El coraje de tener miedo

Hace bastante tiempo leí un libro que tiene el mismo título de este escrito: El coraje de tener miedo. En aquella ocasión la lectura era sobre temas de fe. Pero me gustaría dar una vuelta de tuerca a este título. Al comenzar el blog, hablé de que los sueños tarde o temprano se cumplen. Uno de los comentarios me decía que en ese momento las dificultades te duelen y no ves mas allá. Y eso es cierto. Cuando estás en medio del terremoto, los minutos pasan muy, pero que muy lentamente. Lo bueno es tener siempre un recuerdo para aguantar. Con uno basta, porque recordar, es volver al corazón, a las entrañas y allí, sólo aparece la esperanza, la historia personal con los buenos momentos. Un recuerdo lleva a otro y éste a otro…

El miedo, en la mayoría de los casos, es bueno, si no le permitimos que nos paralice. Cuando me enfrento a una página en blanco, o a escribir en el ordenador, siempre tengo miedo. Miedo a poder expresar lo que quiero. Miedo a lo que puede provocar el texto. Miedo al blanco, a no hacer la mejor de las oportunidades. Y miedo a tener las ideas claras y a quedarme en blanco, no poder hilar el texto como quiero.

Cuando me enfrento al reto, siempre me merece la pena. A nivel personal, siempre termino satisfecha. Eso no significa que escriba y haya párrafos que termine borrando. Las ideas hay que ir dándolas forma, viéndolas por todos los lados posibles. Y cuando se usa el lenguaje, se comprende la trampa del mismo, por lo que se le tiene cierto respeto. Se usan los espacios en blanco para poder pensar, para buscar otra idea. Intentas entrar en una especie de burbuja que haga que te olvides de todo lo que te rodea y centrarte en la conexión de los dedos y del cerebro. Sabes lo que quieres escribir y esperas encontrar la forma de hacerlo. Y en esos intentos, en ese constante escribir y borrar, me encuentro satisfecha. Porque encuentro el coraje de tener miedo.

Cuando empiezas un proyecto, no sabes lo que pasará en el futuro. Puede ir como esperas o salir por donde no esperas. No se trata de lanzarse, de hacerlo todo sin medir consecuencias ni aceptar responsabilidades, sino de enfrentarse a los retos. Pienso en que ahora no estaría embarazada, si en un momento no hubiera dado una oportunidad a mi corazón y a ese «algo» que sentía hacía una persona, un amigo que ahora es mi marido. Pienso que si no me hubiera atrevido a entregar un curriculum, ahora no tendría trabajo. Si no hubiera salido de mi mundo, me habría perdido muchas cosas.

El miedo a caer, a fracasar, a la burla y a la incomprensión nos paraliza. Y gana si nos detiene en nuestro camino. El mundo está lleno de errores. Y hay algo más duro todavía. La incomprensión de los que te rodean. A mi me ha pasado varias veces: estás hablando con una persona, intentando abrir el alma porque tienes algo que contar y descubres que esa persona en la que confías, está distraída, en su propio mundo, sin darte ninguna importancia. Y si te escucha es para decirte que estás mal, que te has equivocado, recriminarte que has metido la pata. Es como si te cayera encima toda el agua de las cataratas del Niágara.

No les creas si te dicen que no vales. No les creas si te dicen que no tienes remedio. No les creas, porque si lo haces, no andarás. Me acuerdo ahora de unas palabras de Mario Benedetti: 

Obedecer a ciegas deja ciego, crecemos solamente en la osadía. 

Es una frase que tiene mucho que ver con ese coraje del que estoy hablando. Date la oportunidad de intentarlo. No se trata de ir todos por esas estupendas autopistas, sino de buscar la velocidad y el camino de cada uno. Habrá cosas que te digan con lo que estarás de acuerdo y otras que te chirriarán en los oídos. Que te equivocas, no pasa nada. Otros no se han movido del sitio y tu has aprendido algo, ya tienes experiencia. Pasa con el trabajo, en todos sitios te piden experiencia. ¿Qué pasa si nadie te dá la oportunidad de demostrar lo que sabes, lo que eres?. Si alguien no se arriesga, no podrás tener experiencia.

Las oportunidades llegan para aquellos que tienen el coraje de buscarlas. Tienen el coraje de tener miedo, de abrir las alas para volar.