¿Y el juramento hipocrático?

Ayer, viendo que la diarrea del peque no remitía decidimos irnos a urgencias, ya que pedir cita para el día en el hospital es algo casi imposible. Llegamos allí casi a las 21.00 y nos volvimos a casa a las 22.55 cansados de esperar, de que nadie nos dijera nada y con Dani llorando desconsoladamente. Cuando nos fuimos estaban empezando a entrar los niños que habían llegado ¡a las 19.30! ¿Qué pasaba? Por lo que pude enterarme, habían tenido una urgencia en planta y andaban muy retrasados los pediatras. Eso casi lo podría aceptar en un hospital público, pero en uno privado… pues la verdad es que no. Lo normal es que informen cuando llegan los pacientes de que la espera se puede demorar más de dos horas. Cuando nos fuimos aún quedaban por delante de nosotros 7 niños. Lo único que hicieron fue darnos un termómetro, cuando y les habíamos dicho que no tenía fiebre. Lo extraño es que no pasaron a por ellos, algo que suelen hacer, por lo menos han hecho las veces que hemos ido. De verdad que me parece lamentable. Puedo entender que para ellos los pacientes sean como un número (de cuenta corriente por cierto); pero para los padres que llevamos a nuestro peque al médico, verle llorar desconsoladamente es muy importante, casi desgarrador. ¿Faltan médicos? Pues que contraten a más, que seguro que hay unos cuantos engrosando la lista del paro. Y bien que cobran los honorarios a los seguros. Porque para eso sí que no hay que esperar. No puede ser que un hospital que está casi exclusivamente dedicado a los niños, como si fuera una maternidad grande, sólo tenga un pediatra de guardia que tenga qe atender las urgencias externas y las de planta. ¿Dónde quedó el juramento hipocrático? ¿Es que sólo ven la salud como un negocio? Pues flaco favor que se han hecho con tantos padres que llevaban esperando dos horas y lo que les quedaba. En cuanto abran el ambulatorio me pegaré con el teléfono de pedir cita para conseguir que un pediatra vea al peque. Seguramente para ellos no sea nada; pero para mí, hablamos de la salud de Dani, que es algo sagrado y vital. Puede que sea un virus, o que sea la reacción de las vacunas… pero no puedo plantearme ponerme a estudiar medicina pediátrica a estas alturas de mi vida. Tengo que llevarle a un sitio donde me puedan decir qué le pasa y algo para que vuelva a la normalidad. Si he hecho algo mal, que me lo digan y lo remediaré, pero el no saber qué se lo produce me está empezando a poner nerviosa. El Tiorfan no funciona como debería y, aunque el peque está hidratado e intenta estar contento, lo cierto es que no come como antes y me temo que puede estar incluso perdiendo peso. Ahora mismo, tengo un cabreo con las urgencias pediátricas de Torrelodones que creo que lo mejor es no seguir escribiendo.