas mas monótonas del mismo llevan a algun lado. Cuando parece que no hay nada en lo que pensar, se puede pensar de esa misma nada, pensar en el camino que se está andando.
Todos caminamos cada día. Hacemos cosas, compartimos minutos con otra gente y vivimos nuestra propia realidad. Cada camino tiene una meta y una serie de etapas que hay que cumplir para llegar. Se entrecruza con otros, caminamos al lado de otras personas durante un tiempo y luego al lado de otras. Todo cambia a nuestro alrededor, nosotros vamos cambiando y al mismo tiempo somos los mismos. Parece que nunca vamos a tener tiempo para nada y cuando lo tenemos, no sabemos en qué se nos va. Y es que nuestro camino es uno mismo y nos va haciendo cada paso que damos. Por la noche piensas en lo que vas a hacer el dia siguiente y cuando llegan las siete de la tarde a veces pasa que no has hecho ni la mitad de lo que querías. Cuando tienes ideas, puede ocurrir algo parecido. Los minutos pasan rápido cuando quieres escribir; pero algo sucede, te distrae y entonces, se acabó. Te quedas en blanco y ya no sabes por donde continuar.
Paulo Coelho dijo una vez en una de sus entrevistas que escribía en un lugar pintado de blanco. Para que nadie le distraiga. ¿Han intentado escribir, mientras está la televisión encendida, o la radio puesta?. Como no te metas en una burbuja o tengas las ideas muy claras, al final, lo que se escribe no llama la attención, no es algo realmente bueno. Porque los sentidos están en mil cosas, no en lo que tienen que estar.
Cuando caminas, pasa algo parecido. Puedes distraerte haciendo fotos, contemplando las caras, en las flores de las laderas, en el paisaje. Hay muchas cosas que pueden sacarnos de nosotros mismos. Si caminamos con otra persona, podemos ir hablando. Todo eso nos puede ayudar a vivir mejor, o nos puede distraer de nuestro objetivo. Todo está bien, porque en otras situaciones puedes aprender muchas cosas. Quien ha hecho el camino de Santiago sabe de lo que hablo. Vas de una forma, con unos objetivos y poco a poco el camino te marca lo que realmente tienes que pensar. Te cambia, te enfrenta con cosas que quieres o no quieres ver. Puedes eludirlo, distraerte, caminar por caminar. Eso te dará como mucho unas fotos impresionantes y una «satisfacción personal». Si piensas, si dejas que el camino se meta dentro de ti, volverás de manera distinta. No serás turista, serás peregrino y eso es algo que hay que vivir.
En la vida cotidiana, tenemos caminos bacheados, caminos auténticos de cabras, nacionales, autovías, autopistas… muchos caminos para muchas personas. Nosotros mismos no sabemos si nos encontraremos con un pavimento en perfectas condiciones, empedrado, de arena. Muchas circunstancias que no dependen de nosotros. Nos gustaría poder controlarlo todo, saber cada paso, cada piedra. Saber qué hacer en cada momento. Tener las palabras exactas y la seguridad para decirlas, de manera que no hubiera díscusión. No es así, la vida nos supera siempre. No se puede controlar las curvas del camino. Lo único que puedes hacer es seguir andando y aprender lo que te enseña cada paso.
Cada uno de nosotros tenemos nuestro camino. Lo importante es aceptar el desafio de andarlo por nosotros mismos. Y caminar, sin querer decidir cómo es. Es algo que no podemos controlar. Podemos controlar el transcurso del tiempo, las etapas, pero no cómo es el camino de cada uno. Podemos decidir andar o no. y esa es una gran decisión. En los dias normales, en los que parece que no hacemos nada, el mero hecho de hacer, de aceptar el reto es la mejor decisión.
